20 de octubre de 2010

ABC para Euskal Herria (1)

El terrorismo arranca con la demolición del lenguaje, del significado de las palabras. El punto de partida no puede ser más ominoso: si se ceba en civiles, lo hace porque denomina objetivo político-militar a unos ciudadanos que, por su propia condición ciudadana, no acaparan cargos en gobiernos, partidos, ni visten uniformes en unidades armadas o togadas.

Más bien las sufren, como es el caso en Euskal Herria, en su devenir cotidiano y, sobre todo, si los custodios del Lenguaje del Poder denominan a sus ciudadanos y cargos electos el entorno (de ETA, se supone); procesándoles y encadenándoles por sus palabras. De ahí a hablar de autores intelectuales de actos terroristas, hay tan solo un paso. El que deben haber dado ya algunos lectores de esto al leer "Euskaherria" y haber emplazado a quien escribe en el entorno del entorno del entorno... Y de ahí, sólo te mandan a la cárcel.


Para empezar a desmontar el terrorismo hay que recuperar la palabra. La perversión lingüística de uno y otro signo, amplificada por los medios es tan sofocante que propongo empezar a reconstruir el abecedario. Cada letra va seguida de una afirmación apoyada en una serie de referencias, con información y argumentos poco o mal conocidos.

Acompáñense de un fondo musical que ayude a la reflexión cuestionando himnos y territorios.




Ahí va una propuesta de arranque, de la A a la C, y algunos links que la sustentan.
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(A) ETA, sin otra legitimidad - en su arranque - que la que le confería la brutalidad de la dictadura franquista en cuyo seno nació es, desde hace mucho tiempo y de forma manifiesta, un sujeto político  del todo ilegítimo y, aún más, inservible para los fines que dice perseguir. Esto lo reconoce ya hasta quien comparte sus objetivos ideológicos y sufre prisión por ser considerado líder del "entorno político"; el dirigente Arnaldo Otegui, condenado a prisión por no condenar explícitamente a ETA y asistir a los entierros de sus activistas.

(B) La ETA aún activa ya no es ETA político-militar; desde hace tiempo sólo satisface el último adjetivo... y a duras penas. Sus miembros y presos militantes son una facción muy fraccionada de un ejército en desbandada. Se cubren y justifican con una retórica pseudoargumental, que apenas encubre cálculos de fuerza (erróneos) y prepotencia militar(izada). De todo esto hicieron gala hace años, ante ciertas propuestas de mediación lanzadas por alguna de las corrientes emancipadoras más señaladas del s.XXI; los neozapatistas.

(C) Porque, en el fondo, ETA ha servido y sirve - en lo que a transformaciones radicales se refiere- para restar legitimidad e ilegalizar otros proyectos que sí son emancipatorios; en Euskal Herria (País Vasco y Navarra), en el resto del Estado español y en aquellos países donde se han exiliado o refugiado sus miembros.

Si interesa; por favor, comentad, para que podamos completar hasta la Z este ABECEDARIO. Recuperemos las letras, las palabras. Comencemos el diálogo.

2 comentarios:

JLV dijo...

A ver, yo tengo que hacer aquí de abogado de la hegemonía. Estoy totalmente de acuerdo con A pero no entiendo por qué Otegui no condena explícitamente a ETA, si realmente no está de acuerdo con ella.
Es cierto que el lenguaje del poder pide "condenar" y esta palabra se ha convertido en una especie de fetiche, en el que se quiere resumir todo un discurso político. Pero también es cierto que pronunciar esa palabra no es renunciar a las propias reivindicaciones y sí es tender una mano. Lo digo desde la distancia, la ignorancia y la sensación de que se nos sustrae información clave.
Recuerdo un programa de "Salvados" en el que Jordi Evolé le preguntaba a Otegui, medio en broma medio en serio, sobre la condena a ETA. Resultaba una situación surrealista porque en el fondo estaba parodiando algo que ya era parodia, ¿se va a resolver un problema porque diga que condena la violencia? Al mismo tiempo, ¿por qué le importa tanto condenar la violencia? No sé... a veces me aburre este tema por eso, porque han conseguido hartarnos, y creo que a mucha gente le pasa algo parecido.
Por eso estoy de acuerdo también con la letra C. Está claro que hundidos en el lodo de condena sí-condena no, se anegan todos los demás discursos e incluso se justifica cerrar el paso a esos proyectos.
Como último asunto, me encanta lo de "el entorno". Hasta hace poco nadie en este país tenía entorno y ahora, gracias al lenguaje del poder, todos tenemos entorno y algunos hasta tienen fuentes... fuentes de su entorno.

JLV dijo...
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