3 de mayo de 2010

¿Ciberdemocracia?

¿Que qué? ¿Ciber qué?
Me invitaron a ir a Pamplona, me cuidaron y atendieron: me prestaron atención y atenciones.
Más majos que el pan, convirtieron la conferencia en una entrevista en el Diario de Noticias. Gracias, Javier.

6 comentarios:

JLV dijo...

¡Toma ya, moviendo el cotarro y haciendo bandera de ProPolis! ¡Muy bien colao!

verosdes dijo...

bien por la publicidad!
pero a ver si entendí bien: el reportero se inventó las preguntas para hacerlas encajar en lo que dijiste en una conferencia?
Qué bajeza, oye, y qué falta de ética profesional. Lo peor es que en mi semanario también pasó una vez y ni siquiera le pude reclamar a la reportera, porque ye la habían corrido por otra cosa.

VSB dijo...

¿Bajeza? ¿Falta de profesionalidad? Al contrario.

Javier Pagola, uno de los mejores periodistas navarros, lo dicen los camareros de los sitios de buen comer, pertenece a la asociación cívica que me invitó. No paró de tomar notas, continuamos la conversación comiendo (y pagaban ellos). Luego me envió la entrevista y me dijo que si estaba de acuerdo en lo que ponía. Apenas corregí dos datos. Si quieres te mando los documentos....Esto es dar ACCESO a alguien que valoras profesionalmente y supones que tus lectores también, cuyas palabras aprecias y crees que tu público también. Esto es ABRIR AGENDA. Esto es lo que tiene que hacer un periodista: convertir un discurso petardo y cansino - el mío - en un diálogo, con el "entrevistado"... con su audiencia.

Compáralo con la deplorable práctica de charlar con el presidente de Gobierno, invitado por él, y convertir todo eso en un publireportaje, encubierto por la voz del narrador-periodista, que describe con encomio al gobernante, en una supuesta larga conversación con el jerarca. Ha ocurrido, no una sino varias veces, en El País, con F. González como fin de campaña. Y en otros "diarios de referencia" con...

O cuando los medios alemanes publicaron, todos al unísono la entrevista censurada de un ministro cuya práctica no era sólo filtrar las preguntas previas (después de filtrar al periodista), sino también las respuestas antes de la publicación.

Yo ni propuse preguntas, ni corregí respuestas (sólo dos porcentajes que, además, había dicho mal en la charla). No pagué ni el café. Y, otra cosa no, pero darle a la lengua juro que lo hicimos.

De todos modos, no está de mal contar con lectores tan severos; y una reflexión más a fondo sobre el sentido y los límites del formato entrevista estaría muy bien... me apunto a pensar y decir algo si sirviera de algo y si alguien se anima a empezarla.

V. Sampedro

verosdes dijo...

Vaya, lamento haber hecho una interpretación inadecuada a vuestro contexto... por supuesto, yo sólo hablo desde mi propia experiencia y lo que me tocó ver: una reportera que le dijo a sus jefes y a los lectores que había entrevistado a un ponente cuando lo único que hizo fue tomar apuntes de la conferencia e inventarse las preguntas... por supuesto que una entrevista es mucho más que un cuestionario y sus respuestas, claro que hay mil otras formas de transformar una charla en un texto periodístico de interés, efectivamente es nuestro trabajo (yo también soy periodista) transformar el lenguaje "cansino" de los especialistas y académicos (que muchos no con para nada cansinos) en un discurso asequible para los lectores.
Yo pienso que eso que hicieron ustedes (llevar al café la conferencia y abordar con mayor profundidad el tema), es justo lo que se debe hacer en un caso como ése, donde el punto de interés es el tema de la conferencia, porque hacerlo antes sólo logrará que el entrevistado haga un resumen de lo que dirá más tarde, y que el entrevistador no pueda hacer sino preguntas obvias. Pero también pienso que el lector tiene derecho a saber qué información pertenece a la conferencia y qué otra a la charla (es decir, a la entrevista en sí). Porque no dice uno las cosas igual en el podio que en la mesa, y porque unas cosas las escuchó todo un público, y otras sólo los que estaban en el café... lo cual constituye una cierta infidelidad al desarrollo real de los hechos.
También estoy en desacuerdo con eso de darle a leer el texto al entrevistado antes de publicarla... creo que no se puede ser juez y parte, para eso están el editor y el ombudsman. Y el hecho es el mismo si hace con un funcionario que con un académico, porque son ellos responsables sólo de lo que han dicho y como ya lo han dicho, lo demás no es responsabilidad más que del firmante. Con que me alegra leer que no le hiciste modificaciones,más que en cifras erróneas... pero aún así me parece que no debió pasar ese control de calidad. A fin de cuentas, el error se dijo en la conferencia y el reportero se supone que reporta la realidad de lo que ahí pasó. Si luego apareció otra información, así es como se debe señalar, como algo que se corrigió a posteriori.
Por otro lado, quién paga la cuenta no me parece relevante. Porque ni un café ni un bizcocho me van a obligar a complacer a ningún entrevistado de ninguna manera.
Ahora, eso de pasarle las preguntas al entrevistado antes de charlar... bueno, aquí hay dos cosas: creo que si una persona tiene un montón de proyectos encima de los cuales podrías preguntarle, es válido que te pida saber cuáles son los puntos de los que te interesa saber, para que tenga los datos a mano. Pero pasarle tal cual las preguntas que le vas a hacer no sólo no es ético sino que es una traición al oficio. La práctica me ha enseñado que no hay nada tan pobre y aburrido como un cuestionario rígido. Sí, debes tener guías de lo que te interesa preguntar, y algún cuestionamiento ya preparado tal vez... pero una conversación es un flujo impredecible en el que debes navegar conforme se formen las olas, sin perder el norte.
Y bueno, aclarar que no fue mi intención herir la susceptibilidad de nadie, sólo que con la información que había conjeturé algo que no era, por asociación con otro evento parecido sólo en algunos aspectos.
Saludos!

VSB dijo...

¡Qué buena reflexión! Tocas un montón de puntos muy bien identificados y muy interesantes, intento rescatar algunos y opino:

A - "Una entrevista es mucho más que un cuestionario y sus respuestas". Totalmente de acuerdo, el formato no puede ser un corsé, una cárcel. De ehcho, al final escribes eso tan estupendo de: "La práctica me ha enseñado que no hay nada tan pobre y aburrido como un cuestionario rígido. Sí, debes tener guías de lo que te interesa preguntar, y algún cuestionamiento ya preparado tal vez... pero una conversación es un flujo impredecible en el que debes navegar conforme se formen las olas, sin perder el norte". Magnífico.
B - "Llevar al café la conferencia y abordar con mayor profundidad el tema), es justo lo que se debe hacer". Sí, la palabra clave es "profundidad".
C - "El lector tiene derecho a saber qué información pertenece a la conferencia y qué otra a la charla". Cierto, aquí quizás está el punto más peliagudo del caso concreto de mi "entrevista". Pero ¿es tan relevante, en este caso el contexto? ¿No importan más la fidelidad al sentido y al significado de lo dicho, de lo recogido en el estudio que presentaba, no era eso más importante que la literalidad de lo dicho y la especificación de su contexto? Lo importante no es el pacto con el lector que implica la entrevista y que dice algo así como: esto no me lo invento yo periodista, ni me lo dictó el entrevistado. He ehcho de tí (lector): fui a donde esta fuente, le escuché y pregunté, transcribí y cuestioné, asentí y negué... hice de ti en este encuentro "ficticio" con esta fuente.
D -"En desacuerdo con eso de darle a leer el texto al entrevistado antes de publicarla": "no debió pasar ese control de calidad". Toda entrevista combina intercambio y enfrentamiento, ¿no?. La palabra clave es "calidad". Lo inadmisible es la censura... y si, como dices verosde, esa censura arranca con la entidad del periodista o las preguntas, entonces ya es inadmisible.

TODO UN PLACER INTERCAMBIAR ESTAS REFLEXIONES.

JLV dijo...

En mi caso, me ha ocurrido que el entrevistador me haya pedido las entrevistas que he hecho para echarles un vistazo.

Como es imposible "no comunicar", hay cosas de la entrevista que no cambiaría nunca acerca del tono o del estilo, porque yo no soy invisible y no creo que el lector quiera que lo sea. Y aunque quisiera, es imposible. Eso no quiere decir que el entrevistador se convierta en el protagonista sino que se advierte al lector que entre él y el entrevistado hay un filtro que media. Creo que de esa manera el puente que tendería al lector sería más honesto. Pero claro eso depende mucho del contexto, de los actores entrevistados, etc.

Sí corregiría datos que puedan ser erróneos y que, puesto que la entrevista es algo construido conjuntamente, no me parece mal corregir con la ayuda del entrevistado.

En un contexto televisivo la cosa cambia. Por ejemplo, ¿deben saber los políticos de turno qué se les va a preguntar cuando acuden a un programa como "¿Tengo una pregunta para usted?" (formato emitido en Francia y en España en el que ciudadanos "medios" preguntan a líderes políticos).

1. Es normal que quieran responder adecuadamente y se preparen su respuesta.

2. Por otra parte, es normal que el espectador quiera saber cómo va de reflejos el entrevistado.

3. En tercer lugar, en otra clase de sociedad más democrática, la imagen no debería contar tanto y es posible que la gente no estuviera tan atenta a cómo responde sino a lo que responde.

4. En el caso de los políticos profesionales, el espectador televisivo creo que estaría más de acuerdo con ver al político sufrir y currarse una improvisación, pero esto es también una revancha por la forma en que todo parece amañado en la tele, creo yo.

Un abrazo a ambos.

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