CELDILLAS

2 de agosto de 2016

Decenas de refugiados llegando en un bote lleno de agua a Lesbos.- OLMO CALVO
Víctor Sampedro y Andrea Lorenzo

En tiempos vacacionales, de traslados voluntarios, rescatamos en tres entregas uno de los capítulos de ‘Los orígenes del totalitarismo’ de la filósofa alemana. Sus palabras se centran en los refugiados de la II Guerra Mundial. Las acompañamos de imágenes de una reciente exposición de Olmo Calvo y generan un déjà vu de los acontecimientos que se libran a las puertas del continente europeo

 Hannah Arendt fue clara en sus reflexiones sobre los orígenes del totalitarismo, tal y como detalla en la obra que lleva el mismo nombre: “El estado de derecho no puede existir una vez se ha roto el principio de igualdad ante la ley”. Europa, puesta a prueba de nuevo con la crisis de los refugiados, muestra su peor cara. Uno de los encargados de retratarla ignorando los derechos humanos y posando de perfil para no encarar una realidad cruda de la que también es responsable, ha sido el fotoperiodista Olmo Calvo. Ganador del XIX Premio Internacional de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña, Calvo expuso su serie “Supervivientes en busca de refugio” hasta el 27 de julio en el EFTI (Centro Internacional de Fotografía y Cine). Recuperamos también sus sobrecogedoras imágenes, abriendo heridas que invocan las palabras de Arendt.
La filósofa  tituló en 1951 un capítulo sobre “El declive del estado-nación y el fin de los derechos del hombre“. E ilustra la gran cantidad de paralelismos entre las dos épocas. Mas allá de su faceta más visible y práctica – los muros con concertinas o el internamiento en campos miserables  de quienes huyen de la guerra– estamos cruzando la línea roja, que define al Estado de Derecho. No sólo afecta a quienes ven negados sus derechos a la vida y a la seguridad -sin atrevernos siquiera a ponerles el opulento adjetivo “dignas”- sino a todos aquellos que se refugian, en teoría, bajo su paraguas.
“Una vez dejada su patria se convirtieron en personas sin hogar, una vez abandonado su estado de origen se tornaron en apátridas; una vez se les privó de sus derechos humanos dejaron de ser considerados como sujetos  con derecho, la escoria de la tierra. Nada de lo que se estaba llevando a cabo, sin importar cuán estúpido, sin atender al número de personas que lo sabía y que había advertido de las consecuencias, podía haberse revertido o prevenido. Cada acontecimiento tenía el carácter definitivo de un juicio final, un juicio que no habían emitido ni Dios ni el diablo, sino que parecía más bien la expresión de una irremediable y estúpida fatalidad”.
El contexto histórico al que se refiere Arendt es notablemente distinto al actual. Ella se retrotrae al periodo de entreguerras para explicar el avance progresivo del totalitarismo, no sólo en los países que acabaron considerándose como tales, sino en los “civilizados”, que les siguieron el juego y acabaron moviéndose en el mismo marco en cuestiones como la de los refugiados:
“La desnacionalización se convirtió en un arma poderosa de las políticas llevadas a cabo por los totalitarismos, y la incapacidad constitucional de las naciones-estado europeas para garantizar derechos humanos a aquellos que habían perdido los derechos garantizados por este sistema -el de la nación-estado- hizo posible que los gobiernos que perseguían a estas minorías impusiesen sus valores incluso a sus oponentes”.
Los regímenes totalitarios marcaron los tiempos y abrieron el camino. Así, Arendt prosigue:
“El periódico oficial de las SS, el Schwarze Korps, afirmaba explícitamente en 1938 que si el mundo aún no se había convencido de que los judíos eran la escoria de la tierra pronto lo haría, cuando mendigos anónimos, sin nacionalidad, sin dinero y sin pasaportes cruzaran sus fronteras. Y es verdad que este tipo de propaganda de hechos consumados funcionó mejor que la retórica de Goebbles. No sólo porque catalogaba a los judíos como la escoria de la tierra, sino porque las tribulaciones a las que se veía sometido un grupo cada vez mayor de gente inocente eran como una demostración práctica de los cínicos alegatos que proferían los movimientos totalitarios sobre la no existencia de unos derechos humanos inalienables, y que, por el contrario, las afirmaciones de las democracias eran meros prejuicios, hipocresía y cobardía ante la cruel majestuosidad de un nuevo mundo”.
Hoy en día también parece que desde dentro de la sacrosanta frontera de Europa, con los ángeles custodios del Frontex confundidos sobre su identidad y atribuciones,  se hacen intentos encomiables por dar la razón a los positivistas: los derechos humanos no son universales y mucho menos inalienables. Así, un nuevo jarro de agua fría llega rebosante desde el Mediterráneo para los naturalistas que defienden la incondicionalidad de los derechos humanos:
“Los tratados que abordaron la cuestión de las minorías recogían simple y llanamente lo que hasta entonces implicaba la lógica del estado-nación que estaba operando. Esto es, que sólo los nacionales podían ser considerados como ciudadanos, que sólo aquellas personas con un origen nacional común podían disfrutar de la protección completa que procuraban las leyes, que los individuos de distinta nacionalidad necesitaban una ley diferente hasta que fueran o mientras no fueran completamente asimilados por la nueva cultura o se divorciasen de la original”.


12 de julio de 2016



Matadoiro Compostela é un espazo de intervención e autoxestión cidadá de Santiago de Compostela.

Ubícase na antiga Casa da Xuventude, un edificio de 1600 m2 convertido en territorio aberto para desenvolver proxectos creativos ou sociais e que pretende ser xerador de comunidades produtivas que traballen dun xeito colaborativo e multidisciplinar.

Aberto e colaborativo

O uso do espazo é libre e de balde. A xestión e programación lévase a cabo dun modo asembleario entre quen participe del.

Mediación cultural

Desde xuño a outubro de 2016 desenvolverase un proxecto experimental de Mediación Cultural: Comúns e Instituíntes “Espazos creativos, espazos cidadáns”, co obxectivo de achegar unha plataforma de escoita, coidados e colaboración para a súa construción.



Así mesmo, levarase a cabo unha convocatoria pública de proxectos de intervención das diversas salas do edificio e mesas de traballo para pensar e argallar colectivamente o futuro modelo para este espazo cultural.
Comúns e Instituíntes é un proxecto de xestión de espazos e comunidades creativas. Xorde a partir do Obradoiro de Mediación Cultural: que flúa!, levado a cabo en Santiago de Compostela por David Rodríguez e Jordi Claramonte, canda un grupo de traballadores e axentes culturais do Concello e da cidade.
Gracias a Víctor Sampedro, inductor de todo ésto, ¡eres un crack!: http://www.matadoirocompostela.com

D.
 

De Casa da Xuventude a Matadoiro Compostela.
D.

17 de mayo de 2016


Víctor Sampedro Blanco.
Catedrático de Comunicación Política.

“Sólo se reconoce lo que espera” (Marta Sanz).





El 15M ha sido, ante todo, un espacio de debate y movilización: una red de redes, digitales y físicas, con extensiones en la calle. La oposición a la ley Sinde (la ley “anti-piratería” del PSOE) permitió aglutinar un frente de oposición irreconocible por quienes no estaban conectados, ni en la red ni en las plazas. Expresó un nuevo consenso muy diferente al de la Transición: más amplio y más transversal. Basado en el conflicto y en el diálogo. Contrario al que se logró imponiendo vetos y silencios. De hecho, el 15M expresa un consenso conflictivo, que denuncia a los responsables de una doble crisis: económica (compartida con el resto de países) e institucional (propia de aquí). Ese espacio público también generó nuevas herramientas de intervención pública, de carácter social y político. Cinco años después, las herramientas comunicativas que surgieron a partir del 15M demuestran que la crisis del sistema institucional ha alcanzado a los medios que lo sustentaban.

Todo esto suena muy abstracto. Pero es obvio que desde mayo de 2011 hablamos y participamos en la vida pública abordando temas antes prohibidos, que eran objeto de (auto)censura. Contamos también con nuevos actores y canales para informarnos y debatir. Si alguien hubiese entrado en coma en 2011 y despertase hoy, no reconocería España. Si fuese un afiliado del PP o del PSOE, de CC.OO. o U.G.T… o un lector monodependiente de El País o ABC, fliparía en colores. Sus líderes, organizaciones y plataformas de expresión han perdido el duopolio.

El blanco y negro –“yo o el caos” y “conmigo o contra mí”– ha evolucionado en arcoiris. Como las opciones sexuales, las ideológicas –modos de ver el mundo– han ganado colorido. Tanto que, ante el empuje podemita para ganar la hegemonía ideológica –establecer un modo de ver el mundo– los socialdemócratas cambian las monturas de sus gafas por otras más pintonas. Ya sabemos que lo que importan son los cristales. Y que la derecha nunca se quitó del todo las gafas ahumadas. La presbicia del PSOE y la ceguera del PP resultan ahora manifiestas. Las de quienes fueron sus periodistas e intelectuales de cabecera, también. No reconocieron el 15M, porque no (se) lo esperaban. Siguen sin hacerlo


Los cinco años de 15M parecieran 50; cada uno, una década. Como publiqué en los anteriores aniversarios, el primero celebró la toma de conciencia de un cuerpo social desconocido, cuya existencia había sido y quiso ser negada. Con diez años, ya mostraba “uso de razón”. Una mayoría social (entre 7 y 8 de cada 10 votantes) rechazaba ser la mercancía de los políticos y los banqueros. Pero los medios del PP y el PSOE –hegemónicos– presentaron a los “perro-flautas” como adanistas (prepotentes) y anti-políticos (rechazaban el Edén de la democracia irreal que les habían regalado).


Para el segundo cumpleaños, ya con 20 –como es de recibo y necesitado de pagarlos– el 15M luchó por el derecho a techo y a los servicios públicos. La PAH y las Mareas fueron sus herramientas o instrumentos, creando un lobby social, redes de protesta y autoayuda, sin el sindicalismo entregado al ladrillo. En el tercer aniversario, algunos quincemayistas treintañeros perfilaron un actor político capaz de desbaratar el juego electoral. Los cinco eurodiputados de Podemos en 2014 ya habían pasado de la protesta a las propuestas. Y, con otros aliados, recabaron el poder a nivel local para intentar llevarlas a cabo. Como responde a un cuarentón que ha demostrado suficientes méritos y reconocimiento.

Ya en su quinto año de vida el 15M, parlamentarizado en Podemos y federalizado en las coaliciones periféricas, tuvo que admitir, como todo cincuentón, que no podía obviar su ADN ni la herencia familiar. El techo electoral de Podemos era manifiesto, así como la necesidad de coaligarse con “los compas” mayores, que antes había menospreciado, y las familias afines de las que renegaba. Esto ocurre, ahora, en un contexto en el que la quiebra del mapa electoral se solapa con la del sistema comunicativo que lo mantenía.

Si los medios hubieran empleado contra el PP el mismo arsenal que contra Podemos, sin duda habríamos tenido elecciones anticipadas. Un golpe semejante habría sufrido la Cultura de la Transición, que Guillén Martínez denunció a pleno pulmón quincemayista. Tuvo que venir Gregorio Morán –con más años y lecturas– a hacerle la autopsia en El cura y los mandarines. Es lo que ahora, sin compartir el término ni sus presupuestos, I. Sánchez-Cuenca denuncia como La desfachatez intelectual.

Recordemos que apenas un par de intelectuales reconocidos, Manuel Castells (en la Plaza de Cataluña) y Carlos Taibo (en Sol), tomaron la palabra en las plazas con el consentimiento de las asambleas. El primero hace tiempo que actúa en una esfera pública global y el segundo ha renunciado a participar en los medios nacionales. Castells, también casi en solitario, había sido el primero en reivindicar las manifestaciones del “Pásalo” en 2004. Fue entonces cuando se fraguó la emergencia de una esfera de debate autónoma, antagonista y, a la vez dialogante, con la oficial. Ahora esta última hace aguas.


Nadie mejor para evidenciarlo que su custodio, la Asociación de la Prensa de Madrid, el último vestigio de los sindicatos verticales del franquismo. Quienes dicen representar a los trabajadores y a los dueños de la comunicación, dispararon contra la web del Ayuntamiento de Madrid, negándole la posibilidad de desmentir infundios sobre su actuación. El contraste de las falsedades mediáticas con los documentos y las publicaciones oficiales de una administración pública fue tachado de ataque a la libertad de expresión. Lo afirmaba una asociación que ha permanecido muda ante los excesos de los medios “de referencia”.

La APM nunca dijo nada cuando el exdirector de ABC declaró haber “amenazado la estabilidad del Estado”, en la coalición de medios que tumbó a Felipe González. No se le conoce opinión sobre la “teoría de la conspiración del 11M” o el cese de los directores del El País, La Vanguardia y El Mundo antes de las elecciones de 2015… Y tampoco cuando se descubrieron los negocios de Cebrián (presidente de PRISA) en el paraíso fiscal panameño. Porque nada hay más deontológico que contravenir las normas de tu empresa, denunciar judicialmente y despedir a los compañeros de profesión que te critican.

La línea de defensa de Cebrián, en la entrevista masaje de Pepa Bueno, atribuyéndolo todo a una conspiración como la sufrida desde la extrema derecha en sus primeros tiempos de El País, queda para la antología de la infamia periodística. Reproduce, punto por punto, la actitud de un político corrupto: no afronta los hechos, no responde ante su propia organización, criminaliza al opositor, judicializa la crítica y despide al colaborador disidente.

Pero las purgas internas del Búnker ya no sirven ante a un periodismo que se ha ido construyendo al margen de los oligopolios mediáticos del bipartidismo. Máxime cuando están en bancarrota y existen modelos de negocio invulnerables a la censura nacional. En este contexto, resulta lucrativo criticar al periodismo inmundo de las campañas de difamación, ahora encarnadas en Inda y antes por su maestro Pedro J. Porque ese autocontrol profesional se venía pidiendo a gritos y es un clamor de las redes sociales. Ya sale a cuenta (en términos de prestigio y resultados económicos) colaborar entre varios medios, aumentar los márgenes de autonomía de cada uno de ellos y hablar de lo que realmente importa. Por ejemplo, los paraísos fiscales que comparten los banqueros, políticos y “periodistas” del régimen del 78.

La simbiosis colaborativa con los públicos más activos toma forma de buzones de filtraciones contra la corrupción. Entre (verdaderos) compañeros de profesión, se fraguan alianzas internacionales de medios que explotan de forma conjunta informaciones que antes se querían “exclusivas”. La colaboración que Podemos realizó con algunas televisiones, viralizando sus apariciones y aumentando las audiencias, seguirá dando réditos a ambas partes. Muestra la potencia de unos contenidos forjados en alianza con actores que actúan como sujetos comunicativos de pleno derecho, con mensajes y canales propios. Ojalá que las lógicas partidarias y corporativas, de la nueva política y el nuevo periodismo, no invisibilicen al movimiento.

3 de mayo de 2016

Víctor Sampedro.
Catedrático de Opinión Pública.



El periodismo español se ha demostrado incapaz de exigir la rendición de cuentas del Presidente Rajoy y de su Gobierno. Es su derrota más manifiesta. Escándalos de igual o menor entidad desalojaron del poder al PSOE en los años 90. Ahora el PP afronta nuevas elecciones con un suelo electoral que representa un techo inalcanzable para el resto de partidos. El control que otorgaba la mayoría absoluta parlamentaria, el sesgo conservador de la judicatura y del propio sistema mediático brindan un contexto favorable a los cargos del PP y a unas tramas delictivas que superan con creces a las Filesas del PSOE. Tampoco ayuda que los votantes avergonzados, que acabaron desertando del felipismo, no abunden entre el electorado conservador, inmune a cualquier otro factor que no sean las necrológicas.

Pero las causas de la impotencia e inanidad de la Prensa para sanear la esfera pública residen en ella misma. Son responsabilidad de quienes trabajan y poseen los medios de referencia. Su función pareciera ser facilitar el postureo de las fuerzas afines y, además, hacerlo desde la impostura. En buena lógica, los medios españoles figuran entre los menos creíbles de nuestro entorno y sus audiencias continúan en caída libre. Incluso tras la última campaña electoral, la más disputada, y las negociaciones para la formación de gobierno. Queda claro que, a la crisis del sistema político del 78, le sobreviene ahora la del sistema comunicativo que lo sustentaba. Los supuestos medios de referencia no dan cuenta de lo que pasa y cada vez importa menos lo que cuentan. Algunos acontecimientos recientes lo refrendan.

Casi todos los periodistas tacharon de postureo los mensajes y gestos de las fuerzas políticas a la búsqueda de gobierno. Extendieron el término, brindándoselo a los protagonistas y alimentando el escepticismo del público. Airearon mensajes contradictorios, sin contrastar o en contra de toda evidencia. Publicitaron comparecencias engañosas. Lanzaron globos sonda que se desinflaron como burbujas sin fundamento. Permitieron, en fin, toda suerte de postureos, propios del cinismo de quien solo cultiva las apariencias. Y, preocupado solo por ellas, convierte la política en mera retórica y gestos grandilocuentes. Con la seguridad de que nadie le recordará que una noticia no es un eslogan. Ni una entrevista, un pacto preestablecido con la fuente. Porque, precisamente, el periodismo está para distinguir la persuasión de la información, la parodia de la representación veraz.


La bipolarización del sistema mediático llegó a su clímax en las penúltimas legislaturas del bipartidismo. La teoría de la conspiración del 11M fue su más obscena expresión, destruyendo los protocolos profesionales mínimos. Y la prensa de referencia fue incapaz de establecer lazos con los protagonistas del nuevo consenso, que expresaba el 15M. Estas tres situaciones conducen al estado de inanidad actual: una Prensa sin modelo profesional ni de negocio.

Ya casi nadie compra el “y tú más” de los escándalos selectivos, dirigidos solo al adversario político. Agoniza el periodismo que señala la paja en el ojo ajeno y no reconoce las vigas podridas que le sustentan. Si en añadidura, se niega la transversalidad (¡sí el término fetiche de las negociaciones!) del 15M, el divorcio con la audiencia señala el fin de una relación, irrecuperable en los mismos términos. Permítanme otra autocita. Hace dos años, con la ayuda de Josep Lobera, recopilamos en un artículo académico las encuestas de Demoscopia que El Paístroceó y editorializó, señalando que el 15M se desinflaba y radicalizaba. Los datos, en cambio, demostraban que el apoyo a las demandas de los indignados eran sostenidas por una amplia mayoría social (entre 7 y 8 de cada 10 votantes). Además, ese apoyo permanecía estable en el tiempo y distribuido de forma bastante homogénea en todos los estratos sociales de edad, clase, educación, género, hábitat… e, incluso, voto (¼ parte de votantes del PP apoyaron Rodea el Congreso).
Negar la evidencia empírica es un requisito previo al postureo. Lo desvelado y ratificado en los tribunales debiera haber iniciado purgas y renovaciones, deseadas por cualquier demócrata. Antes que nadie, por los cargos y militantes honestos del PP y PSOE. El duopolio partidario se ha quebrado, pero sobrevive como zombi en el plano comunicativo. Casi exangüe pretende contagiar a las fuerzas políticas emergentes, porque solo sobrevivirá alimentándose de la desazón de sus partidarios… Y de la falta de profesionalidad de los periodistas.


Quienes plantaron a Pablo Iglesias en la presentación de un libro hace unos días, no reconocen que el postureo electoral solo es posible con su apoyo y connivencia. Nadie representa una farsa si el director de escena —que debiera ser el periodista— lo impide; reclamando respeto a la audiencia y al código profesional. El gesto de los periodistas frente a Pablo Iglesias fue puro postureo. Solo desde la estulticia o la mala fe puede reivindicarse como ejercicio o reclamo de la libertad de expresión. Ésta se defiende ejerciéndola, rebatiendo argumentos falsos con datos y evidencias. Justo lo contrario de lo que hicieron quienes abandonaron la sala falsamente indignados. No dieron (y negaron) réplica a quien les interpelaba y señaló su subordinación a unas líneas editorial-partidarias. Es más, las aplicaron a rajatabla. Retiraron los micrófonos y se reservaron la respuesta para las columnas y los editoriales, plagados de acusaciones a Podemos. Acusaciones desmentidas por los tribunales, pero voceadas por cargos públicos y copiadas de falsos dossieres ¿Alguien ha revisitado el 11M, para no novelarlo más?


Casi ocho de cada diez informadores admiten ceder a las presiones de las fuentes.Varios, por ejemplo en El País, dimitieron de sus puestos de trabajo: les imponían titulares contrarios a sus informaciones. Ese sí es un gesto honesto y coherente. Lo contrario al postureo. Todo gran periodista tiene una biografía plagada de enfrentamientos con sus superiores y los dueños de los medios en los que trabajaron. De hecho, su carrera laboral está jalonada de tensiones corporativas y cambios de trabajo, a la búsqueda de contextos de mayor autonomía. En las antípodas, el postureo periodístico es impostura cuando, en lugar de profesional incómodo, se actúa como propagandista de su jefe y sus intereses.

Los dineros negros de Juan Luis Cebrián (y allegados) en Panamá suscitaron un debate muy interesante. Todos se han retratado, por acción u omisión. Sus palabras y silencios revelan que, entre los empresarios más blindados en la cobertura estándar de los escándalos, figuran algunos dueños de la Prensa. Entre sus servidores más fieles, están los trabajadores precarizados y las estrellas con deontología inexistente, pero abundante minuta.

Por otra parte, están los medios demandados por Cebrián, acompañados de otros muchos, aunque poco conocidos. Nos les infravaloren. Han demostrado vitalidad, con nuevos modelos de negocio y de producción de noticias. Apoyándose en comunidades que les sostienen y colaborando, entre sí y con los públicos más activos. Son el germen de un cuarto poder en red, que viene a sustituir al régimen mediático del 78. Su crisis ha estallado en vísperas del quinto aniversario del 15M y de unas nuevas elecciones. Apoyemos a los profesionales y medios que no incurren en postureos e imposturas, con más suscripciones y filtraciones.

21 de abril de 2016

Álvaro Carretero y Génesis Machado
Miembros de la comunidad del Máster en Comunicación, Cultura y Ciudadanía Digitales.





Asistimos a un momento crucial en la evolución del periodismo de filtraciones. Un cambio de paradigma en el que las élites, políticas o económicas, ya no son las únicas fuentes que pueden filtrar información sensible y con capacidad para dar un vuelco a la agenda mediática. Ahora son los mismos ciudadanos, testigos de corrupción o injusticias, quienes gracias a la tecnología, tienen acceso a grandes cantidades de información y pueden ponerla a disposición de los periodistas. Las llamadas “mayor exclusiva de la historia” se suceden ya anualmente, y las fuentes son personas de a pie: Las revelaciones sobre los crímenes de guerra de EEUU de la ciudadana Manning, las del espionaje de la NSA del ciudadano Snowden, las de la evasión de impuestos mediante cuentas en Suiza del ciudadano Falciani o la de los papeles de Panamá de la ciudadana anónima.


Se trata de una cuestión, la de cómo poner a disposición pública el conocimiento contenido en estas filtraciones masivas de información, en la que aún no existe un consenso en cuanto al método, forma y alcance. ¿Son suficientes las noticias en los medios de comunicación? ¿Debe hacerse pública la base de datos completa sobre la que se basa la investigación periodística, para que los ciudadanos puedan contrastar las informaciones que publican los medios de comunicación e investigar por su cuenta? ¿Y si las solicita Hacienda (un brazo del gobierno)? ¿Las filtraciones masivas, son un bien común o un recurso periodístico? ¿Está preparado el público para fiscalizar a sus gobiernos de esta forma? ¿Siguen siendo los escándalos mediáticos herramientas de batalla política y electoral controlados por las élites?

Con todas estas preguntas en ebullición con las revelaciones de los papeles de Panamá, investigados entre el Consorcio Internacional de Periodistas (ICIJ) y medios de comunicación asociados en más de 80 países, algunos de los principales periodistas de filtraciones españoles debatieron sobre la existencia de un cuarto poder en red. El coloquio, celebrado en el seno del Máster en Comunicación Cultura y Ciudadanías Digitales, se abrió con la intervención de Mar Cabra, coordinadora del equipo de datos del ICIJ, que explicó cómo las nuevas lógicas del periodismo, basadas en la colaboración a nivel global, han ayudado a analizar los once millones de documentos que constituyen los Papeles de Panamá.

Además de Cabra, participaron en el Manuel Rico (InfoLibre), Marta Peirano (eldiario.es), Antonio Delgado (El Español) y Ángel Calleja(20Minutos), bajo la presentación del catedrático de Opinión Pública y Comunicación Política Víctor Sampedro. Entre todos intentaron determinar el potencial de experiencias como las de Wikileaks o el ICIJ para extender el conocimiento de la ciudadanía, pero también las limitaciones de estos proyectos: Ángel Calleja, periodista de 20Minutos, insistió en la existencia de una ciudadanía “acrítica” e incapaz de comprender el nuevo periodismo. “Un ciudadano mal informado siempre toma malas decisiones; incluso en contra de sus propios intereses”, añadió.

Otro de los desafíos de este tipo de periodismo lo planteó Manuel Rico, que apuntó a los costes económicos que requiere hacer periodismo de investigación: “Es necesario tener a gente que sepa hacerlo, especializada y completamente liberada de otras funciones. Con el riesgo de que encima no se pueda demostrar la información y no se pueda publicar. Hay que tener la capacidad de asumir ese coste y los medios españoles no están preparados”.
Marta Peirano abrió aún más el debate poniendo sobre la mesa la necesidad de proteger a las fuentes. En lugar de castigarse a los delincuentes, según la periodista de eldiario.es, se persigue a los filtradores: “La mayoría de filtraciones hacen referencia a secretos de Estado y es nuestra responsabilidad, de los medios, exigir normativas para protegerles”. Es la represión mediante el miedo la que provoca que casos como el de Assange, Manning o Snowden se conviertan en una especie de sacrificio ejemplarizante intentando disuadir a futuros leakers. Aprovechando la pasividad ciudadana, no solo se la desincentiva de participar en las nuevas lógicas periodísticas, sino que se estigmatiza como delincuentes a quienes rompen la barrera del miedo a la represión del sistema, acordaban varios de los participantes.

Esta crítica velada a la falta de protección de los filtradores, presente a lo largo del debate, se cerró con la conclusión final del propio Calleja, que considera que si bien el ciudadano medio aún no está preparado para afrontar los nuevos cambios, la solución es relativamente sencilla: “Para que se produzca el cambio a nivel social y periodístico, hay que cambiar nuestra cultura como país y la educación desde la escuela”.

Nota: En este enlace se puede consultar la transcripción completa de la mesa redonda: De WikiLeaks a los Papeles de Panamá, pasando por los de Bankia

16 de abril de 2016

Diego Naranjo
Abogado especialista en DDHH y asesor legal de European Digital Rights (EDRi)

El Parlamento Europeo ha aprobado este jueves 14 de abril la propuesta de Directiva EU PNR a pesar de la oposición de grupos de la sociedad civil (Access Now, EDRi…), del Supervisor Europeo para la Protección de Datos personales (EDPS) y la Agencia Europea de Derechos Fundamentales (FRA). Esta Directiva permitirá a las compañías crear bases de datos sobre sus pasajeros que podrán ser consultadas a discreción por los servicios de seguridad. ¿Qué significa esta recopilación de datos y por qué perjudica a los ciudadanos europeos?
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¿Qué es PNR?
PNR (por las siglas en inglés de Passenger Name Record, o registro de pasajeros) es una medida de creación de perfiles. Intenta adivinar, usando algoritmos, quién puede suponer una amenaza terrorista u otro tipo de criminal internacional de acuerdo a los patrones creados al mezclar diferentes tipos de datos de pasajeros (nacionalidad, rutas de vuelos, formas de pago usados…) cuando alguien reserva un vuelo con una compañía aérea. Como bien señala el profesor Emérito de Derecho Internacional Douwe Korff en su informe presentado al Consejo de Europa, la creación de perfiles supone una “amenaza seria de un mundo kafkiano en el que agencias poderosas” (como la estadounidense NSA, famosa tras las filtraciones reveladas por Edward Snowden sobre espionaje masivo) toman decisiones que afectan en gran medida a individuos, sin que esas mismas agencias necesiten explicar las razones que llevan a dichas decisiones. Además, a esas personas se les niega cualquier recurso individual o colectivo frente a ellas. La creación de perfiles es tan seria como lo siguiente: Presenta una amenaza a los más básicos principios del Estado de Derecho y la relación entre los poderosos y el resto de la población en una sociedad democrática”.
La Directiva EU PNR no añade más que la inseguridad de un nuevo sistema de bases de datos innecesaria, el riesgo de un algoritmo al que no se le pueden pedir responsabilidades pero que pone a gente inocente bajo el riesgo de que sospechas infundadas le lleven a sufrir desde retrasos o embarques denegados a arrestos, así como en general ser sujeto a una vigilancia masiva indiscriminada. Con la decisión del Parlamento Europeo, este podrá terminar siguiendo el camino que inició con la Directiva de Retención de Datos (invalidada por el TJUE en 2014), es posible que encuentre el mismo resultado: un placebo fallido, inefectivo para miedos relacionado con la seguridad frente al terrorismo.

¿Cómo funciona el Registro de Pasajeros (PNR)?
El registro de PNR se crea cuando alguien reserva un vuelo. En ese momento, el agente de viajes o la página web que gestiona la reserva crea un PNR en un sistema de reserva informático llamado “computer reservation system” (CRS). El PNR incluye información obtenida de los pasajeros y que es usada por las compañías aéreas para finalidades puramente comerciales (gestión del vuelo del pasajero).
PNR fue diseñado en un principio para ser usado solamente como un registro que contiene el itinerario de un pasajero o para pasajeros que viajan dentro de un grupo. La idea era poder compartir la información entre compañías en el caso de que los pasajeros requirieran usar diferentes compañías para llegar a su destino final.  

¿Qué tipo de datos se incluyen?
Los registros de pasajeros (PNR) ahora pueden incluir todo tipo de información que los pasajeros hayan proporcionado, incluyendo entre otros el día del viaje y el itinerario completo, el nombre y su información de contacto, preferencias de comida (kosher, halal, vegeteriana…), información de viajeros frecuentes (tarjetas de fidelidad), formas de pago e información médica. En algunos casos, las compañías pueden tener accesos a otros datos como reserva de hotel, alquiler de vehículos, viajes de tren…

¿Qué añade PNR en cuanto a prevención de terrorismo o crímenes transnacionales respecto de otros sistemas que ya existen?
Nada. Hay muchas otras maneras de obtener la misma información. Por ejemplo, las fuerzas de seguridad y las agencias de inteligencia pueden requerir el acceso a datos de PNR a través de una orden judicial, siguiendo el procedimiento normal en cada sistema judicial nacional.
Además, hay otras medidas que las autoridades ya pueden usar para identificar a sospechosos de formar parte de actividades criminales, tales como el Schengen Information System, el Visa Information System, el Eurodac, el ECRIS  y los datosAPI (Advance Passenger Information).

¿Ha sido probado que la Directiva EU PNR es efectiva, proporcional o necesaria?
No. La Directiva se va a adoptar a pesar de las quejas vertidas por la Agencia Europea de Derechos Fundamentales (FRA), el Supervisor Europa para la Protección de Datos y el Grupo de protección de datos personales del artículo 29, órgano asesor de la UE sobre protección de datos e intimidad. El estudio del profesor Korff preparado para el Consejo de Europa citado al principio explica que “no hay pruebas serias y verificables producidas por los que proponen la recolección de datos personales que demuestren que el minado de datos y la creación de perfiles a partir de información obtenida a través trasvases masivos de datos, o que añadir datos de PNR a esa montaña ya creada, podría ni siquiera ser útiles a los fines perseguidos – sin entrar ni siquiera que sea efectivo o no”.
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    5 de marzo de 2016

    *A continuación reproducimos la carta de un alumno que prefiere mantener el anonimato y que fue dirigida a Víctor Sampedro, tras haber cursado la asignatura de Comunicación Política. Denuncia la precariedad laboral que sufren tantos otros jóvenes periodistas, la imposibilidad de ganar un salario digno y, casi peor en términos vocacionales, de sentirse desempeñando un trabajo digno.

    Le cuento mi situación, a grandes rasgos. Trabajo como colaborador en la web de un periódico desde diciembre. Mi labor consiste en publicar 20 temas mensuales de actualidad local. Si es posible, orientados a la obtención de visitas. Eso me aporta 300 euros al mes (255, si restamos el IRPF). Sin entrar a valorar la temática ni la remuneración (creo que no es necesario) paso al siguiente punto. También trabajo, esto sí, con contrato (de dos meses), en un periódico temático. En este me piden: un par de temas diarios para la web y entre 3 y 5 páginas para los periódicos impresos, que salen cada quincena. Entretanto, tengo que mover mis temas en redes sociales, preocuparme por el posicionamiento de lo que escribo y buscar anunciantes, con primas aparte en función de lo que inviertan. Con todo, no llego a los 700 euros mensuales, menos impuestos.
    Y fíjese: este es mi mayor logro. Por primera vez en mi vida, a final de este mes voy a rozar los mil euros, trabajando de siete de la mañana a nueve/diez de la noche, desde casa, con mi cámara, mi ordenador, mi teléfono y mi señal de Internet. Después de haber acabado una carrera, de estar al filo de terminar otra. Después de haber cubierto varios eventos deportivos (dos de ellos en el extranjero) y realizado varias prácticas en empresas con cierto nombre. Después del sacrificio de mi familia para sufragar todo esto. Algo debe fallar. Creo que no sirvo para esto. Y me doy unos seis meses de plazo para cerrar los ojos, enviar mi CV a Carrefour y cruzar los dedos.
    Hace unos días planteé un reportaje para el medio en el que colaboro. Me piden que sean ligeros, sin necesidad de una gran documentación. Fue un día horrible. Después de cubrir un par de ruedas de prensa para el otro periódico y redactar las correspondientes entradas, después de trasnochar para llegar a tiempo con mis páginas para la edición impresa, a las 17 horas me planté en el lugar donde pretendía recabar los datos necesarios: el que fue mi instituto. Entre aquellas paredes brotó el gusanillo del periodismo, crecí, tropecé un par de veces y hasta me enamoré. Aquella tarde entré y saludé a los conserjes como quien llega a casa y saluda a mamá al volver del cole. Esperé tres cuartos de hora a que una de las responsables del centro llegara. Me identifiqué, entré en su despacho y comenzó la entrevista.
    Respondió escueta a las dos primeras preguntas. A la tercera, fue la vencida. Mi duda tenía que ver con el tratamiento del profesorado hacia el colectivo de alumnos con cargas familiares o laborales, cuestión que pretendía centrar mi reportaje de aquel día.
    “Los profesores son comprensivos con los alumnos a la hora de evaluar, ¿no?”
    Yo pretendía una respuesta tipo: “Los centros públicos nos regimos por una serie de normas que garantizan la equidad entre el alumnado y no podemos facilitar el aprobado. No obstante, los profesores son conscientes de las dificultades a las que se enfrentan estos jóvenes, por lo que tratan de adaptar el calendario y fomentan la evaluación continua”.
    Sin embargo, esta fue su contestación:
    “La entrevista ha terminado. Salga de mi despacho. ¿Qué se cree? ¿Que puede llegar aquí e insinuar que nos saltamos la normativa?”
    Me echaron del despacho, pero insistí en quedarme y debatí con aquella profesora, que me acusó de falta de rigor, entre otras cosas. Cuando le conté mi situación —empecé por lo laboral, pero rocé incluso algún tema personal—, tras una charla de lo más fructífera de hora y media, acabamos intercambiando tarjetas.
    Encuentro en esta anécdota un par de asuntos que van de la mano del discurso que pronunció antes del examen de la asignatura que cursé con usted. En primer lugar, la cuestión de la normativa para alumnos semipresenciales, que desató el brote colérico de mi interlocutora. En segundo, y aquí es donde quiero llegar: el rigor periodístico al que usted hacía alusión. Cuando caí en la cuenta de la pregunta que había planteado (mal formulada, demasiado pronto y políticamente incorrecta, al menos en un entorno en el que no hay suficiente confianza) se me cayó la cara de vergüenza. Aprendí, desde luego. Pero al mismo tiempo (disculpe la autocompasión), me aseguré que después de ese día de trabajo y desmotivación, aquel cruce de cables era absolutamente normal, perdonable, científicamente explicable, humano y hasta periodísticamente correcto si se presenta en su contexto.
    Por supuesto, considero que el rigor nace en el interés del alumno por aprender —aprehender, palabra que para mí tiene matices que van más allá de la memorización—, por escribir, compartir con sus compañeros, entender de raíz el sistema político y su comunicación, la historia de España y las normas a la hora de escribir artículos de opinión. Pero la falta de rigor, incuestionable en una amplia mayoría de los periodistas españoles, tiene que ver con la situación laboral que aceptamos, que nos impide desarrollar en plenitud nuestro trabajo. Cuando veo lo que escribo y cómo lo escribo me avergüenzo, llego a pensar que lo hacía mejor cuando editaba la revista del colegio o cuando redactaba una especie de diario en Bachillerato.
    Yo mismo, en uno de los ensayos que entregué para su asignatura, acusaba a los periodistas de que la falta de credibilidad de la prensa en nuestro país es atribuible a los propios periodistas, y no a las empresas o a los anunciantes. Lo sigo pensando. Pero ahora empatizo con quienes tienen que sustentar una familia y tragan con las órdenes de sus jefes para elaborar contenidos, cuantos más mejor, enfocados a las visitas, sin suficiente contraste y con un estilo de calidad nula.
    Me he rendido un poco, soy uno de esos periodistas, bueno, trabajadores, a los que siempre he criticado. El siguiente trecho, como le decía, llegará dentro de unos meses si no encuentro algo mejor. Abandonar.
    Gracias por su atención, si ha llegado hasta aquí. Solo pretendía desahogarme con alguien que no me dé la razón sin más.




    "Desde el primer día que accedí a la vieja fábrica de tabacos de Embajadores como promotor, con Jordi Claramonte, del proyecto de cesión del espacio de tabacalera a los movimientos sociales del barrio de Lavapiés y de la ciudad de Madrid. Incluso antes de abrirla al público, con las primeras visitas guiadas que organicé para contar la memoria del edificio, hablar a los curiosos de las luchas de los movimientos sociales en el barrio y sobre todo de lo que ibamos y se podía llevar a cabo en él, a partir de la cesión: nos encontramos con Las Cigarreras." (...)

    Sigue leyendo el artículo completo aquí: http://tinapaterson.com/wp/?works=cigarreras-metodos-y-tiempos.
    D.

    29 de febrero de 2016



    En febrero de 2010, Medialab Prado lanzó una convocatoria de proyectos (Open Up) para la nueva fachada digital de la Plaza de la Letras, anexa a esta institución madrileña. Al mismo tiempo, en el cercano Lavapiés, hacia un tiempo que los vecinos nos habíamos organizado en contra de otra instalación y otro gasto millonario injustificable por parte del Ayuntamiento de Madrid: las 48 cámaras de video videoviligancia para la policia.


    En este blog, (unbarriofeliz.wordpress.com) recogimos todo el proceso de acciones de protesta en contra del que iba a ser el primer sistema de videovigilancia para todo un barrio en España. (...)

    Sigue leyendo: La divertida historia del "hackeo" de las cámaras de videovigilancia del barrio madrileño de Lavapiés.

    27 de febrero de 2016

    Periodista, activista, autora del proyecto saharadeudahistorica.info y miembro de la comunidad del Máster en Comunicación, Cultura y Ciudadanía Digitales

    Este 27 de febrero de 2016 se cumplen 40 años de la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), un país erigido en el exilio y apenas visible para las potencias económicas mundiales. Una nación que clama justicia desde el desierto y… desde la Red.
    El conflicto del Sahara Occidental divide a un pueblo, el saharaui, por un muro físico de unos 2.700 kms. de longitud y lo separa del mundo por un muro mediático que hasta la llegada del siglo XXI se mostraba impenetrable. La protesta y la resistencia de este pueblo no ha cesado desde 1970, año en que emerge el primer movimiento de liberación saharaui. Sin embargo, ha sido la llegada de la era digital la que ha permitido a las voces del desierto abrir grietas en ese muro que les imponía silencio.
    Desde los campamentos de refugiados, desde los territorios ocupados por Marruecos o desde la diáspora internacional, hemos visto emerger en los últimos años numerosas movilizaciones:
    Las intifadas pacíficas de 2005 y años posteriores, permitieron a la opinión pública internacional descubrir la situación del pueblo saharaui bajo la ocupación marroquí gracias a la filtración de imágenes e informaciones que medios alternativos recibíandesde un cibercafé de El Aaiún.
    La huelga de hambre de Aminatu Haidar en otoño de 2009, fuertemente apoyada por la sociedad civil movilizada desde la Red, forzó a los medios de comunicación a fijar el foco en el conflicto. Llegando a poner en jaque a la diplomacia española en sus relaciones con Marruecos.
    El levantamiento del campamento protesta de Gdeim Izik, considerado detonante de la primavera árabe por analistas internacionales como Noam Chomsky. Más, el posterior desmantelamiento del asentamiento por el ejército marroquí, pudieron ser contados al mundo gracias a las cámaras digitales y teléfonos móviles de las personas que participaban de la protesta. En colaboración con colectivos internacionales de observación y vigilancia de derechos humanos, las imágenes y videos registrados por la población viajaron a través de Internet, logrando eludir elbloqueo informativo institucional dictado por Mohammed VI, compartiendo en tiempo real lo que sucedía en El Aaiún.
    La resistencia ante el expolio de recursos naturales en los Territorios Ocupados del Sahara Occidental se vio reflejada en la oposición ante los sucesivos Acuerdos de Pesca entre la Unión Europea y Marruecos o la tentativa de las petroleras San Leon o Kosmos Energy sobre la costa.

    Video-protesta realizada en los campamentos de refugiados saharauis.

    La República Árabe Saharaui Democrática está reconocida como país por 82 Estados y por la Unión Africana. Sin embargo, ninguno de ellos es un país noroccidental, cuestión que parece deslegitimar la existencia de los pueblos en la geopolítica hegemónica. Suecia, ha sido el primer país europeo en declarar su intención de reconocer la RASD. Esta cuestión levantó ampollas en el Reino de Marruecos, quien declaró el boicot a grandes compañías suecas como IKEA, forzando así la negativa del Gobierno sueco al reconocimiento.
    Este invierno pudimos ver como las lluvias torrenciales arrasaban los campamentos de refugiados saharauis, haciendo insostenible la situación y la espera de la población exiliada.
    25 años se cumplirán este 2016, desde que la ONU declaró el Alto al fuego entre Marruecos y el Frente Polisario, representante político y militar del pueblo saharaui. 25 años esperando un Referéndum de Autodeterminación que parece no llegar nunca. Recientemente, la cibercampaña #ReferendumNow #WesternSahara surgía como un recordatorio a occidente de que como ciudadanía, se debe exigir el cumplimiento de la legalidad internacional a los responsables políticos de la situación.
    Fotografía obtenida [con permiso] de http://poemariosaharalibre.blogspot.com.es/
    Cada día, saharauis de los Territorios Ocupados filtran la información documentada de las violaciones de Derechos Humanos en el Sahara Occidental, reclamando, a través de las redes sociales, que su testimonio cuente. Su tecnopolítica surge en las calles y subvierte el espacio digital con la esperanza de un cambio. Pero…¿hasta cuándo ha de continuar la espera? ¿Cuánto tiempo más podrán soportar la situación? La resistencia de este pueblo parece ser permanente.

    “La pérdida de toda esperanza será lo que nos lleve a la libertad, porque la vida de los pueblos es mucho más larga que la de los dictadores que la oprimen”.  
    Mustafa Ahmed, Activista por los DDHH.

    18 de febrero de 2016

    Sara Calvo Tarancón

    Periodista y miembro de la comunidad del Máster en Comunicación, Cultura y Ciudadanía Digitales



    El único privilegio que conserva de su etapa como presidente del Uruguay es un grupo de guardas de seguridad que se turnan en una caseta de obra frente a su chacra, a los pies del Cerro, en las afueras de Montevideo. El jefe de Seguridad deJosé Mujica se llama Eturco y va armado con un destornillador y uniformado con una camiseta blanca, una gorra azul a juego con los pantalones y unas botas de montaña. Tiene más pinta de manitas que de segurata, y según cuenta, su función principal es, por las mañanas, recibir a las cerca de treinta personas que se acercan cada día a la casa del Pepe para conocerlo. Por las tardes, se dedica a sacar adelante uno de los sueños de Mujica: la escuela agraria que han montado en unos terrenos que cedió para el proyecto, justo enfrente de su casa.  Dentro de una nave enorme se están acondicionando las aulas para los más de 70 estudiantes, construidas a base de materiales reciclados que ahora se encuentran esparcidos por los rincones: trozos de madera, ventanales apilados, inodoros amontonados cubiertos de polvo, baldosas y sacos de cemento. En la entrada de esa gran nave guarda Eturco, con orgullo, el viejo Fusca azul oscuro que le ha regalado el Pepe. “Cada vez que voy a la gasolinera viene alguien a hacerse una foto con él”, asegura, con una sonrisa ancha.
    El propio jefe de Seguridad de la casa de Mujica fue el encargado de ayudar a preparar la garita, desde donde se vigila la entrada a la casa, para que el expresidente —ahora senador— viera Frágil Equilibrio, una película que se va a estrenar la próxima primavera y que utiliza como hilo conductor las palabras y el mensaje de Mujica para entretejer las historias de varios protagonistas en tres escenarios:  Japón, África y España.
    Taisuke, protagonista de uno de estos relatos, trabaja como salaryman en una agencia de publicidad de Tokio, donde pasa una cantidad ingente de horas semanales. Puede comprar cualquier cosa, menos libertad, y se debate entre entregar su hoja de despido y el miedo a perder la comodidad económica que no tiene tiempo para disfrutar. Otra de las historias se centra en Kante, uno de tantos jóvenes de Mali que malviven en el monte Gurugú y tratan, cada noche, de cruzar la triple valla de 12 km y mortales cuchillas que separa Marruecos y España. Una valla que, como dicen los africanos en el documentalya no es una frontera sino una máquina de matar. El sueño africano de saltar a Europa a la búsqueda de una vida mejor para ellos y para sus familias choca de bruces con la realidad deAndrés, otro de los protagonistas, madrileño que tuvo que ocupar una casa en el barrio de San Cristóbal cuando perdió, hace algunos años, a su mujer, su trabajo y su hogar.
    Guillermo García López es el director de esta producción independiente que cuenta con muchas más ganas e ilusión que presupuesto. En ella ha ido tejiendo estas tres historias globales utilizando como hilo conductor las sabias palabras del expresidente que, de alguna forma, se dedica a resignificar conceptos. Austeridad, consumismo, solidaridad, altruismo, amor. Nadie las pronuncia mejor que Mujica, quizá porque no todo el mundo ha sabido valorar algunos conceptos, como la libertad, de la misma forma que él, que pasó más de 10 años en prisión. Allí aprendió, entre otras cosas, a guardar miguitas de pan para alguna rata que se volvía compañera. Le ayudaba saber que había algo vivo entre aquellas cuatro paredes.
    Guillermo hace un par de años que no pisaba el polvoriento camino que conduce a la vivienda del Pepe. Ahora ha vuelto para mostrarle la película en la que lleva trabajando dos años. El expresidente se emociona cuando ve desfilar imágenes punzantes bajo las palabras que él mismo regaló al director, en ese jardín, sentado en una silla y espantando moscas durante una entrevista que le concedió el verano de 2014, cuando todavía era presidente de Uruguay. “Quedó muy buena”, le dice, después de verla, “podés dejarme una copia para que se la muestre a Lucía?”.
    Muchos uruguayos coinciden: “Mujica es un filósofo”. De su boca salen grandes reflexiones de ese discurso que lo ha hecho universal en el que enumera los grandes problemas del ser humano, aquellos que hacen tambalear el equilibrio del mundo moderno, inestable y cambiante. “Que Europa termine café con leche es cuestión de tiempo”, dispara Mujica en Frágil Equilibrio, y apunta directamente a los culpables, “la venganza de los pobres está en la fertilidad de sus vientres”, y ya lo decía Galeano, en estas tierras se hace el amor con entusiasmo y sin precauciones. El amor en los tiempos del Capitalismo también le inquieta, “la solidaridad ha creado monumentos civilizatorios pero está en crisis porque no es un producto de mercado”. Pero Mujica está aquí para recordarnos que hay que olvidar todo aquello que esté por delante de las personas, porque lo primero, es la vida. “La vida es una causa en sí misma. Es la causa de todas las causas”.
    Y al final, la solución del Pepe contra la insoportable levedad de este frágil equilibrio del mundo es tan simple (y tan compleja hoy) como encontrar “un cacho de tiempo en la vida para ser felices”.

    9 de febrero de 2016



    "Me la tienes que entregar, la llave de tu alma, como los moros entregaron las llaves de Tetuán", dicen unos de tientos cantados por el gran Diego Rubichi.

    La clave estaba en ese barrio en carnaval. Una hoguera donde a su alrededor danzaban unos locos, los rufianes, los titiriteros de un Madrid que ha vuelto a ser señorial, de paseo de caballos y guardias civiles patrullando por los suburbios buscando anarquistas.
    Los barrios que habían estado ocultos se han destapado, y al hacerlo fluye la cloaca, la mugre salpica al burgués y la costra supura tantos años de injurias.
    Pero, pronto los de Salamanca quieren encender también sus hogueras para quemarles dentro. Llamas frías bajo un atarceder rojo.

    Madrid es hoy una urbe poblada de calesas y demonios. Una urbe mutilada.
    D.

    5 de febrero de 2016

    Comunidad Editorial del 4º Poder en Red
    Julian Assange ha estado los últimos tres años “detenido arbitrariamente” en el Reino Unido. Esa es la conclusión a la que ha llegado el Grupo de Trabajo sobre las Detenciones Arbitrarias de Naciones Unidas.
    El fundador de Wikileaks es objeto de una investigación preliminar en Suecia (sin acusaciones formales) desde agosto de 2010 por un supuesto delito de violación y otro de acoso. Sobre él pesa desde entonces una orden de detención para ser interrogado en Estocolmo. En mayo de 2012 el Reino Unido dictaminó que Assange debía ser extraditado para prestar declaración en Suecia, por lo que el australiano decidió pedir asilo a Ecuador y refugiarse en la embajada ecuatoriana en Londres, en la que permanece encerrado desde agosto de ese año.
    En los seis años que lleva abierta la investigación, la justicia sueca se ha empeñado en negar a Assange la posibilidad de prestar declaración desde Londres. Sólo en enero del presente año -y ante el temor a que el supuesto delito de violación acabase por prescribir como ya hiciera el de acoso- la Fiscalía sueca abrió la puerta a interrogar al fundador de Wikileaks en la embajada de Ecuador en la capital británica.
    A ojos de Assange y de gran parte de la comunidad internacional que ha apoyado su labor, la orden de arresto es solo un trámite previo a una extradición a los Estados Unidos, donde con toda seguridad acabaría ante un tribunal castrense que le aplicaría la ley antiterrorista y lo acusaría de divulgación de secretos.
    Los temores de Assange encuentran su mejor sustento en el caso de su colaborador Chelsea Manning (antes Bradley Manning). Infante de Marina de los Estados Unidos, Manning filtró a Wikileaks documentos sobre Irak, Afganistán y las embajadas norteamericanas que revelaban violaciones de derechos humanos que el público desconocía.
    Fue detenido en mayo de 2011 y tras pasar once meses en total aislamiento -hecho que fue calificado de tortura por  varias organizaciones humanitarias– en el verano de 2013 pasó a ser juzgado por un tribunal militar que negó que ella tuviera la obligación legal y moral de denunciar las mencionadas vulneraciones de derechos humanos. El resultado: la soldado Manning fue condenada a 35 años de cárcel en un proceso en el que no se admitieron como pruebas de la defensa los documentos que detallaban los crímenes cometidos por el ejército estadounidense.
    Recientemente Manning describió en el diario británico The Guardian el calvario que le está suponiendo su encierro en la cárcel de Fort Leavenworth (Kansas). “El abismo entre yo misma y el mundo exterior parece que se hace cada vez más y más grande. Y todo lo que puedo hacer es dejar que ocurra”, asegura Manning tras seis años de privación de libertad.
    “Me doy cuenta de que mis amigos y mi familia siguen adelante con sus vidas mientras yo me enfrento a una inactividad impuesta. No voy a las ceremonias de graduación de mis amigos, no voy a sus fiestas de pedida, no voy a sus bodas y no conozco a sus hijos”, prosigue.
    Percatarse de la presencia de esos cambios al tiempo que se encuentra encerrada ha provocado que Manning llegue a sentirse como un espectro: “No tengo fotos recientes de mi misma, no tengo selfies. De mis últimos seis años de vida sólo tengo viejas fotografías de Facebook, las instantáneas granuladas de mi expediente y las imágenes de la rueda de reconocimiento. Ahora que todo el mundo está obsesionado con Twitter, Instagram, Snapchat y Whatsapp, empiezo a sentir que no existo en un modo importante, real. En una sociedad que dice ‘si no hay fotos no ha sucedido’ empiezo a preguntarme si yo he sucedido. A veces me siento más que vacía, me siento inexistente.”
    A pesar de toda esa apatía, Chelsea Manning se muestra firmemente decidida a no rendirse. Encuentra buenos motivos para no hacerlo en el correo que recibe de gente de fuera de prisión que le recuerda “felizmente” que es “real” y en la lucha por transformar su cuerpo en el de una mujer.
    La ausencia de fotos recientes impide comprobarlo, pero ella misma asegura que el tratamiento hormonal que recibe -al que se refiere como un derecho “ganado” y no otorgado- está transformando su apariencia externa. “Tengo la piel más suave y los rasgos faciales menos angulares”, asegura en su artículo en The Guardian.
    A sus ojos, el hecho de estar encerrada en Fort Leavenworth -un centro penitenciario para hombres- implica que el Gobierno estadounidense le está negando su “derecho a existir”. “Creo que definirnos a nosotros mismos en nuestros propios términos y en nuestro propio lenguaje es uno de los derechos de mayor poder e importancia que tenemos como seres humanos”, explica Manning, que actualmente, según cuenta en su blog, se encuentra inmersa en una lucha por conseguir que le dejen llevar el pelo largo, en lugar de ser obligada a llevar un corte que se encuentre en el estándar estético habitual en los hombres.
    El testimonio de Manning, que asegura “haberse enfrentado a la oscuridad” como consecuencia de destapar crímenes humanitarios, es el mejor aval para la negativa de Assange a ser extraditado. El fundador de WikiLeaks considera que en estos tres años de encierro ha sido privado de sus libertades fundamentales y de derechos tan básicos como el acceso a la luz solar, el aire fresco y las instalaciones médicas adecuadas para preservar sus salud. Ha estado en una ‘prisión’ sin ser juzgado, una situación en la que Londres ha invertido cerca de 20 de millones de dólares en vigilancia.
    Ayer, 1.885 días después de entrar en la embajada ecuatoriana, Assange recibía la decisión de la ONU que confirmaba lo que muchos llevamos años diciendo: su detención es arbitraria e ilegal.
    Sin embargo, el primer ministro británico, David Cameron, se resiste a dejar en libertad al fundador de Wikileaks. Uno de los portavoces de su Gobierno, aseguró ayer que la decisión de la ONU “no sería legalmente vinculante”  y si Assange sale de la embajada “será arrestado”.
    No obstante, el Grupo de Trabajo de la ONU sobre Detenciones Arbitrarias no tardó en responder, asegurando que su decisión “sí es vinculante”. “Las opiniones del Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias son jurídicamente vinculantes en la medida en que están basadas en normas internacionales de derechos humanos, de obligatoria aplicación”.
    La ONU exige a Reino Unido y Suecia, tras 1.885 días, que “pongan fin a la privación de libertad” del fundador de WikiLeaks y que también reconozcan su derecho a reclamar una compensación por todos estos años.
    Las reacciones no se han hecho esperar, y grandes medios como The Guardian se han posicionado en contra de la decisión de la ONU en su editorial, asegurando que es “errónea” y que debe “enfrentarse a sus presuntos delitos”. Llama la atención que esta posición provenga de uno de los medios que en su día publicó las revelaciones de Edward Snowden sobre el programa de vigilancia de la NSA, de mano del periodista Glenn Greenwald.
    Todo apunta a que, como lleva haciendo tres años, el Gobierno británico seguirá vulnerando los derechos fundamentales de Assange obligándole a mantenerse en su prisión de oro si no quiere ser arrestado y deportado. Igual que su socio en el espionaje y en la violación de derechos humanos, EEUU, que castiga a Manning como aviso a navegantes: Airear los trapos sucios de los garantes de la libertad está penado. Todo ello ante la pasividad del resto de gobiernos internacionales que, al igual que con las revelaciones de Assange, Manning y Snowden, conocen lo que está ocurriendo pero no se atreven a importunar a sus poderosos socios.
    ¿O cabría decir a sus metrópolis?