2 de mayo de 2010

No pienses en... un sindicato

El lingüista George Lakoff habla del concepto de marco para referirse a las formas en que nuestras mentes aglutinan un campo de significados para darle sentido al mundo.

El elefante es el símbolo del partido republicano en Estados Unidos. A modo de provocación zen, Lakoff instigaba en sus charlas a intentar no pensar en un elefante. Los interpelados siempre evocaban ideas sobre el partido republicano. Análogamente, si hiciéramos la prueba con los sindicatos en España, ¿qué obtendríamos? ¿Qué marco cognitivo evocaría el término "sindicato"?


Es posible que para alguna gente "no pensar en un sindicato" suponga evocar a representantes de los trabajadores aprovechando sus horas de liberación sindical para ir de compras. Otros puede que vean en su mente una enredadera por la que trepar profesionalmente a costa de los representados.

Percibo ese cinismo en la gente que me rodea, y es una pena. Quizás, el hecho de que el sindicato haya unido su suerte a la de los partidos políticos (y éstos hayan frustrado las expectativas ciudadanas tan a menudo) sea causa de ese cinismo. Aunque me inclino a pensar que el problema radica en otro sitio.

Tengo la impresión de que en este país los sindicatos disfrutan de una visibilidad mediática aceptable, pero eso no se traduce en poder real. Los salarios en España siguen siendo bajos, la precariedad laboral muy alta, la siniestralidad laboral también. Como muchas veces ha señalado Vicenç Navarro, en España se priman las rentas del capital sobre las rentas del trabajo, de manera que las desigualdades son palpables y la frustración social patente (Richard Wilkinson).

Unos sindicatos fuertes deberían haber podido invertir esa tendencia, pero los españoles no lo son. Sólo hay que ver su inexistente respuesta a la crisis. No es que no quieran… creo que no pueden. Para invertir esa tendencia habría que hacer leyes que permitieran a los trabajadores participar del poder de las empresas, es decir, a los sindicatos tener voz y voto en los consejos de administración. Sólo una democracia económica conllevará una democracia real. Mientras, los partidos y los sindicatos serán títeres del capital.

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