Lo siento, ante los nuevos propósitos vendidos en rebajas, regalados por monarcas anuales, matriculados en cursos y coleccionables de kiosko, todo aplazado, a plazos para el año entrante,
no me puedo reprimir. Tirad a la basura los anuarios de la prensa y lo que os hagan traído hoy los reyes. Leed, en
cambio, Diario de un mal año de J.M.
Coetzee. Con una extraordinaria estructura, en dos y tres niveles, despliega un
ensayo humanista y una novelita sentimental, de deseos cruzados entre un viejo y su deseable
vecinita. Hace tiempo que no disfrutaba tanto con un relato y una
declaración de principios tan honestos. Os brindo unas cuantas citas que, a modo
de uvas (pasas), debiéramos habernos tomado con las campanadas. Que ni suman
la docena, porque a nuestros calendarios siempre les sobran unos meses.
Los "aforismos", chorradas previas, una vez más, son simples propuestas de
letanías, mantras... recitados a pronunciar(se) ante el espejo, a uno mismo cada día uno.
* La verdadera tercera vía, nunca la del medio.
“Las alternativas no son la plácida
servidumbre por un lado y la rebelión contra la servidumbre por el otro. Existe
una tercera vía, elegida por millares y millones de personas todos los días. Es
la vía del quietismo, de la oscuridad voluntaria, de la emigración interior” (23).
* Funcionarios, siervos y servidores públicos.
“Si usted discrepa de la democracia en una época en la que todo
el mundo afirma ser en cuerpo y alma demócrata, corre el peligro de perder el
contacto con la realidad. A fin de recuperar el contacto, en todo momento debe
recordarse lo que supone enfrentarse al estado, el estado democrático o
cualquier otro, en la persona del funcionario estatal. Entonces pregúntese:
¿quién sirve a quién? ¿Quién es el siervo, quién el amo?” (27).
* Contra los títulos, nombres propios.
“puede que la auténtica
universidad deba trasladarse a casas particulares y conceder títulos cuyo único
respaldo serán los nombres de los profesores que los firmen” (49).
* El tabú está siempre en la mirada.
“Y qué decir de la
representación de niños relacionándose sexualmente no con adultos sino con
otros niños? Lo que convierte a la imagen en culpable, según la nueva
ortodoxia, no parece ser la idea del sexo entre menores (muchos de los cuales
llevan una vida sexual activa e incluso promiscua) ni tampoco el hecho del
sexo, real o simulado, entre actores que son menores, sino la presencia en
alguna parte de una mirada adulta, detrás de la cámara o en la sala del cine a
oscuras. Una cuestión muy interesante sería plantear si una película hecha por
menores, utilizando a actores menores que realizan actos sexuales y que se
exhibiera sólo ante menores infringiría el tabú. Es de presumir que no lo
haría” (69).
* Contra el Estado hobessiano y el darwinismo social, estabilidad
dinámica (devoraos en simbiosis o desapareced).
“La verdad acerca de las junglas es
que entre las naciones (las especies) de la jungla típica no hay ni vencedores
ni vencidos: estos se extinguieron hace mucho tiempo. Una jungla es un
ecosistema donde las especies supervivientes han logrado la simbiosis entre
ellas. Alcanzar ese estado de estabilidad dinámica es lo que significa ser un
ecosistema” (93).
* De cómo la probabilidad estadística nunca responde a lo más importante.
O las encuestas como expresión sobre lo banal.
“Las proposiciones
probabilísticas constituyen un pequeño mundo en sí mismas. Lo que se afirma
desde un ángulo probabilístico solo puede interpretarse desde un ángulo
probabilístico. Si no piensas en términos probabilísticos, las predicciones que
surgen del mundo probabilístico te parecerán vacuas. ¿Puede uno imaginarse a la
Esfinge prediciendo que Edipo probablemente matará a su padre y se casará con
su madre? ¿Puede uno imaginar a Jesucristo diciendo que probablemente vendrá de
nuevo?” (120).
* La religión, reino y sueño de los incapaces. ¿Y qué?
“Resulta
sorprendente que la idea de una vida personal ultraterrena persista en
versiones intelectualmente respetables del cristianismo. Es tan evidente que
llena un vacío – la incapacidad de pensar un mundo del que el pensador está
ausente – que la religión debería limitarse a considerar esa incapacidad como
parte de la condición humana y dejarlo así.”
Dejando el alma aparte, por supuesto. “La persistencia del alma
en una forma irreconocible, desconocida para sí misma, sin memoria, sin
identidad, es otra cuestión completamente distinta” (171).
* El amor o es moderado o no es.
“Uno se aferra a la creencia de
que alguien, en alguna parte, lo ama lo suficiente para aferrarse a él, para
evitar que se lo arrebaten. Pero esa creencia es falsa. Todo amor, al final, es
moderado. Nadie lo acompañará a uno” (177)
* Quietud ácrata, pesimismo escéptico. ("Lo malo del Gobierno es que
gobierna"; cantaban ya Triángulo de Amor Bizarro).
“Si me viera obligado a
poner una etiqueta a mi pensamiento político, diría que es un quietismo
anarquista pesimista, o un pesimismo quietista anarquista, o un anarquismo
pesimista quietista: porque la experiencia me dice que lo malo de la política
es el mismo poder; quietismo porque tengo mis dudas sobre la voluntad de
ponerse a cambiar el mundo, una voluntad infectada por el impulso del poder; y
pesimismo, porque soy escéptico respecto a que, en lo fundamental, sea posible
cambiar las cosas. (Esta clase de pesimismo es primo y tal vez incluso hermano
de la creencia en el pecado original, es decir, de la convicción de que la
humanidad no es perfectible)” (217).
Y en las antípodas,
la estupidez hecha corrección política
de Prisa. Las
viejunas tablas de la ley de un discurso político que se dice progresista y nos retrotrae a tiempos mortecinos, moribundos quería escribir y así lo hago.