5 de junio de 2010

La Silla-Bandera como elemento identitario

Antes de que comience oficialmente el verano y el Mundial de Fútbol, estoy seguro de que Intereconomía, como el año pasado, volverá a anunciar la Silla-Bandera. La primera vez que fui testigo de tal promoción, tuve que pellizcarme, mirarme al espejo, llamar a un amigo, consultar al Departamento de Realidades Paralelas de las Naciones Unidas, todo para constatar que lo que estaba viendo en la cadena de televisión generalista más española iba en serio, y no era una parodia para relajar los nervios por la crisis.
Atención al reclamo que utilizaban:

"Este verano disfrute del orgullo de ser español con su Silla Bandera, llévesela a la playa, al campo, a la montaña, de pesca, de caza o lúzcala en su jardín. La Silla Bandera es ultraligera, de aluminio resistente que soporta hasta 130 kg, de peso, es fácil de utilizar y transportar.Gracias a su mecanismo GRECH es totalmente estable, es de un material altamente resistente y totalmente impermeable".



Si usted es español de verdad, de verdad, de la buena, entonces tiene usted que poner su culo aquí. Esta telepromoción recuerda a aquel anuncio que se puso de moda tras la Guerra Civil, de una sombrerería de Madrid, que decía eso de "Los rojos no usaban sombrero".

La diferencia es que aquí es en positivo "los nacionalistas usan la Silla Bandera". Es claro que en tiempos de Franco, este tipo de injurias habrían sido prohibidas... aunque... quizás ahora también lo prohiban porque, desde el punto de vista de la Audiencia Nacional, podría ser anticonstitucional colocar durante mucho tiempo el recto tan cerca de lo más sagrado que tenemos. También puede ser anticonstitucional por discriminatoria, ya que considera que la obesidad no cuadra con el nacionalismo, o al menos sólo lo hace hasta los 130 Kg.

Una de las cuestiones curiosas es que la Silla Bandera se confecciona en Hong-Kong, lo que no deja de ser una paradoja. Que unos amarillos apestosos pongan sus manos en nuestra bandera... e incluso su culo, para hacer controles de calidad, resulta una afrenta difícil de olvidar. ¿Qué pintan todos esos inmigrantes chinos haciendo sillas en Hong-Kong cuando las pueden hacer en España como ilegales y cobrando una miseria? Dejando que los inmigrantes vivan es sus países encarecemos el precio del producto final y tenemos que pagar casi 40 € por una silla.

Aunque bien pensado, la bandera no tiene precio. Demasiado barata se vende. Quien quiera la bandera, que la pague. ¿Qué coño es eso de disponer de nuestro símbolo nacional por sólo 40 €? ¿Alguien imagina que la Cruz-de-los-Caídos-Almohada pueda venderse por 40 míseros euros? No, ¿verdad? Pues lo mismo.

Creo que tocamos la fibra sensible de mucha gente cuando abordamos este asunto de la bandera tan a la ligera. Una Bandera nunca puede ser una Silla, al igual que dos peras no pueden ser dos manzanas. Ni tampoco una pera y una manzana pueden ser dos naranjas. Pero el español es, de motu propio, así de práctico. Prefiere una Silla-Bandera antes que una silla y una bandera. Con la primera tienes muchas ventajas. Puedes sentarte por la mañana en la playa y ondearla por la tarde en el Bernabeu (con cuidado de no golpear a tu vecino pese a que, seguro que él no tiene inconveniente en sufrir una conmoción cerebral gracias al encuetro con su bandera).
También se la puedes tirar al árbitro en la cabeza cuando vaya perdiendo "el Madrí". Pero, no, mejor no; porque la silla podría dañarse. Sin embargo, la Silla Bandera es de un "material altamente resistente y totalmente impermeable", con lo que se puede usar como paraguas. Este último detalle ha sido obviado por el departamento de marketing. Estamos ante la Silla Bandera Paraguas y aún no lo sabíamos.

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