20 de junio de 2010

Neuropolítica

Cuando oí por primera vez el palabro pensé en que estaba ante el título de una novela de ciencia ficción de Philip K. Dick. Lo vi escrito en el programa del Congreso de comunicación política. Al estrado subió un tipo bastante fornido, que sudaba profusamente y que parecía nervioso, a pesar de ser uno de esos tipos que los juristas forenses de principios del siglo XX hubieran calificado de forma miope como perfil pícnico.

En la neuropolítica, las neurociencias se ponían al servicio de la política para medir las respuestas emocionales de los espectadores cuando recibían mensajes. Ejemplo: la CIA buscando señales de nerviosismo en el pestañeo de Sadam Hussein en la víspera de la invasión de Irak. Ya estáis oyendo a los expertos de la CIA, ¿verdad?:

- Te digo que si pestañea más de 150 veces en un minuto es que... es que está nervioso...
- Pues yo sigo pensando de que... de que... nos está intentando tangar...

La neuropolitica no se debería ocupar de los espectadores sino de los políticos; debería medir las variables fisiológicas de los políticos cuando anuncian recortes sociales y lo de "apretarse el cinturón" y lo de "hemos vivido por encima de nuestras posibilidades". Entonces es cuando tendrían que ponerle los electrodos para ver si sudan o no, si su tasa cardíaca se dispara o si, como todo político que se precie, mantiene la calma como la mantenía Anibal Lecter cuando se ensañaba con sus víctimas, es decir, unas 70 pulsaciones por minuto, es decir, que masacraba sin despeinarse... aplicado a nuestra clase política, que nos "apretaban el cinturón" sin que las pulsaciones les subieran de 70.

Pero seguro que cosas más extrañas ocurrirán en los cuadernos de Jon Manteca cuando vuele a Singapur. Por lo pronto, lo de la identidad falsa en los Congresos me está inspirando para futuras convocatorias. Eso y la verborrea tan cachonda que ha dejado en su post. Si tuviéramos el suficiente sentido del humor y el valor necesario, no deberíamos tomarnos tan en serio estos solemnes encuentros.

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