26 de agosto de 2010

El juego del cambio

Estos días atrás he estado leyendo "El juego del cambio", un libro sobre la carrera electoral de Obama. Ahorraos la pasta y buscad algo mejor para echar vuestras horas de lectura. Si ya teníamos unas ideas preconcebidas respecto a la política en EEUU esto sólo ha servido para confirmarlas.
Hay muchos datos referidos a las cuestiones íntimas de los líderes de los partidos sin que concurra un marco teórico que le de sentido a los mismos. Más bien se trata de un culebrón político en el que los aparatos partidistas están obsesionados con:

- los escarceos sexuales de los políticos.
- la apariencia humana o familiar de los candidatos.
- los donantes.
- encuadrar al otro. Esto es lo más importante, colgarle un sambenito que siempre tiene que ver con cuestiones privadas. Por ejemplo, los del equipo de McCain saltaban de alegría cuando les pareció que habían colgado a Obama la etiqueta de "celebridad", del tipo de Paris Hilton.
- los lapsus linguae, las fotos mal encuadradas, las fotos con gente "inadecuada", etc. El candidato no puede equivocarse, porque un detalle importa más que todo un programa o unas ideas.
- las encuestas y los grupos de discusión, siempre sondeando el arcano de la opinión pública.
- la corrección política. Obama siempre se presentó como un candidato posracial, evadiendo cualquier tipo de conflicto entre las razas en EEUU.

Junto con eso, el equipo de Obama siempre quiso alejarse de los cabildeos de Washington, presentándose como alguien ajeno a la clase política tradicional.

Ni siquiera hay demasiado que leer sobre estrategia electoral, sino sólo detalles que no terminan de crear una estrategia de conjunto. Es cierto que, según los autores, las campañas fueron más caóticas que lo que cualquiera pueda creer, por lo que no parecía haber estrategias claras; desde luego no ideológicas. El público está bastante desideologizado y lo único que parece importar es:

- el aborto
- la homosexualidad
- las células madre
- las armas
- la seguridad nacional

Un candidato tiene que responder a esas cuestiones para situarse en el terreno moral delante de sus conciudadanos.

Cuando realmente hubo una oportunidad de decantarse ideológicamente, en el momento en que en septiembre de 2008 la crisis económica estalló, ambos candidatos juraron fidelidad a las soluciones que los bancos idearon para el país... y para el mundo.

Y yo pregunto: ¿Qué coño nos importará a nosotros la vida privada de esta gente? Hitler era un tipo agradable en casa, con su perro... Franco hacía quinielas (inclusó ganó una de 14)... y eso no les impidió joder a millones de personas.

0 comentarios:

Publicar un comentario