4 de abril de 2011

Onfray y el reencantamiento (I)

Durante el mes de marzo he andado leyendo el libro de Michel Onfray, "Política del Rebelde". Puede ser leído como un panfleto o como manual de filosofía libertaria. De cualquier forma, a mí no me gusta por igual todo el libro y tengo predilección por el primer capítulo de la segunda parte que puede ser considerado como el primer capítulo de la segunda parte... que se llama "De la economía. El reencantamiento del mundo".

Me gusta lo del "reencatamiento", movimiento inverso al desencantamiento producido por décadas ya de una Economía subida en la chepa de la Política... y no para ver mejor, sino para aplastar a esta última.

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Onfray nos ofrece a Proudhon para recuperar el encanto de un mundo destruido por el ideal ascético, primero del cristianismo; después, tomándole el relevo, del liberalismo. Antes trabajábamos para honrar a Dios, ahora lo hacemos para alimentar al Leviatán financiero.

Os dejo una frase que describe bien la "democracia de la mano invisible":

"Semejante al Dios de los teístas, el capital flotante nunca aparece directamente, sino siempre en la modalidad de la encarnación, del efecto producido, de la obra" (p.102, en la edición de Anagrama. Hay otra en Paidós. Y debería conseguirse cualquier de las dos con el P2P).

Allá va otra que yo aplicaría para entender la perpetuación de la hegemonía política, de la corrupción democrática o de la endogamia de las elites:

"El deseo mimético convierte al esclavo en un guardíán del templo en el que comulgan sus amos, porque el esclavo, aunque en vano, espera participar algún día en el festín, incluso cuando sólo le toquen los restos" (p. 102).

Frase con ecos de la unidad de destino en lo universal. Siguiendo con ello, ahí va otra:

"Aristóteles precisaba que el amo debía hacer saber y comprender a su inferior que ambos tenían los mismos intereses, cuando no una comunidad de destino. ¡Cuán aristotélicos son los que hoy en día, en nombre de esta pura y simple negación de la lucha de clases, evidencia cotididiana para quienes trabajan, quieren que el sirviente al que se ofrece una magra comida o un salario irrisorio crea que está embarcado en la misma nave que su amo, dueño de todo el resto, incluidos el cuerpo, el destino, el futuro y la salud de aquel a quien condesciende en dar una escudilla de sopa! ¿Qué intereses? ¿Quién utilizaría todavía ese lugar común, esa manida justificación según la cual los ricos son necesarios para alimentar a los pobres, la miseria tiene una función, pues sin ella no se podría practicar la sublime virtud de la caridad, y la fortuna de unos es necesaria para hacer posible la supervivencia de los otros" (p.104).

En definitiva, Onfray huye de todo sistema teleológico, o lo que es lo mismo, de todo sistema que entiende la Historia como una sucesión de tesis y antítesis que desembocan en un mundo ideal al que debemos aspirar. No confía ni el liberalismo, con su mano invisible que produce guerras necesarias para llegar a la justicia, o que destruye creativamente, o que rompe los huevos para hacer la tortilla, etc., ni el marxismo que legitimaba el Gulag para alcanzar una sociedad sin clases, ni el cristianismo que predica que no hay mal que por bien no venga, o que no hay mal que cien años dure (y recuerdo que decía mi padre, "ni hijoputa que los aguante". También decía "Dios aprieta pero no afloja").

Dejo para otro post el ofrecimiento de Proudhon, vía Onfray, para solucionar las antinomias del liberalismo que nos toca ahora.

4 comentarios:

VSB dijo...

Gracias, tus lecturas serán las mías.

JLV dijo...

Precisamente el capítulo dedicado a la Economía creo que puede tener muchos puntos de conexión con tu concepto de "democracia clerical".

VSB dijo...

Pues nada, Jose, hazte un post... y los incorporamos a la nueva edicion del libro de Opinión Pública y Democracia Deliberativa, que acabaremos una de estas décadas venideras... bicos

guss dijo...

Nos han engañado y nos siguen engañando dia a dia, esto no es una democracia, es un sistema corrupto donde solo nos dejan decidir quien nos roba.
Rebelión !

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