31 de octubre de 2010

Colonos, Martin Luther King, Tea Party ( 1 )

Hace dos días, Jon Stewart lideró una marcha por la cordura para responder a otra anterior, de hace más o menos un mes, encabezada por el Tea Party. Estos, a su vez, se apropiaron del icono de la marcha por los derechos civiles que protagonizó Martin Luther King en los sesenta. Después Leire Pajín nos aclaró que a Zapatero le pasa lo mismo que a Obama, es un progresista víctima de la derecha reaccionaria. Deslicen grácilmente la cortina de la historia del té.

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Se mezclan tantos significados en estas manifestaciones que no es sencillo ir espigando el material de tanta comunicación política y simbólica, pero lo intentaremos. Y lo haremos porque se trata de una hebra de hilo de esas que hay que seguir para entender en qué mundo vivimos. Y porque uniendo las piezas, se puede intentar esbozar una perspectiva sobre la trayectoria de la esfera política en las últimas décadas; sobre las iniciativas, las apropiaciones, las parodias y reinvenciones del género de la comunicación política. La política es como otro género literario, en el que los autores se copian, se plagian, se parodian e intentan proclamarse siempre autores de una historia colectiva de la que sólo son, como mucho, catalizadores en el mejor de los casos, Teddys-Bautistas en el peor.

En los años sesenta Martin Luther King dirigió una marcha sobre Washington, el núcleo del poder federal en los EEUU. Unas 200.000 personas demandaban para las minorías una ciudadanía efectiva a través de derechos al empleo, a la vivienda, medidas contra la discriminación racial; en conjunto, un paso en la integración social y política de un país en cuyo sur predominaba un sistema de apartheid similar al de la Sudáfrica anterior a los noventa.

En 2010, medio siglo después, el movimiento del Tea Party recupera la cáscara del acto para hacer vibrar el corazón político de los estadounidenses. Recupera el rito de la manifestación, con un significado opuesto al de la marcha de King. El Tea Party es un movimiento antiestatal y ultraconservador. Se miran en el pasado recordando la negativa de los colonos estadounidenses a pagar impuestos a un gobierno británico al que no tenían derecho a votar. El Tea Party actual reclama la reducción de impuestos, un gobierno estatal mínimo y el recorte de los gastos sociales.

Mientras que los colonos estadounidenses no querían pagar impuestos a quienes no reconocían como legitimados para ejercer el poder, el Tea Party rechaza en sí pagar impuestos y sólo pretende cargar con las tasas justas para mantener la ley y el orden. Pero, ¿qué ley y cuánto orden? Se dicen patriotas y se visten recordando a los colonos estadounidenses pero una patria sólo puede construirse con cierta igualdad y cohesión social y ésta es inviable sin la progresividad fiscal que redistribuye la riqueza. Por tanto, hace falta mucho orden cuando hay mucha desigualdad. El Tea Party no conoce la historia de los colonos.

Para falsificar la memoria, el Tea Party también toma prestado el evento de la marcha sobre Washington. Aquellos negros buscaban igualdad, mientras que estos blancos reaccionan frente a esa igualdad y reclaman el derecho a vivir sólo con normas que sacralicen la propiedad privada por encima de todas las cosas.

Alguien puede pensar que existe una paradoja con este "Partido". Salieron a la palestra con ocasión del las inyecciones de capital a los bancos que se produjeron justo en el momento en el que Bush perdía ante Obama. Si en algo estaban de acuerdo ambos, fue en trasfundir al capital privado de los bancos los ahorros del. Estado... que salían del capital privado de las familias. Resulta colosal comprobar cómo, en aras del llamado bien público, un ultraconservador como Bush y un socialdemócrata como Obama, pactaran salvar a los bancos. El Tea Party consideró el caso un ejemplo de socialismo estatal y ellos son contrarios a que el Estado intervenga en la vida de los particulares. Pero, sin esas inyecciones, ahora mismo estaríamos en la misma situación que en 1929 y los problemas habrían sido tales que, curiosamente, el Estado tendría que haber intervenido para mantener el orden. Por eso, hay que hacerles caso. Nunca se debía haber producido una intervención finaciera para salvar a los bancos. Eso habría llevado a la bancarrota real y, sólo entonces, el Tea Party hubiera comprendido por qué, para que ellos sigan diciendo sandeces, es necesario que el Estado intervenga. Por eso, Obama les da vida a esta gente... a pesar suya.

Otro día, nos ocupamos de lo que hace el bufón del reino contra la radicalización del Tea Party. Sobre la marcha del Tea Party, se superpuso la marcha por la cordura de Jon Stewart, un presentador de sátira política cuya escala de influencia, sobre todo entre los jóvenes, es enorme.

Y todo esto lo digo sumido en mis demandas personales. VSB las conoce bien. Vamos a luchar hasta el final...en parte como actividad deportiva y recreativa, en parte como justa reivindicación. Gracias.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo creo que la pareja ideal de Leire Pajín sería el alcalde de Fachadolid. Ambos aprenderían mucho del otro.

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