19 de febrero de 2010

Pornopolítica (1)

Ya que Público no lo publica (dos meses en el congelador sin decir nada).
Aquí van en tres cortos XXX el artículo en cuestión.

PORNOPOLÍTICA Y DESEO DE IZQUIERDA

La utopía comunicativa, pandemia del pensamiento débil, proclama que todo será visible e inteligible. A más medios, mayor transparencia y acceso a lo que aún permanece oscuro y oculto. Aplicada a la política, esta tesis obliga a los líderes a exhibirse sin recato y a simplificar sus mensajes, hasta equipararlos con la pornografía: el género que todo lo muestra y en el que todo se entiende. De hecho, en el porno no hay nada que entender. ¿O sí?

La pornografía era la escritura o la representación – grafía - de quienes realizaban servicios sexuales de pago - porno. La pornopolítica consiste, entonces, en ocuparse de la polis y las cuestiones ciudadanas a sueldo. De ahí que los gobernados sepan que la (comunicación) política se hace con y por dinero: que el amor y cuidados de los políticos y periodistas profesionales son mercenarios. El único fin del espectáculo político reside en sumar audiencias para llevarlas a las urnas. Si le ponemos lírica a la analogía, las urnas serían la venerable cama donde alumbramos a la democracia y si nos ponemos realistas sucios, el jergón.

Ante públicos tan saturados y escépticos, la oferta de mensajes políticos responde a un mínimo común denominador de posturas consabidas, equiparadas en grado de exhibicionismo y obscenidad. Así parecen ser percibidas por un electorado que, como ante la oferta de una meretriz, cada campaña electoral repite “Todas decís/sois lo mismo”. La única salida de los candidatos es, entonces, seguir guiones morales: contar cuentos, Storytelling con valores. Eso hacen los creadores de porno y los asesores de imagen: guionizan con diferentes personajes las mismas escenas, pretendiendo representar modelos de poder antagónicos.

MAÑANA MÁS.

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