1 de febrero de 2010

Milán Astray y A Coruña


Hace una semana retiraron la estatua de Milán Astray que tantas veces vi yendo al colegio. En más de una ocasión imaginamos, (Nacho, Xabier, ¿lembrades?), que le colgábamos una bolsa de mierda en el brazo extendido. Y la mierda continuaba pegada a la mierda... sin que nadie se atreviese a separarlas.

La socialdemocracia, una vez más, actuando con nocturnidad se la llevó al depósito municipal. Con alevosía y premeditación, vergonzantemente.

Quedan mucho más que despojos (que ya lo eran) de todo ese imaginario legionario y del ejército guerracivilista. La mejor impugnación hasta el momento: la versión marica de El Novio de la Muerte por Javier Alvarez.

Escuchándole, legiones de insumisos soñaron con amar vestidos de verde olivo... Legionarios de Afganistán, ponérosla alto, muy alto... y comportaos como cabroncetes erectos, felices cabritillas...
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1 comentarios:

JLV dijo...

Mi abuelo se encontró con el mismísimo novio de la muerte en mitad de Salamanca. Mi abuelo tenía 16 años y había ido a resolver asuntos a Salamanca, desde Guijuelo. La Guerra Civil ya había estallado y Salamanca era fascista. Cuando se disponía a regresar a su pueblo, un tipo sin un ojo y con un garfio lo cogió de la pechera y le espetó que qué hacía que no estaba montado en un camión directo al frente a pegar tiros. Era el novio de la muerte, Millán Astray. Mi abuelo tuvo que montarse en el camión pero, por suerte, lo dejaron marchar a la salida de Salamanca, era muy joven. Él entonces no sabía con quién se había encontrado.

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