15 de noviembre de 2009

El fauno, el falangista y los rusos

Mi antagonista ayer (para variar, Juan Carlos) valoraba a Fernando León como ejemplo de cine "comprometido". Esto ya es ceguera, aunque es cierto que J.C. estaba ahumado por su nueva chimenea, que no tiraba.

No reincido en mis críticas sobre la estetización como "reinas del sexo" que F.L. hizo en Princesas: por ejemplo, al retratar a las putas de un polígono como strippers de medio pelo. O su representación pueril de la "rabia de clase" de un parado que rompe una farola en Los lunes al sol.

Yo me quedo con Guillermo del Toro (no por casualidad, mexicano y criado en los círculos del exilio español) y su trilogía El espinazo del diablo, El laberinto del fauno y El orfanato. La mejor denuncia antifascista que he visto del franquismo (y su legado), a la altura (o más) que algunas obras de Carlos Saura; por desgracia, no las últimas.

El laberinto del fauno me pareció la visión más dura, menos complaciente que he visto en las pantallas de un falangista, retratado en el personaje que interpreta Sergi López. Supera en crueldad al estereotipo del nazi del cine clásico (por cierto, "gloriosamente" subvertidos, por Tarantino). Toda la conducta del asesino de marras de Del Toro, de principio a final, carece de paliativos. Tanto a nivel familiar como militar. A la altura de un sádico demente, encarna el Mal y sus antagonistas - los guerrilleros republicanos - a los duendes del bosque, armados de afecto y la libertad. Lo dicho, en unos años hago que me la he dejado olvidada en el reproductor de casa y le compro a Lua el poster ruso de la peli. Herederos de 1919, para bien y para mal, tenían que ser los que entendieron mejor la cinta.

0 comentarios:

Publicar un comentario