18 de abril de 2010

Vaya semanita

Soñé que esta semana pasada había sucedido, al fin, algo así:

"Al desembocar en la carretera principal vimos a miles de hombres harapientos y de aspecto famélico, en marcha hacia el Este, en formaciones disciplinadas... Se reían y hacían gestos de furiosa alegría mientras caminaban... Eran los deportados de Buchenwald, en marcha hacia el combate" Relato de Fleck y Tenenbaum, dos soldados americanos, refiriéndose a la insurrecta resistencia antifascista de los presos del campo de concentración de Buchenbald que venían a "liberar". Lo ha recordado hace nada un antifascista español internacional(ista), uno de los pocos que logró reconocimiento: Jorge Semprún.

Soñé con una resistencia así, frente a una (extrema) derecha que la semana pasada persiguió tres objetivos al mismo tiempo: inhabilitar a Garzón, recortar (aún más) el Estatut e irse de rositas en la Gürtel.

Soñé con militantes antifascistas, con brigadas novionlentas contra la paramnesia:
"... la elaboración de falsos recuerdos... la larga noche franquista como una suerte de autoritarismo yeyé, el negacionismo de su aterrador genocidio aún entre nosotros, y la presentación de una transición idílica que se ha pretendido exportar como modelo -de impunidad- a otros procesos transicionales han sido operaciones dirigidas desde arriba destinadas a fabricar una falsa memoria colectiva". Para seguir.

Pero me desperté con que Garzón es un conspirador y un golpista. Eran los de siempre, a micrófono abierto soltaban los mismos escupitajos que cuando el 11-M y los GAL. Eso, el fascismo institucional, a derecha e izquierda, en el PP y el PSOE. Y en la izquierda "alternativa", la no parlamentaria, más allá de las Asociaciones de la Memoria, el silencio: la impotencia de jugar políticamente en lo doméstico, el refugio en la utopía internacionalista. La ceguera de no ver la oportunidad política que se presenta: cuestionar la Ley de Amnistía, procesar el posfranquismo (Fraga, M. Villa...) y sacarle los gusanos a la momia de la Transición.

La semana pasada cumplí capicúa. Los sueños me hicieron más viejo y la nostalgia, en vez de descanso, provocaba desasosiego. Saudade: añoranza de lo que nunca fue, impulso para intentar seguir siendo.

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