17 de agosto de 2010

Hackers, prisioneros, Academias

La ética hacker está basada en la transparencia y la accesibilidad de la información. En contra, la nueva economía de la información, el capitalismo clásico y el comunismo han preconizado la opacidad, dice Pekka Himanen, en su libro "La ética del hacker y el espíritu de la era de la información".

Recuerdo ahora que la teoría de elección racional, teoría en la que se sustenta todo el edificio neoliberal, considera que el individuo maximiza siempre sus beneficios. Para maximizarlos, necesita ocultar información a los otros. Por eso, también, resuelve el dilema del prisionero delatando a su compañero, porque, según los teóricos de este paradigma, siempre sale más rentable. Conclusión: lo contrario de la ética del hacker.

Himanen cita a uno de los tipos que más ha contribuido al desarrollo de una teoría sobre el modelo abierto de Linux.

"Raymond definió la diferencia entre el modelo abierto de Linux y el modelo cerrado, preferido por la mayoría de las compañías, comparándolas al bazar y la catedral. Pese a ser un tecnólogo, Raymond hizo hincapié en que la real innovación de Linux no era de índole técnica sino social: la nueva forma social, completamente abierta, en la cual estaba siendo desarrollado. Según sus palabras, era el cambio de la catedral al bazar" (p.55).

Raymond define la catedral como un modelo en el cual una persona o un grupo muy reducido de gente planea todo por adelantado y, luego, lleva a cabo el plan bajo su propio poder. El desarrrollo se produce a puerta cerrada, de modo que los demás sólo podrán ver el resultado final. En el modelo del bazar, en cambio, la ideación está abierta a todos y las ideas se confían a otros para ser puestas a prueba desde un principio. La multiplicidad de puntos de vista es importante: cuando las ideas se diseminan ampliamente desde un estadio inicial, todavía están en condiciones de beneficiarse de añadidos externos y de las críticas de terceros, mientras que, cuando una catedral se presenta en su forma acabada, sus fundamentos no pueden ya cambiarse. En el bazar, la gente intenta adoptar diferentes enfoques y, cuando alguien tiene una idea brillante, los demás la adoptan y construyen basándose en ella.

Más perlas del libro de Himanen:
"Una fuerza primordial de este modelo de aprendizaje estriba en que un hacker, al aprender, enseña a los demás" (p. 60).

Esa manera radicalmente democrática de abordar los proyectos es subrayada por Robert Merton cuando habla del "escepticismo organizado", que debería triunfar en la Academia:

"En líneas generales, se puede afirmar que en el modelo académico el punto de partida tiende a consistir también en un problema o una meta que los investigadores encuentran interesantes desde una óptica personal; entonces ofrecen su propia solución (aun cuando en muchos casos el mero enunciado del problema, o la divulgación de un programa sea de por sí interesante). La ética académica exige que cualquiera pueda hacer uso, criticar y desarrollar esta solución. Más importante que cualquier resultado final es la información que subyace o la cadena argumental que ha llevado a generar la solución" (p.56).

Este tipo de declaraciones le sumen a uno en la melancolía. ¿Es que alguna vez existió en la Universidad española algo así?  ¿O esta universidad no es diferente y no escapa de la crisis de confianza que arrastran las instituciones?

"La importancia de la revolución científica del siglo XVII se supone que estribó en el abandono de la escolástica y su sustitución por una ciencia que se afanaba de forma constante en alcanzar nuevos
conocimientos. La universidad conservó, no obstante, la jerarquía y el modelo escolástico de docencia, tal como refleja su vocabulario (por ejemplo, decano era en su origen el titular de un monasterio). La revolución científica tuvo lugar hace cuatro siglos, pero no encontró ni encuentra su reflejo adecuado en las universidades como base para un aprendizaje basado en la investigación. No parece lógico esperar que los métodos escolásticos de enseñanza formen individuos modernos capaces de pensar por su propia cuenta ni generen un nuevo saber" (p. 61).

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