3 de abril de 2010

La guerra nos pone: "The hurt locker" ("En tierra hostil")

En los años 40 del siglo pasado, un tal Frank Capra hizo un documental propagandístico para apoyar a su Gobierno en la Segunda Guerra Mundial. El documental exponía desde el principio claramente sus tesis tras plantearse la pregunta, "Why we fight" ("Por qué luchamos"): Luchamos por la libertad.



Año 2010. "The hurt locker" ("En tierra hostil") gana el Oscar de la Academia a la mejor película.
Rodada como un documental, expone su tesis al principio; como lo hacía el documental de Capra, aunque "The hurt locker" responde a "Por qué luchamos" con algo más sencillo: luchamos porque nos pone... nos coloca... nos da el subidón cuando vamos a la guerra... No me lo invento. En la cita del comienzo de la película lo dice claramente: la guerra es adictiva. Y para demostrarlo, nos cuentan una historia sobre un artificiero que desactiva bombas en Irak. Hay tres ideas en la película:

1. Desactivar bombas es emocionante... es como jugar a la ruleta rusa.
2. Consumir en EEUU ya no es emocionante.
3. Aprovecha, hijo, porque cuando seas mayor lo único que te quedará son los chutes de adrenalina que ofrece el ejército.


El artificiero alberga sentimientos que guarda en su taquilla personal (en su "locker"). En esa taquilla, la mayor parte esos sentimientos se asocian a objetos que tuvo entre las manos en momentos en los que se jugó a vida mientras desactivaba una bomba. Él confiesa que los guarda porque le resulta emocionante pensar en esos momentos... porque, sencillamente, le pone el deporte de riesgo.



De vuelta a EEUU, el artificiero no sufre ningún tipo de síndrome de posguerra. Eso se queda para las pelis del Vietnam. En esta, la directora nos demuestra el fastidio del protagonista cuando se encuentra ante la aburrida decisión de tener que escoger una marca de cereales mientras compra con su mujer en el supermercado. Cuando vuelve a casa le dice a su esposa que quiere volver a Irak porque necesitan artificieros.


A su hijo de un año le dice otra cosa, en la siguiente escena. El artificiero está jugando con él y piensa en voz alta: "Ahora disfrutas de tus juguetes, todo te entretiene y te llama la atención. Disfruta mientras puedas porque, a mi edad, yo sólo soy capaz de disfrutar de una cosa" (no es literal pero es la idea). Esa cosa es la guerra. En resumen, a su hijo le dice que cuando crezca será un yonqui como él.

Y después de eso, aparece de nuevo en Irak, a jugar otra vez a la Play con sangre de verdad.

No es ficción, tampoco documental... esta peli es un anuncio institucional del ejército estadounidense (de casi dos horas) demandando artificieros. Sí, artificieros. Se conoce que hacen falta en el Irak de la posguerra. Los fundamentalistas islámicos invocan a sus guerreros prometiéndoles decenas de vírgenes en la otra vida. Los occidentales, más secularizados ellos, les garantizan huir del aburrimiento de comprar en supermercados.

Irak es sólo un escenario, un desierto... que podría ser una selva o una sabana... da igual. La película no cuenta casi nada sobre Irak y por qué luchan los iraquíes. Allí sólo hay estereotipos cansinos que difuminan totalmente la identidad de las verdaderas víctimas.

2 comentarios:

John Fat dijo...

Joder, menos mal que tú lo dices, las RRPP siempre fueron cuestión de militares... y nos quieren artificieros... de sus artificios.

Anónimo dijo...

no he ido a ver la peli, pero por varios sitios me ha llegado la misma información.
Se agradece el post. Me has hecho ahorrame 5 euros.
"El hijo del demonio"

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