29 de julio de 2010

DE PUTAS EN POHM PENH Y DE PUTEROS


(Me) vuelven memorias recientes del viaje al Sudeste asiático. Siempre en forma de mujer. Ellas nunca se van del todo, como un viaje de verdad, que nunca acaba. Como este post, bastante largo.

Lo dirijo a los puteros, entre los que incluyo al Gobierno español por haber saldado un debate sobre la crisis económica y su futura reforma del mercado del trabajo prohibiendo los anuncios de prostitución en la prensa. Y putero también el PP, que respalda el buenismo de ZP.

¿Por qué le llaman trabajo (mercado de…) cuando quieren decir mano de obra a saldo? ¿Y porqué le llaman prostitución (anuncios de…) cuando para muchxs es el único trabajo con salario digno? ¿Por qué cerrar los burdeles y abrir más empresas de trabajo temporal? ¿Serán medidas conectadas? Ya han pasado la reforma laboral... otra vez, una más que cuelan antes de vacaciones.

Pero vuelvo a Camboya. Nunca vi tantas putas como allí. Ni tan jóvenes. Pohnm Penh es la gran Babilonia. La madre de todas las meretrices abre las piernas entre las riberas del Mekong, ofreciendo “lady massages” a todas horas. Me negué a las ofertas. Me quedé con las ganas. Me echó para atrás, ¿cómo no?, el (pre)sentimiento de culpabilidad. Me sabía ya asaltado por el remordimiento, insoportable cuando volviese a pasear por los parques con juegos infantiles de Occidente, de haberme follado a una chinita que no había tenido la suerte de haber sido adoptada.

Nunca me he ido de putas. Al menos eso creo. No he pagado con dinero a las mujeres con las que me he acostado. Ni siquiera una cena o un viaje. Al menos eso creo. Eso me gusta pensar. Que ni compré, ni vendieron. No tengo motivos en contra. Pero he sustentado y sustento la prostitución consumiendo porno industrial. Desear imágenes resulta más inocuo que entrar en los cuerpos. Exprimirse, más seguro que vaciarse en otras personas. Me faltan cojones. Me sobra falsa moral. Quizás no.

Cuando veo a los que llevan a gala su inmoralidad me confirmo en mis represiones y contradicciones. Ciertos modernos, que presumen de estar pasados de todo, van a a los prostíbulos de Camboya a que se les chamusquen las patillas y se les empañen las gafaspasta. Un fotógrafo discípulo de Larry Clark, Antoine D’Agata, hizo su propio viaje, como putero adicto a la meta-anfetamina, en las alcantarillas de Pohn Phem. Poco recomendable. El viaje y las fotos. Pero os he colgado la única que me gusta, porque me recuerda a Bacon (otro putero, que se autorretrataba ¿? en cuadros de amantes abiertos en canal). Y porque no acepto fácil la censura. Aquí tenéis más fotos, con el discurso correspondiente del “creador”. Y más aquí, en la exposición de una galería madrileña que acabó antes de ayer y no quise anunciar antes.

Porque fotografiar putas es fácil, se dejan pagar. Lo difícil es registrar con la cámara, hurgar con la mirada en la brageta y la cabeza de los puteros, en busca de aquello que ni siquiera ellos confiesan desear. No digamos en quienes incurren en los únicos tabús que, según D’Agata, quedan por retratar: la pederastia y el incesto. Fronteras que, de nuevo según él, tampoco merece la pena traspasar. Mañana, otro día, escribo sobre esto. De lo equivocado que está, de lo errado de su mirada.

2 comentarios:

Edi el pescadero dijo...

Cada vez tengo más ganas de visitar Camboya. No es como Disneylandia Resort París, ¿verdad? Aunque se sabe de sobra que el ratón Mickey es el gran putero de nuestro tiempo.

VSB dijo...

Al fin, doy con una propuesta sugerente para representar(nos): putas y puteros, digo, y los que no son ni unas ni otros.
http://www.contraindicaciones.net/2012/01/desnudos-una-accion-de-elgatoconmoscas.html

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