24 de enero de 2010

Carta a Jason Reitman (director de "Up in the air")

Querido Mr. Reitman:

vaya usted a tomar por culo, desde el respeto y el cariño...

Soy un ex-trabajador de la industria automovilística de Detroit. Uno de esos que usted entrevistó para documentarse y dirigir después la película "Up in the air". Recuerdo que me convenció usted para que prestase mi testimonio en cámara para hacer una película sobre los despidos tras la crisis económica.

Pues bien, después de ver la película entiendo que me ha jodido usted de lo lindo y en vez de hacer una peli sobre "las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo" (como habría hecho Richard Sennett) ha hecho otra película sobre... ¡JESUCRISTO!

Comienza usted con el gancho de las entrevistas a personas reales que perdieron su trabajo; fue un acierto, nadie como los propios interesados para expresar la rabia de despidos injustos y poner en solfa al sistema. A partir de ahí, todo se va al carajo. Usted, Mr. Reitman, nos despidió por segunda vez, pero esta vez en la ficción, lo que convierte su película en una farsa.

George Clooney interpreta a un ejecutivo encargado de despedir a trabajadores que sobran en las empresas. Encarna a un tipo con el poder de "prescindir" de los demás, lo que en la religión del capitalismo es el mayor poder, disponer de la vida de los otros. Clooney vive entre el cielo (pasa 250 días montado en avión) y el suelo, aunque él sueña con vivir siempre en el cielo y conocer a Dios (que resulta ser el piloto del avión). Sin embargo, Clooney sólo es una reencarnación humana de la divinidad (un co-piloto) y vive entre los hombres para hacer la voluntad de Dios: hacer funcionar el sistema económico, si hace falta, con despidos.

Como Jesucristo, Clooney también sermonea desde la montaña. En su caso, él lo hace en salas de conferencias de hoteles caros. ¿Qué predica? Una parábola sobre la flexibilidad del capitalismo o cómo vivir con una mochila y sin más ataduras que las que exige estar siempre a punto para cambiar de trabajo, de vida, de amistades... es decir, "déjalo todo y sígueme".

Cuando despide a la gente, es decir, cuando les dice que su vida en la sociedad capitalista ha terminado, también les promete la vida eterna (también les suelta la frase de que más allá del despido, de la muerte social, hay futuro).

Pero Clooney también tiene una parte humana y por eso se enamora de una mujer terrenal que parece una diosa. Aunque, al final, como en las Sagradas Escrituras, resulta ser una impostora, alguien que prostituye sus sentimientos y engaña.

También es martillo de herejes, como cuando aparece en la oficina una competidora que quiere disputarle el puesto. Él se rebela y termina mostrándole la verdadera fe. La chica cae del caballo al ver la luz y se convierte en discípula de Clooney.

Clooney cumple hacia el final de la película con su sueño, que es estar a la derecha del padre, en el cielo. Y esto ocurre en una escena surrealista: el piloto del avión se acerca hasta su asiento porque, por fin, ha completado los 10 millones de millas. No por casualidad se sienta a su izquierda, dejándole a él a la derecha,  y premiándole por su trabajo.

Pero Clooney tiene que pagar un precio, tiene también que morir como hombre en una cruz. Encarnarse tiene sus inconvenientes. Antes de subir al cielo promete vida eterna a todos los que van a ser despedidos: les transfiere sus millas a su hermana y recomienda para un trabajo a la conversa que un día le disputó su puesto.



Mr. Reitman: mise en abyme, usted es en la vida real el Hijo, el director de esta película, que vino a vivir entre nosotros por orden de su Padre (Ivan Reitman, productor de la película) a contarnos el milagro de la vida eterna en el capitalismo. Usted mismo dice en una entrevista que se lo debe todo a su padre y así le paga su deuda.

¡QUE LE DEN POR EL CULO A SU PADRE Y A USTED!

Seguro que si nuestro John Fat viera esta película sería aún más justo que yo. ¡Para que después digan que la economía no es un dogma con sus Sagradas Escrituras hollywoodienses!

2 comentarios:

John Fat dijo...

No me da para ir a verla, y me has quitado las ganas; gracias, poor ahorrarme las pelas y el bodrio. Y menos mal que has ido y nos lo has contado, que si llgo a seguir la recomendación de Público del sábado.

John Fat dijo...

Me voy a meter ahora mismo los cuatro últimos capítulos de The Wire... Abrid boca que yo estoy a punto de darme el festín: http://www.diagonalperiodico.net/Baltimore-Estados-Unidos-el-mundo.html

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