5 de agosto de 2010

Amor, viajes y Godard

Tal vez baste ya de escribir sobre lo sórdido.
En todo viaje nace o muere un amor.
El que ahora vivo nació de unas cortas vacaciones en la ciudad donde ahora tenemos una casa.
En Singapur creí poder llegar a amar a otra mujer.

Era joven y hermosa. Lo sabía. Su labio superior era delgado; signo inequívoco de ardor sexual, leí una vez. El labio inferior, más grueso, no necesitaba referencias para cobrar significado. Y exhibía marcas de su pasado. Un tatuaje indio del Far West en su hombro. Un piercing en la boca. Una cicatriz en su rostro. Otra marca cuyo origen, como el de las anteriores, desconozco. Ni quise preguntar.

Eso que hablamos mucho, yo más que ella, durante una semana de convivencia en un hotel. Sin haber traspasado la puerta de su habitación, ni haberlo insinuado, tengo la sensación de haber quedado desnudo ante ella más de una vez. 

Eso que le tengo que agradecer. La visión de mí mismo desorientado, deseante y frustrado. Ese fue el regalo de su desdén. El deseo no correspondido obliga al autorretrato.

Por eso no la acompañe más allá de Singapur y la dejé por Camboya. Elegí viajar por la soledad, sin compañía. Teniéndome como único compañero de viaje, no cabía más que atender a mi mirada. Mirarme a los ojos.

Lo peor, como siempre, la despedida.  Nuestra diferencia de edad hubiera merecido algo más tierno. Al estilo de los finales de "Los puentes de Madison" o "Lost in translation". Pero no. Cuando me besaba hizo notar que yo sudaba demasiado. Bajó la colina que visitábamos, Bukit Timah, el punto más alto de Singapur. Y yo continué ascendiendo, sudando.

Coincidió mi vuelta con el mail de otra mujer, de su misma nacionalidad. Habíamos estado juntos hacía mucho. De vez en cuando nos damos señales de vida. La suya, esta vez, fue hermosa.




Si lo preferís subtitulado en inglés, aquí. Ahí está todo.

La necesidad de hablar, parando la vida, y desde la distancia, matando el cotidiano, hacer preguntas. La similitud entre la mentira sutil y el error. La necesidad de pasar por el esfuerzo y el error para alcanzar la verdad. La necesaria madurez del amor.

Via LaBene, grazie mille. Y también para Tânia, que sabrá leer los subtítulos y recordar.

2 comentarios:

Tina Paterson dijo...

Brillante, de nuevo.

John Fat dijo...

Godard ha cumplido 80 años. Un recopilario de imágenes (comentarios aparte) imprescindible:
http://www.viceland.com/blogs/es/2010/12/03/pero-al-final-godard-mola-o-no/

Publicar un comentario