25 de octubre de 2010

Calidad de vida, ¿para quién?

A veces solemos hablar de la calidad de vida de los sitios donde pacemos. Por ejemplo, en Extremadura resulta muy extendida la opinión de que viviendo aquí se disfruta de una buena calidad de vida. Es un tópico muy propagado y también forma parte de la propaganda política del propio gobierno autonómico. Esas campañas de comunicación institucional abundan en la idea de un territorio no contaminado por el estrés, por el ruido o por sustancias tóxicas industriales.

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Si bien existen indicadores que ratifican la idea de calidad de vida, por ejemplo la calidad del aire, del agua, etc., también es cierto que hay un factor que influye mucho y, sin embargo, parece no tenerse en cuenta cuando se opina así. Me refiero al trabajo, a la labor diaria que ejercemos. Pareciera que determinados factores ambientales como los señalados antes tienen mucho mayor peso que el trabajo y, sin embargo, "el trabajo es la variable más importante para explicar la calidad de vida de la población adulta". Por tanto, no podemos generalizar y tomar la propaganda mencionada al pie de la letra.

No obstante, leyendo el artículo de Navarro se puede pensar que la definición que da de calidad de vida es bastante reducida, ya que se identifica con la longevidad. Eso es una medida objetiva, pero es obvio que se puede vivir mucho y mal. Además, existe el indicador subjetivo de la vida que creemos vivir y eso depende mucho del clima de opinión imperante, de la hegemonía política del momento y de las alternativas a las que podemos optar. Aquí mucha gente cree vivir muy bien... hasta que viven en otro sitio y/o tienen otro trabajo.

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