3 de septiembre de 2010

El cuarto mandamiento y el síndrome postvacacional

Contrarresta el “síndrome postvacacional”, recordando cómo te embroncaste con ellos cuando visitaste a tus padres. Alíviate pensando que falta un año (en el peor de los casos, Navidad) para montarla de nuevo.

Con los padres en la tercera edad, el cuarto mandamiento, honrarles, cobra urgencia. No lo era tanto, como exigían ellos y los curas, en la adolescencia. Entonces era imperativo deshonrarles, mancillar sus apellidos, perder la honra. Manda y miento: así respondías en tus adentros.

A lo mejor no llegó a tanto. Pero Camarón y el Tomatito cantaron la desazón posterior al encontronazo parterno/materno/filial. En realidad una jota navarra, interpretada por unos chavales que representan el hijo o la hija que no eres capaz de ser:
(Rastreado por Pedro, Pedrito, hackeando güifis, mil gracias)

Ahora los hijos propios (en su ausencia, los de otros o los sobrinos) te hacen representar al padre o madre contra los que peleaste. Todo el peso del cuarto mandamiento te cae encima cada verano. Cuando los niños denuncian el creciente parecido con quien te crió, sientes una sorpresa incómoda, cierto asco hacia la genética. Desconcertado, te embroncas con tus padres en cada visita estival. Deja el poso de una siesta sudorosa, difícil de integrar en el ficticio síndrome postvacacional que te aqueja.
Cómo afrontar las visitas a un(os) padre(s) ya mayor(es), sin catecismos ni tablas de la ley.
Te sugiero que te repitas los tres mantras de un beato hijo laico. Idóneos para cuando te veas en el espejo y en las caras ajadas de tus progenitores. Seguir leyendo.

1.- Tus padres se mueren. Tú vas camino de ello. Merecéis dignidad.
La que se desprende de un hechos insobornable y un derecho inalienable: apagarse con dignidad.
Una única perspectiva. La más dura. Porque te lleva a otras dos certezas: os falta tiempo (quizás, recursos) y no hay vuelta atrás.
2.- Sientes compasión por ellos.
Reconoces en tus padres las enfermedades incurables, propias de los cuerpos que se extinguen y las almas viejas que ya asoman en ti.
Antes de que llegue el cura con la extremaunción, arrogándose la última ayuda, concédeles las que estén en tu mano: atención, comprensión y cuidados. En círculo: atender. escuchar, entender y atenderlos.
Hasta ahora fue al contrario. Eso les pedías en tus horas malas. Y sigues haciéndolo. Pero no pueden, ni saben pedírtelo. No tienen fuerzas, ni humildad. No escucharás lo que quieres. Ni les entenderás. Ni podrás atenderles como se merecen. Repetirás sus afanes. Reincidirás en sus derrotas. Sentirás pasión compartida: compasión.


3.- No ajustarás cuentas.
Sería injusto. El mal y el bien ya están. Hechos. Las cuentas, echadas. Y ya no tenéis tiempo, excepto para recordar lo bueno y olvidar (menos aún restaurar, menos, aún menos, perdonaros) el don y el daño.
Además les puedes. Y no debieras “poderles”.
Has ganado. Aunque sólo sea porque quizás les sobrevivas.
La lucha ya está saldada. Y ahora es desigual.
Dignidad, piedad y cuentas saldadas. ¿Es que pides otra cosa para ti antes de irte?
Deja de librar batallas que tú también perderás.

3 comentarios:

dedalo dijo...

Lo que escribes en este post es muy sugerente y util, y para mi casi siempre lo util es bello. Transmites muy bien lo que piensas y sientes,y tratas las cosas pequeñas y cotidianas con mucho tacto y sensibilidad.Gracias por tus pinceladas de genialidad.

Noroeste 394 dijo...

Me he sentido totalmente identificada. Gracias

VSB dijo...

Mil gracias, sois el cielo

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