4 de mayo de 2011

Déjà vu


La cultura es referencial.

Sólo cada buen montón de años se generan verdaderas imágenes nuevas, puras, que con el tiempo (o en la actualidad, a la velocidad de la red) pasan a poblar nuestros sueños, pasan a ser paradójicamente familiares. Nuestra mente no crea, sino que añade, y sobre todo: borra (pero ese, es otro tema).

Fabulosamente, el siglo actual se inició con una de esas poderosas imágenes completamente nuevas. Las torres gemelas siendo mancilladas por aviones de pasajeros, estallaban, ardían y se derrumbaban catastróficamente. Nunca visto. Por ello, millones de personas se quedaron boquiabiertas delante de los televisores. Aquello, que vomitaban los canales de noticias, era material de primera calidad para nuestros sueños.

Asistíamos entonces, a la mayor creación de la cultura visual de nuestra época. De nuevo, la cuchilla de afeitar de Buñuel (otra imagen jamás antes mostrada por nadie) cortaba nuestro ojo, como aquellos aviones rasgaban y reventaban el WTC.

Al mismo tiempo, una magnífica serie de ficción, El Ala Oeste de la Casa Blanca, jugaba a la referencialidad con anticipación. Marcando los pasos de un país, que se miró en ella, en los momentos que su propio presidente, George Bush, no parecía real. La paradoja fue máxima, cuando tras haber masacrado el país, la economía mundial y destruído miles de vidas por el mundo, los americanos empezaron a clamar por el presidente de ficción (Bartlet) para huir de esa pesadilla de terror que vivieron y que les sacó lo peor de si mismos. Para acabar por encumbrar a un presidente que nacería directamente de las tesis expuestas en la serie: Obama es Bartlet. La referencia se ha cruzado, así como algunos actores o miembros de la serie han acabado participando en el equipo de gobierno de la Casa Blanca de la vida real.


Y todo vuelve a su cauce.

La serie nos sólo coincide ideológicamente con el actual líder mundial, sino que en algunos casos adelanta los hechos reales y consumados que se mezclan como otros soñados por los guionistas: la remontada de popularidad del presidente al recuperar su pundonor tras padecer el juego sucio de la derecha tontuna y el bobochorras de Trump...

Pero sobre todo, la muerte en directo del ministro de Qumar vista desde la sala de operaciones de la Casa Blanca ficticia, precursor guión sobre el reciente atentado contra Osama en Pakistán, cerrarían el ciclo del orden mundial alterado.

Devolviéndo nuestras cabezas al seguro mundo referencial, donde ninguna imagen nueva tendría por qué alterar nuestros dulces sueños.
D.

2 comentarios:

VSB dijo...

Magnífica reflexión, D.

Como denunciabas en el post del 1 de mayo, el Presidente más transmediático del Imperio hizo el Club de la Comedia para entretener a los corresponsales en la Casa Blanca. Ahora nos proyecta "El Ala Oeste..."

Mientras las pantallas proyectan comedia-ficción-información las urnas recogen los frutos de un fascismo cada vez más cotidiano y normalizado.

Un magnífico artículo de Osuna lo explica: http://www.nuevatribuna.es/opinion/orencio-osuna/2011-05-03/fascismo-cotidiano/2011050313113000257.html

Y mientras escribo esto en la Plaza de Lavapiés un mozo negro empuña un megáfono para denunciar los controles selectivos de identificación policial por el color de la piel...

John Fat dijo...

Otra lectura intersantísima de la foto y el fuera de campo. Soberbio este Kez:
http://palabradepezabisal.blogspot.com/2011/05/tipos-de-fuera-de-campo-incluye-un.html

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