31 de mayo de 2010

No siempre la literatura fue literatura

Leo "Ensayo sobre la falta de personalidad" del filósofo José Luis Pardo, incluido en su libro "Nunca fue tan hermosa la basura". Desmitifica qué es lo que hoy consideramos "literatura" y su producto más célebre, la novela. La literatura es un invento del siglo XIX. Esto ya lo decía Walter Benajmin cuando señalaba que el burgués de la incipiente sociedad industrial capitalista escribe en solitario para un público que también lee en solitario, en silencio. 

Contrasta el género con la tradición oral en la que la "versión original" del mito era compartida por todos y el contexto en el que se tenía que interpretar el mito estaba claramente delimitado. A diferencia de ello, el contexto de la literatura actual se ha perdido, ello permite la interpretación libre, la obra abierta, y también la pérdida de identidad colectiva. Por eso, dice Benjamin, el novelista siente siempre melancolía, al haber perdido al público con quien compartía la historia y haber perdido la moraleja de la historia. 

La "versión original" de la tradición oral se fragmenta en mil pedazos cuando aparece la literatura, el afán por biografiar la vida del burgués, que nunca será tan pobre como para no dejar, por lo menos, su vida novelada, su biografía (como decía Pascal). En mitad de estas dos etapas, existió la escritura como forma de copiar los libros que venían del cielo, libros que eran sagradas escrituras o tradiciones orales puestas sobre papel, que no podían ser interpretadas sino por sacerdotes que tenían el imperio de su decodificación. 

El resto de la gente eran analfabetos o escribientes que copiaban sin interpretar. En las postrimerías de esa etapa, Pardo se fija en el cuento de "Bartleby, el escribiente" (Herman Melville) como una metáfora de cómo los rastros de la tradición oral no caben en el invento de la novela. Bartleby, el escribiente es un ser que produce melancolía porque no pertenece a su tiempo. Su historia no es novelable, porque no es posible encontrar el contexto en el que se produjo su vida. Como su vida no es bio-gráfica, Bartleby sólo puede ser un cuento, eso sí, mucho más inquietante que la mayoría de las novelas.

1 comentarios:

VSB dijo...

Sin contexto ni moraleja que compartir, la novela está muerta. Sin integrar la conversación y no poder apoyarse en relatos compartidos, la mayoría de las novelas parecen mojamas: secas y secantes; versiones amortajadas de algo y alguien que una vez tuvieron vida.

Y a lo mejor es que la novela-fresco social de Balzac se hace ahora en Los Sopranos o The Wire. Kafka escupe desde cualquier reportaje honesto de cualquier guerra o sobre las burocracias que la crea. La Regenta debe estar siendo filmada a retazos, en las noticias sobre corrupción urbana y sobre pederastia en la Iglesia.

Sin relatos compartidos, lo mejor es esto: bloguear. Trazos a retazos. Y ver muchas pantallas, sin moralejas.

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