12 de diciembre de 2009

Cruzando las fronteras del género

Arturo era un amigo mío que iba a los hipermercados a comer gratis cuando había degustación de un producto en promoción. Arturo comía hasta coger verdaderamente el sabor del producto. Casualmente, ese momento nunca llegaba y Arturo se comía la bandeja entera. Después buscaba otro puesto para degustar. No sentía vergüenza por ello. Lo hacía como si todo fuera verdad y lo contaba como si se lo creyera.

Esta semana pasada, en el Festival de Jazz de Sigüenza, un espectador se levantó en mitad de la actuación de Larry Ochs y gritó que eso no era Jazz. El tipo salió del recinto y buscó a la Guardia Civil. Volvió con ella y la autoridad del tricornio improvisó un juicio musical y dictaminó que, en efecto, lo que tocaba Ochs, no era Jazz. A continuación, el agraviado puso una denuncia en la que especificaba que su médico le había prescrito no escuchar música contemporánea, que según él, era lo que tocaba Ochs.

Ética y Estética:

¿Es un delito hibridar los géneros? ¿Para cuándo una gramática de los géneros que impida este tipo de abusos, si es que lo son? Una gramática exige una autoridad, ¿puede la Guardia Civil del Duque de Ahumada, la Benemérita, fundada en tiempos de Isabel II, puede cargar con el terrible peso de dirimir sobre la gramática de los géneros? ¿Qué diría "El Lute" de todo esto? ¿Por qué no encerramos a todos los artistas que no advierten sobre qué van a tocar o qué van a escribir?

Juzguen ustedes si es o no un delito lo de Ochs.

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