28 de diciembre de 2009

Iconoclastia romana



Estaba visto, lo íbamos a ver, se veía venir.

Allí donde ya apenas se puede ver algo. Tenía que ser en Italia, el mejor ejemplo de ese espacio público del que nos han privado. Tras haberlo colonizado con su violencia.

La que ejercen sobre los cuerpos y las almas, mediante las arcas del Estado y de la Iglesia. Y en todos los medios, con sus palabras y hechos, constantemente proyectando su iconografía de poder perpetuo, enmascarado de ser-vicio.

El 2009 los iconoclastas lo despiden a lo grande. Responden a los estrategas de imagen pública, a los escándalos prefabricados y saltan a las primeras páginas al lado de sus iconos, maltrechos ambos.

En esta navidad, como todas ya, con la publicidad como misa incesante y ubicua, y la televisión, su templo más sagrado, irrumpió la violencia, en la misa del gallo. Fue un empujón: vil, innecesario, contraproducente. Pero resuenan, como alegres campanas, también ahora las condolencias y las solidaridades, tras hacerlo con la cara de Berluska. ¿Solidaridad y condolencias a quienes tienen todo asegurado? Incluida la reoperación estética. Como si dolerse con y compartir soledad se hiciese con un cualquiera. Tras Berluska, falta Obama; que de ser agredido y atendido en la Seguridad Social por él lograda, ascendería de nuevo a los altares.

Y no se me ocurre como aplicar aquí y ahora aquel modelo que hubo durante la República: los artistas de vanguardia trabajaban ahí dentro, no se suponía que el rito en sí mismo era perverso sino que se pensó que al rito se le podían dar los contenidos que los comulgantes quisieran . Sevilla aparece en los manifiestos Dadá. He podido comprobar que los grupos dadaístas funcionaban casi como una hermandad de Semana Santa. José Miguel Sánchez, el último artista moderno que hizo oficialmente para la República los grandes emblemas de la ciudad y que ilustraba revistas de vanguardia, trabajaba con la hermandad Los Negritos .

La iconoclastia se produce por el triunfo del fantasma, es un momento de trasvase entre lo real y el terror, entre el espacio de la retórica y el espacio de lo real. El iconoclasta en sí mismo hace uno de los actos más religiosos que existen.

¿Cómo celebrar la reaparición del fantasma? ¿Dónde una legión de iconoclastas, que aunque tachados de dementes, volviesen a parecer visionarios?

Los sistemas de manifestación política repiten las estrategias festivas. En el movimiento obrero, los sistemas de agresión y enfrentamiento con la policía tienen que ver con estrategias aprendidas de las fiestas. Giorgio Agamben habla de que el estado de excepción político es lo mismo que el carnaval, opera de la misma forma que cuando se suspende el tiempo de la cuaresma. La violencia estructural funciona igual en el ciclo festivo que en el ciclo represor.

¿Cómo integrar en estas fiestas las imágenes del Papa de rodillas? Sin verguenza, pero sin convertirse en un sinverguenza. ¿Cómo dar merecida respuesta noviolenta a tanto agresor mediático? ¿Cómo hacerse sitio en el espacio público, que no sea a hostias y empujones?

Las preguntas son mías. Las cursivas de Pedro G. Romero. Le ví una exposición sobre Iconoclastia. Me riñeron por coger demasiados folletos. Les dije que estaban deteniendo a la Fiambrera Obrera, cuya foto figuraba como emblemática banda iconoclasta. Me susurraron que todo estaría en la web en unos días y que podían hacerme unas fotocopias... Ha comenzado a vender su libro en abril de 2009; han pasado más de dos años y tiene una mierda de web donde nada aparece. Una pena.







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