1 de agosto de 2010

Representar a los impresentables. Pedofilia e incesto.

No son ardores estivales. Si eso buscáis, idos a los suplementos de verano de los periódicos. Y si se os pone dura o mojada, quedaos allí. Continúo aquí el post sobre putas y puteros, concebido en Camboya, para pensar en los límites de lo representable.

Desconfío de quienes filman putas y se olvidan de los puteros. Recelo de Antoine D’Agata, aunque he encontrado trabajos suyos más interesantes que aquel otro del que os hablé. Y una buena entrevista. Me molesta que afirme no importarle el tabú ; y, sin embargo, fije su mirada más en las mercenarias del sexo que en sus clientes. Aunque algún autorretrato es soberbio. Este, por ejemplo.

Si D’Agata retratase más a los puteros señalaría a a quienes asumen que que la transacción monetaria no excluye ni degrada ninguna mercancía. Exponer ante la cámara a quien paga "servicios sexuales" revela un sistema repulsivo, pero muy legitimado, de vendedores de vidas propias, mercaderes y compradores de las ajenas. La mejor prueba: le correrían a hostias de los burdeles, los clientes, los proxenetas y los policías que les amparan para repartirse la caja. Los impresentables.

Las putas no pegan, reciben. Por eso nadie retrata ni filma a quien se va de putas. Es más facilón y lucrativo, por ejemplo, llamarlas cariñosa, paternalmente, Princesas, como F. León en su película, y mirarlas con pena trufada de fascinación (sí, erótica, vergonzosa y vergonzante). Los ingredientes de la solidaridad mercantilizada.

Esas fotos y pelis de puteros sólo expresarían carencias. “Carecen de atractivo”, diría cualquier galerista o productor, porque veríamos en ellas autorretratos, álbumes familiares: el vecino de abajo, aquel pariente tocón, el amante abusador… en fin, ese Josef Fritzl que todos tememos llevar dentro y que lo reunía todo: violador/marido de sus hijas y turista sexual del sudeste asiático.

Abundan, en cambio, los documentales “sociales” CONTRA la prostitución, la pederastia y el incesto (de esto último, mucho menos). He aquí un ejemplo, además, de Camboya. Sacado de Tele5 y una de sus “campañas solidarias”. Reveladores los insertos publicitarios de “Sálvame”, “Gran Hermano” y “Sin tetas no hay paraíso”... puritita pornotelevisión. Por no hablar del personaje-reportero y sus palmaditas en la espalda a las víctimas.

En un curso de documentalismo, analizar estos productos sería una práctica obligatoria. Preguntas para su estudio: ¿Cómo sortear la mala conciencia del espectador por su deseo de ver, verlo todo?  ¿Cómo despertar conciencia social, saciando los bajos instintos? ¿Con voyeurismo paternalista? ¿Cómo retratar a los hundidos, a mayor gloria de sus visitadores, sin responsabilidad alguna de su hundimiento? ¿Cómo fundir a un reportero con un policía y/o cooperante de una ONG? Todo esto, sin menosprecio de las buenas intenciones y logros de la ONG en cuestión.

Lo mejor que conozco sobre pederastia es el documental Capturing the Friedmans. Un padre pedófilo de la peor clase: ¿también incestuoso?. Y de él habla su familia: sus hijos raros, muy raros, pero “admirables” admiran al padre… y odian a la madre. Y este otro más reciente, Entre pederastas  un reportaje. Compárenlo con el de prostitucion infantil en Camboya. El periodista-gonzo de la BBC (sí, hay teles públicas así), Louis Theroux, le da para el pelo al becario-periodistilla-pasma-cooperante de Tele5. Este excolaborador de M. Moore visita un centro de reeducación de pedófilos y nos retrata. Se dirige a quienes preferimos vernos, antes que espiar al resto… habla y mira a los que ya han pasado al otro lado del espejo y no saben cómo volver, escapar, de allí.

Estos trabajos apenas circulan por las galerías de arte o las “campañas solidarias” de las teles comerciales. Difícil, gozarlos estéticamente, por su negativa a la sublimación. Imposible, exponerlos como autopromoción o muestra de “responsabilidad” corporativa: renuncian al juicio sumarísimo y al paralelo ensalzamiento. Inútil, interrumpirlos o trufarlos con anuncios. Los espectadores no podrían cambiar de mirada tan pronto. No se pasa tan pronto de la compasión – compartir la Pasión, el dolor y el goce – a la pasión del consumo.

Pero la ficción con base documental sigue siendo la mejor forma de representar lo irrepresentable... a los impresentables. Si no las habéis visto, bajároslas ya, las pelis del magno Todd SolondzHurga en lo propio antes de turistear y policiar la miseria ajena. Encima, con humor. Negro, por supuesto. Inteligente, inquietante y luminoso. Es decir, sin morbo.

P.S. Sobre pornografía y régimen de representación sexual, lean, si quedan ganas, algo queer; por ejemplo, a su monarca español(a), Beatriz Preciado. No sé si aclara algo… pero, igual que lo anterior, da vueltas en/a la cabeza… y, a veces (pocas, la verdad), más abajo del vientre.

2 comentarios:

VSB dijo...

Creo, John, que en tu argumento te falta algo de Fat, Grasa, Manteca... Mantequilla... de la del Ultimo Tango, digo... Te faltan ganas de explorar más allá; a pesar de lo punkarra que te sueles poner.

Hay algo de moralina paternalista (sexual, social) en tu discurso. ¿Por qué la prostitución es en sí misma condenable? ¿Por qué la mirada sobre ella ha de ser de denuncia? Ya sé que no propones penalizarla; sino hacerla más rechazable, como forma de combatirla... Pero no das suficientes argumentos de peso.

¿Por qué la puta es más defendible/protegible que el putero? ¿No son ambos víctimas? ¿Es que vender y comprar cuerpos, afectos, simulaciones de esas carnes y cariños, no es una transacción legítima, si es voluntaria por ambas partes? ¿Qué tiene de condenable o degradante algo que es voluntario?

Esto es lo que hay responder.
La respuesta no vendrá nunca de una perspectiva penalizadora, pecadosa o culposa de la prostitución y su representación... Quizás tampoco apelando a representarla con tintes de denuncia social; como de hecho, propones.

Propongo estos mimbres para una teoría crítica, contraria, a la prostitución:

- Hay cosas que cuando se pone precio a ellas, pierden valor. El cuerpo y el afecto son dos muy claras.

- Esa compraventa es en si misma una degradación, responde a carencias y degradaciones previas. Nadie compra una conversación, un beso, un polvo cuando se los regalan... lo mismo se aplicar a lxs venderdores de sexo.

- Nada de esto quita, para que existan peores transacciones (muchos empleos precarios, por ejemplo) y esclavitudes (la del matrimonio convencional, p.e.)... ni putas y puteros ejemplares...

Por ahí iría: cuentos y pelis del género porno-putero moralizantes y edificantes: con moraleja y sin moralina. La denuncia siempre en las condiciones (auto)impuestas de degradación. La salvación siempre en la santidad insobornable de todo pecador, en la facultad que demuestran para sobrevolar sus carencias los más hundidos; ya sea un putón berbenero o un putero sidoso que exige hacerlo sin goma.

VSB dijo...

Otro artículo más actual del tal D'Agata:
http://www.viceland.com/es/v4n11/htdocs/fear-desire-drugs-fucking-608.php?page=4

Potentísimo final:
Aprendí a aceptar mejor la naturaleza legítima y escandalosa del éxtasis o la violencia. Aprendí a soportar el dolor: físico, emocional y nervioso. Hago todo lo que puedo para asegurarme de que sigo siendo vulnerable. Hago todo lo que puedo para asegurarme de que el miedo nunca supere al deseo, y que el deseo nunca supere a la compasión.

Hace años que no tengo casa. Tengo los mismos hábitos nómadas que he tenido toda mi vida. No veo mi odisea personal como un regreso a alguna clase de hogar mítico. Moverse hacia el vacío, el miedo a lo desconocido y el instinto de supervivencia definen la existencia humana. Yo intento estar a la altura y sobrevivir a mis convicciones, dudas y errores.

Read the rest at Vice Magazine: SEXO, DESEO, MIEDO Y ADICCIONES - Antoine D’Agata lleva una vida nada común - Vice Magazine

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