21 de junio de 2010

Curso de incomunicación política (III)

Los consultores políticos parten de un axioma: sólo trabajan para impactar a un 20% del electorado, que son los que ellos llaman los "persuadibles". El resto, el 80%, o no votan (un 40%) o siempre votan a los mismos (otro 40%). Se trata, por tanto, de vender un producto a ese 20%. Las campañas se hacen para ese 20%, no para el resto. Para ello hace falta hacer algo inodoro, incoloro e insípido, la política-agua, que dura lo que dura la campaña y se evapora justo al día siguiente de la votación.

Con ese marketing los políticos no pueden asustar al 40% que vota siempre. De ahí que lo que venden sea algo muy "ecualizado", historietas blandas de candidatos con vida privada y familia. Ese producto se vende a través de un storytelling, de relatos que contienen personajes, con protagonistas y antagonistas que suscitan afectos. La comunicación ya no son palabras que transmiten ideas sino imágenes que transmiten afectos. Gana el que cuente el relato más emocionante.

¿Ya está? ¿Fin de la historia? Pues sí, se acabó. Los consultores no quieren cambiar el mundo, sólo quieren ganar elecciones. Parte de toda esta estrategia podría servir como explicación a uno de las más importantes cuestiones relacionadas con la democracia y la comunicación política, a saber, por qué gente racional vota en contra de sus intereses. Esta es la gran pregunta.

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