16 de noviembre de 2009

Los débiles


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Leo con admiración a María Llopis desde hace años. A pesar de que se ha ganado ser alguien en el mundo que habita, no deja de referirse a ella misma con sencillez y sinceridad. Hace tiempo confesó que había pasado por una terapia personal. Los detalles que dejaba traslucir de su vida privada eran tan duros y amargos, como su mensaje final, hermoso y positivo.

A pesar de ésto, parece ser asiduamente objeto de envidias y inquinas. Zarpazos de una gente que olvidó un mal día que acostumbraba a decirnos que nos amaba. Con la misma elegancia de siempre, se pregunta él por qué de este sadismo. A mí, me hace pensar en la eterna lucha del ser humano por conseguir el poder sobre los demás: jefes, generales, padres, amigos, novias. Da igual en que parte del mundo estemos, da igual como nos comportemos, cualquier encuentro con otro ser humano lleva consigo una pugna emocional.

Nadie podrá cambiar ésto jamás, quizá sólo las convenciones sociales, nuestra capacidad asertiva, largas terapias o las drogas, evitan que entremos en barrena. Evitan, que nos matemos a tiros, que nos odiemos más de la cuenta, que la injusticia reine en el mundo, evita, incluso el dolor.

Para muchos, acostumbrados al sadismo por décadas, aprendimos que mirar a otro lado, que apreciar el detalle que se esconde a la vista, evita el sufrimiento en esos amargos momentos. Aprender a apreciar que la Llopis es un ser tan imperfecto como bello, es un modo de reivindicar a los débiles, frente a los prepotentes.

Te queremos María.
D.

www.tinapaterson.com

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