5 de julio de 2010

Transición política y storytelling (III): "RAF, Facción del Ejército Rojo"

En episodios anteriores de esta "exitosa saga" (sic), los estadounidenses tomaron Berlín y comenzó un proceso de denazificación.

Hemos repasado dos ejemplos en los que el cine contó el asunto: En "A diez segundos del infierno" una perspectiva colectiva, una alegoría en la que cada personaje anónimo representa un arquetipo tras la guerra. Una conclusión clara: aún quedan "bombas" por desactivar en Alemania pero la mayoría de los ciudadanos corrientes están arrepentidos y la historia no se volverá a repetir. Un mensaje de esperanza.

En "Requiem por un Imperio", una perspectiva individualista, centrada en el caso real de un personaje famoso en la Alemania nazi; una contraposición del protagonista estadounidense insobornable y democrático frente a su antagonista intelectual seducido por el nazismo a través de la gloria artística.

Ambas películas cierran sus relatos con la idea clara de la derrota del nazismo y del arrepentimiento de un país. Sin embargo, relatos de cine más recientes retoman el tema para hablar de cómo ese proceso ha sido incompleto. Estas películas han reflejado que ni los propios alemanes han estado de acuerdo con que el proceso de denazificación se haya finiquitado. En los sesenta, un movimiento de estudiantes cuestionó a la propia Unviersidad alemana y la acusó de estar plagada de antiguos nazis que habían permanecido en la institución unversitaria. También puso en duda el llamado "milagro económico alemán" que siguió a la guerra. Algunos de estos jóvenes siguieron sus ideas a través de la lucha armada. Esta es la historia que se relata en "RAF, Facción del Ejército Rojo", una película de Uli Edel que explica quiénes eran la banda Baader-Meinhof desde una perspectiva diferente.También contamos con otras pelis como "Alemania en otoño", una colección de cortos de diversos autores alemanes, y "El honor perdido de Katerina Blum", de Fassbinder. Ambas tratan el tema en cuestión.

Para la izquierda radical alemana, el proceso de denazificación no existió y muchos de los nazis, sobre todo de los cuadros intermedios (gente no destacada pero que suponía el grueso de los profesionales liberales), siguieron dominando la vida pública. Nos preguntamos aquí si era posible denazificar las instituciones de la manera en que quería la RAF o las Brigadas Rojas en Italia. No creo que sea una pregunta fácil de responder porque el tejido institucional estaba completamente trufado de gente que había mamado la ideología y había contribuido a ella durante años, y en cierta manera mantenían el conocimiento necesario para sostener al Estado y darle una continuidad.



Desalojarlos de la vida pública habría supuesto un enorme problema para la goberanabilidad del Estado.Un ejemplo reciente y de actualidad es Sudáfrica. Mandela sabía que había que contar con las elites blancas aunque sólo fuera porque ellos disponían de la información y el conocimiento tras décadas de apartheid.

Incluso, el caso de Irak nos hace pensar sobre qué ocurre cuando se lleva a cabo una política de "tabula rasa" con el sistema anterior, en este caso una desbaazificación (el Baaz era el único partido del régimen de Hussein). Por supuesto, el primordial objetivo de la política neoliberal de Bush no era limipiar ideológicamente a los iraquíes de su pasado dictatorial, sino cambiar la economía del país, y para ello era necesario acabar con el Estado iraquí y edificar uno nuevo. Echaron a todo el funcionariado y a los obreros de las fábricas, que fueron abandonadas. No existió nada parecido a un Plan Marshall como del que disfrutó la Alemania de posguerra. Además, curiosamente, el gobierno de EEUU, cuando comenzaron las revueltas de una ciudadanía separada de sus medios de producción, recuperó en los puestos de mando de la polícía a los antiguos oficiales del ejército de Sadam, precisamente los más ideologizados. Todo lo referente a Irak lo cuenta Naomi Klein en "La doctrina del shock".

Y por fin, llegamos al caso español. El franquismo se encontró con que la depuración de los republicanos tras la guerra dejó al país sin buena parte de sus elites intelectuales y profesionales. Un ejemplo muy conocido fue el de los maestros. Como ocurre en estos casos, mediocres franquistas se apoderaron de estos puestos aunque no tuvieran formación ni conocimiento para hacerlo. Es una de los factores por los que España quedó a la cola de Europa en poco tiempo. Por contra, en la transición política, las elites franquistas mantuvieron su poder transformadas ahora en fuerzas "democráticas", mientras que la gran masa social era pasto de un franquismo sociológico que en gran parte ha mantenido una ceguera hacia el pasado más reciente. El precio de esa continuidad se hace patente en estos días, cuando se empiezan a reconocer los fallos de guión del storytelling de esa supuesta modélica Transición política. Para muchos, el relato ya no funciona, a pesar de que España pueda ganar la Copa del Mundo de fútbol.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Apabullante curro, Edi... estos materiales debieran ser conocidos por un montón de gente; los emplearé en cuanto pueda contra la amnesia inducida de los que me rodean. Gracias por tan nutritivas mieles.

Edi el pescadero dijo...

Gracias a ti. Nada mejor que resulte útil para alguien...

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