7 de abril de 2010

Los Baroja remixed

Me he acordado mucho de mis seis primeros años en Viveiro: sus semanas santas en la casa de mis abuelos. Leí El árbol de la ciencia y me supo a todo aquello. Me ha dejado sonando loops tan lisérgicos como este:

[Referido a la esfera pública del franquismo] una olla cerrada y comprimida por la censura y la estolidez mental de cuarenta años de franquismo, quiero decir de falsa mojigatería, de autocensura y de sonrisas hacia la estupidez reinante, aparte del miedo y la lambisconería (De Caro B., de su introducción a la edición de Caro Raggio/Cátedra, 1989) Frases y palabras (qué hermoso remate el de la lambisconería) que retratan a navaja lo que aquello era: lo que sigue siendo.

Toda aquella sucia morralla de chulos eran los que vociferaban en los cafés antes de la guerra, los que soltaron baladronadas y bravatas para luego quedarse en sus casas tan tranquilos. La moral del espectador de corridas de toros se había revelado en ellos; la moral del cobarde que exige valor en otro, en el soldado en el campo de batalla, en el histrión, o en el torero en el circo. A aquella turba de bestias crueles y sanguinarias, estúpidas y petulantes, le hubiera impuesto Hurtado [el trasunto de Pío Baroja] el respeto al dolor ajeno por la fuerza. Del todo pertinente para los adalides de la conspiración del 11-M, sus guerras antiterroristas, su furor taurino... y ese puñetazo final: imponer respeto al dolor ajeno. Ni Zizeck lo hubiera dicho mejor.

1 comentarios:

JLV dijo...

Leí "El árbol de la ciencia" en San Rafael (Segovia), un verano adolescente. Recuerdo al tío Iturrioz (¿se sigue llamando así?), con quien Hurtado se retiraba a hablar y el único en quien encontraba algún viso de lucidez en medio de tanta estupidez. Cojonuda la cita que has seleccionado. Como una foco ilumina el presente, el futuro para Don Pío. ¿Quién se lo iba a decir a Baroja?

Publicar un comentario