12 de abril de 2010

Cosas que nunca escribiré_2

La Universidad es gaseosa, ni siquiera líquida (que diría Bauman), sino gaseosa.

Trabajo allí y palpo... el humo.

Me dicen que un profesor se excusa ante los alumnos, por no saber de qué tiene que hablar en su clase, diciendo que es... ¡disléxico! Otro alumno me comenta que el mismo profesor, en vez de explicarles la práctica que él mismo ha encargado, se dedica a poner videos en clase de lo primero que pilla. Los alumnos le piden que por favor explique un poco de qué va la práctica y qué material tienen que utilizar y cómo. Él responde que no explica nada, porque de los 60 alumnos que tiene matriculados sólo hay siete en ese momento y los demás también tienen derecho a enterarse. Pero nunca se enterarán porque, sólo entre siete y diez van a clase.

Él pasa de ellos como de la mierda, a la que suele dejar cada mañana estampada en el cagadero. Ellos no toman soluciones colectivas sino que pasan de él uno a uno... y deciden no ir a su clase. Él cree que ellos son idiotas y por eso puede decirles lo de la dislexia. Ellos asumen que él no merece la pena y por eso no se les ve por clase.

A ellos me los encuentro luego trabajando de todo menos de periodistas. A él lo sigo viendo cada año, poniendo excusas ridículas y manteniendo un puesto de docente en esta Universidad irónica.

1 comentarios:

verosdes dijo...

ay, edi, más que te leo y más que tenemos en común: yo trabajo en una universidad también, pero desde dos flancos muy diferentes: la oficina y la redacción. Y por donde le vea, mi universidad también necesita un cero kelvin para licuefacerse. Lo que me gusta de España e Italia es que cada vez más me quitan la ñoñería malinchista y me hacen sentir que después de todo entre el tercer y el primer mundo ya no hay segundo.

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