18 de noviembre de 2010

Entrevistas exclusivas, comunicados de la cloaca

El País muestra de forma patente, patética, su declive.
Disfraza como "entrevistas exclusivas" lo que son comunicados de prensa.

Los dos últimos casos han sido protagonizados por Arnaldo Otegi y Felipe González Márquez, que intentaron blanquear su imágen pública con el lustre del "periódico global en español" más desinflado del mundo y que nunca.
El primero en dar una exclusiva a El Pais es un parlamentario acusado y encarcelado por enaltecimiento de ETA o por no condenarla, y que ahora hace votos por la paz. El segundo fue un presidente de Gobierno que afrontó varios procesos por terrorismo de estado.

Cuando las exclusivas se pactan y mercadean blindando a las fuentes, la información deviene detritus. Lo peor de esta basura periodística, según las normas profesionales mínimas, es que caen sobre mojado y embarrado: los orines de la prensa otras heces mediáticas sobre las cloacas del estado. En suma, continua la guerra sucia por mismos medios. Seguir leyendo.

Llamarles entrevistas es un exceso. El cuestionario remitido por A. Otegi desde la cárcel es, en realidad, una misiva o un comunicado. Interesante en su contenido, sin embargo, revela el uso que nadie ha cuestionado del periódico El País como plataforma de expresión de una formación política ilegalizada. Si lo hubiera publicado Gara habría sido considerado un comunicado de ETA: ni un solo filtro a las respuestas, ni insistencia en que conteste ciertas preguntas, ni répicla por el entrevistador (inexistente). En suma: redacción unilateral de la fuente, remitida en tiempo por ella decidida y publicada en el modo pactado; con la obvia y necesaria colaboración de Instituciones Penitenciarias. Retribuciones e intercambios: El País logra "una exclusiva" y Otegi emite un comunicado unilateral de sus intenciones de paz. No es que las ponga yo en duda, al contrario. Lo que sí afirmo es que El País ha sido incapaz de ofrecer una entrevista. ¿Les parecerá menos comprometido emitir este comunicado? ¿Habrá impuesto Otegi sus condiciones? Sí, a ambas cosas. En cualquier caso, el buque insignia de los enjuagues de la Transición ofrece ahora un periodismo inane o boqueante, casi inexistente...

La "entrevista" a Felipe González sobrepasa lo imaginable. Juan José Millás, escritor estrella de Prisa,  empresa de El País que desde tiempo ha mantiene con el expresidente intereses empresariales en América Latina, monta con el susodicho un publirreportaje: muñido en un viaje conjunto de dos días, y reflejo de los diálogos sostenidos entre el plumilla y el expresidente. El escriba, desde ahora, debiera ser catalagado como "periodista de compañía"; como atestigüan los servicios prestados por el "reportero". Sonrojante.

"Hablamos durante horas en los coches que nos llevaban de un sitio a otro, en las salas de autoridades, en el tren, y a cada pregunta respondía con una conferencia, por lo que de vez en cuando desconectábamos un rato, en defensa propia, para tomar un respiro. Al incorporarnos de nuevo a la plática, González estaba pronunciando, invariablemente, una frase importante, lo que nos obligaba a tomar su discurso en marcha, jugándonos la vida, como el que se sube a un camión que corre desbocado, a cien por hora, por en medio del campo."

No hay aquí tampoco ni preguntas ni respuestas, sino un diálogo inventado, repasado, se supone, por González con correcciones y añadidos. El tono arrebolado de Millás, como mínimo, le retrata como un acompañante de pago que presenta un servicio profesional en un acto de entrega (¿lo habrá sentido o finge el orgasmo?). En todo caso parece desconocer que una meretriz debe negar dar muestras de amor al cliente. Millás, querido, besos en la boca, nunca.

Guardada en el cajón esta "entrevista" desde finales de septiembre hasta el momento oportuno, ha desatado un tormenta por esta afirmación: "Tuve una sola oportunidad en mi vida de dar una orden para liquidar a toda la cúpula de ETA. Antes de la caída de Bidart, en 1992, querían estropear los Juegos Olímpicos, tener una proyección universal... Lo simplifico, dije: no. Y añado a esto: todavía no sé si hice lo correcto."

Abyectos. Abyecto el periodista que permite a un expresidente expresarse como un perdonavidas. Abyecto el sujeto en cuestión: la historia ya le ha condenado. Y abyecto el "periódico" que le permite volver a abrazar y solidarizarse con los excargos de sus gobiernos, condenados por guerra sucia a ETA. Todos buenos, unos santos. Se refiere a un ministro suyo condenado por terrorismo de estado, a un secretario de estado condenado por malversación de fondos reservados, a un mando de la guardia civil condenado por torturas, desparición y asesinatos... todas, condenas en firme.

Porque esta es la única baza estratégica que F. González tenía asegurada con la publicación de esta pieza inclasificable: calmarles los ánimos, justo antes de la semana en la que Otegi afrontaba otra condena de cárcel y el PP (con su Brunete mediática) iba a reabrir el sepulcro blanqueado con cal viva de los GAL (27 muertos y otros 30 atentados).

Y es que los hacedores de los crímenes de estado se movían ya por las tv, reclamando implícitamente que también a ellos se debían aplicar las redenciones de condenas que les caerán a los de ETA, antes o después, de su rendición. Rendición que, además, sólo puede llegar cuando se reconozcan las víctimas de la lucha antiterrorista. ETA no puede rendirse como vencedora de nada; pero, podría hacerlo en el papel víctimas.

González, gracias a El País, abrazaba de nuevo a sus mercenarios y funcionarios del sumidero estatal, todavía en los tribunales o en la cárcel. Le iba mucho en ello. Imaginen cuánto, si el del gatillo fácil ya tiraba de la manta la semana anterior; si los que le acompañaban en aquellos tiempos desmienten sus palabras, si el que defraudaba fondos reservados le imputa conocer los crímenes del GAL y desmiente la bondas de su inhibición criminal; si el compañero de partido que preside el Parlamento le llama el Mister X que firmaba los cheques de sangre del GAL... Imaginad qué hubieran dicho, si no se hubiese anticipado. Imaginad lo que nos queda...

Lo más repugnante, si es que caben aquí los grados y lo que casi nadie ha señalado, es que González desmiente ser el gran hombre de estado que dicen. Ha vuelto a mostrarse como el "miserable prisionero del poder" que tanto le ha corrompido. No confiere respaldo alguno a los intentos negociadores del actual gobierno, que se preguntaba en publico si intentaba echarles el PP encima. La interpretación de González ofreciéndose como escudo de Rubalcaba y abriéndole la puerta de la Moncloa no encaja. Sería la primera vez que se sacrificase pro sus subordinados. Y en  ningún momento de "la entrevista" opina sobre si se debiera legalizar a la izquierda aberztale o negociar con ETA, en qué condiciones, con que límites... Nada. Sólo le importan él y los suyos. Que salgan del trullo cuanto antes, sin reconocimiento de culpa ni acto de contrición. Afirma, como sostiene la opinión púbica española, que el Estado ha sido más benévolo, más clemente que los asesinos de ETA. Reafirma esa chulería tan española de que no hay nada que explicar, nada por lo que excusarse. Te perdonan la vida y agradecido debieras estar. Lo peor es que también se la han arrebatado a rostros que nadie conoce, nombres cuya memoria nunca ha sido honrada. Esta gentuza no sólo cuenta, tiene en cuenta, sólo a sus víctimas. Es que no reconoce a ninguna otra. Y, encima, presumen de cargar con el remordimiento de no haber matado más. Miserables prisioneros de sus crímenes.

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