12 de octubre de 2009

La mano que espera las migajas

No me quito de la mente la imagen de esa mano. Incluso vista desde el cielo es una mano gigantesca, de colores vivos, de dedos abiertos en señal de bienvenida. Es la mano de los que iban a convertirse en los Juegos Olímpicos de Madrid 2016. Así la vi en televisión y en prensa.

Muchos años antes, ante la pantalla de un ordenador, había sido presentada como logo de la candidatura madrileña. ¿Con qué podía luchar Madrid por esa candidatura sino con la conversión de esos píxeles en personas? Los píxeles del diseño con photoshop se transformarían en puntos de color en la pantalla de la plaza de La Cibeles.

No sólo contábamos con la desinteresada voluntad de un alcalde y un Gobierno sino con el asentimiento de miles de ciudadanos madrileños… y por extensión españoles. La mano parecía no tener voz pero poco importaba porque para eso ya estaban el monarca, el alcalde, la lideresa, Samaranch y un jugador de fútbol. Todos viajaron a Dinamarca para emocionar al mundo y mostrar que Madrid era una sociedad multicultural y diversa donde cualquiera se podía sentir como en casa. Ellos hablaron por la colorida y silenciosa mano, e interpretaron la “pinXelada” de La Cibeles.

Surgen dos preguntas: ¿es cierto que la mano estaba saludando al mundo o pidiendo unas migajas? ¿Podría haber sido esa mano lo suficientemente grande como para tapar una crisis económica y política, después de quince años haciendo, permitiendo o alentando logos e infraestructuras para las Olimpíadas en Madrid, velódromos en Palma, circuitos de Fórmula Uno en Valencia, Terras Míticas en Alicante, ciudades Marina D´or en Castellón o ciudades enteras cerca de Toledo?

Parece que hace tiempo que la mano se ha cansado de todo; parece harta de los Bigotes, de los trajes valencianos o de los bolsos de Vuitton. También está hastiada de oír que no había crisis y después sí, que vamos a cambiar el modelo productivo pero recortando el presupuesto de investigación y que la crisis no ha producido desgarro social pero este es el país de la UE con la mayor desigualdad económica entre ricos y pobres.

A la mano ya sólo la convencen para salir a la calle con promesas y sueños de olimpismo que, quieras o no, siempre dejará caer unas migajas de la mesa. Del hastío al agravio hay un paso. Por eso es posible que algún día se realice mi sueño olímpico; ese en el que la mano de tintes enérgicos encaja una buena ostia a los que juegan sobre la mesa… por el puro placer del fair play.






0 comentarios:

Publicar un comentario