21 de septiembre de 2010

Temor y temblor_1

Bajo el título que encabeza esta entrada, el sujeto que se hace llamar Edi nos abrirá su corazón y demás entrañas para que cualquiera pueda observar con un disimulado sentimiento entre el asco y el miedo algunos de los deseos, emociones, divagaciones y reflejos rotulianos que configuran la miserable y gozosa existencia de este engendro. No pierdan su tiempo con estas notas, produzcan y consuman, que es lo que Edi debería estar haciendo.

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YO:

Levantarme ha supuesto un verdadero suplicio. Sobre todo porque, como ayer, hoy tampoco había nadie para aplaudir mi valiente gesto... tampoco se ha oído ruido de fanfarria. Siento las piernas cansadas. Ayer las puse a correr y hoy me las encuentro en un estado semi-catatónico. También me ha salido una úlcera debajo de la lengua. Me pasa siempre que descubro que Telefónica va a subir sus tarifas para satisfacer a las industrias discográficas y videográficas.

TÚ:

Por favor, debes intentar frenar esos sentimientos de envidia que te corroen por dentro y te están pudriendo. ¿No te das cuenta de que tú tienes también cosas que ofrecer? El hecho de que él sea un asqueroso especulador podrido de dinero que limpia su imagen con campañas de ayuda al Tercer Mundo no es razón suficiente para que le envidies. Si tú quisieras podrías hacer lo mismo, pero no quieres... porque... tú no quieres, ¿verdad? Al fin y al cabo los dos crecisteis en el mismo barrio, aunque sin duda él tiene las orejas desabrochadas y demasiado grandes.

ÉL:

Despertó y descubrió con sorpresa que una noche más había vuelto a dormir solo. Hizo entonces lo que creía que le apetecía: ir a... a desayunar y comprar el periódico. Se sentó al fondo del bar y decidió ponerse a escribir en tercera persona, algo así como masturbarse con la mano izquierda siendo diestro. Su abuelo le había aconsejado tiempo atrás tal técnica porque "aumenta el placer, porque es como si te la estuviese haciedo otra persona"... pero... ¿qué persona? ¿Quién estaba escribiendo, qué primera persona? Y, sobre todo, ¿por qué estaba escribiendo?  Esto le atormentaba.

Por delante, una mañana llena de emociones indescriptibles y nuevas experiencias... por ejemplo, cómo averiguar el funcionamiento del mecanismo de la cisterna del váter. Quería construir todo un edificio filosófico a partir de una pieza del mecanismo, un flotador que frenaba de golpe la entrada de agua para la siguiente descarga. Pero antes, prefería arreglarlo para poder cagar sin temor, sin temblor.

Otro día, las personas del plural...

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