18 de junio de 2011

Desobedecer al miedo

Legítima desobediencia: de frente, sin violencia (siquiera contra la propiedad), pero también sin permisos ni disculpas; con argumentos contra los palos, la multa y la cárcel. Para que la represión se vuelva contra quien la ejerce, revelando su verdadero rostro: qué defiende y el vacío ético que habita.

La desobediencia civil noviolenta ha aportado los mejores caudales de nuestra cultura política, expresando con claridad la rigidez, bloqueo o inexistencia de vías de participación ciudadana. El río subterráneo de la desobediencia aflora y periódicamente desborda las instituciones, inunda las calles. En las plazas de este país han avanzado el antimilitarismo, la solidaridad internacional, la recuperación de la memoria histórica, la crítica de base al sistema político y económico, a la manipulación mediática y, desde antes de ayer, la regeneración democrática (por decir, algo provisional, tentativo).

La desobediencia civil acabó con la mili que se justificaba como pago en especie (cientos de miles  jóvenes reclutados obligatoriamente), a los carniceros del 36. Los mismos que seguían dándonos bofetadas mientras exigían que pusiéramos la otra mejilla. Pero nos negamos a servir a quienes primero suspendieron y a los que luego amordazaron la democracia, cuando en 1981 se erigieron en nuestros salvadores.

Os desobedecimos de nuevo desde mediados de los 90 rechazando vuestra cultura del pelotazo. Preferimos al sub-comandante Marcos antes que a Mario Conde. Elegimos irnos a Chiapas en vez de costearnos las prácticas en Banesto. Saltamos de la Red a Seattle, fondeamos en Portoalegre, y con vuestro silencio nos acosaron, dispararon y mataron en Génova a uno de los nuestros: Carlo Guiliani. ¿Pensáis ahora también poner muertos sobre la mesa? A mediados de los 90 os exigimos la abolición de la deuda externa, acampando en las plazas.  Y nos impedisteis realizar consultas populares sobre ello. Hicisteis campaña prometiendo el 0’7% del PIB y nos disteis el de los Presupuestos Generales… para exportar más armas.

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El domingo 19 vamos a desobedeceros a vosotros y al miedo que nos queréis meter. El mismo que os hizo mirar a otro lado cuando empezamos a sacar nuestros abuelos y abuelas de las cunetas; antes de que los paseaseis en campaña, antes de que vuestro guerracivilismo volviese a cobrarse a quienes denunciaban la masacre y reclamaban la dignidad de los derrotados.

Os vamos a desobedecer, como cuando suspendisteis la campaña electoral de 2004  para continuarla por todos los medios a vuestro alcance. Contuvimos la rabia el 13M y denunciamos vuestras mentiras ante vuestras sedes. Lo contrario de lo que ocurrió el 23F, cuando el miedo os pudo: callasteis y nos exigís que ahora hagamos lo mismo. Pero ya sabemos lo que ocurre si no hablamos. La única conspiración seguirá siendo la vuestra: el mercadeo de nuestras víctimas, cuya representación os arrogáis en exclusiva. No olvidamos vuestras risas, vuestros insultos a Pilar Manjón. Desde entonces somos afectados. No estamos infectados sino llenos de afecto.

Desobediencia, como cuando en la campaña municipal y autonómica de 2007, señalamos el origen de la crisis que negabais, exigimos una economía atenta a las necesidades populares y nos respondisteis con nuevas mordazas electorales, hipotecas más favorables… para vuestros amos. Desobedecimos interviniendo en aquella campaña, para señalaros como responsables de aquello que negabais y aún decís gestionar: la crisis de la que somos los únicos perdedores. Y ahora, cuatro años más tarde, haciendo campaña propia – por nosotros y ninguno de vuestros partidos - hemos logrado que habléis de nosotros.

Primero nos ninguneasteis. Luego quisisteis presentarnos de nuevo como militantes partidarios. Después, cuando visteis que no desaparecíamos tras las elecciones, hicisteis que nos atendíais y entendíais, con la condescendencia del viejo ante la fuerza del joven, disimulando apenas el desconcierto. Luego nos examinasteis como a jóvenes alumnos sobre otras soluciones, cuando venís negando su viabilidad desde hace tres décadas. Después nos golpeasteis en Barcelona, para que nos encastilláramos en las plazas, se degradase el movimiento que quiere tomar los barrios y supiésemos lo que nos espera, elevando los límites de la represión tolerable. Luego nos exigisteis que volviésemos a dejar las plazas para los mercaderes y por cuestiones de salubridad. Ahora, que denunciamos vuestras políticas y ponemos nuestros cuerpos para impedir los desalojos por desahucio, nos hemos convertido en violentos. Pero vuestra higiene democrática no puede nada contra nuestra democracia viral. Nuestras demandas son tan obvias que os ahorcaréis con vuestras propias lenguas. Las iréis incorporando en vuestros discursos electorales y algún día no tan lejano, sin daros cuenta, no habrá vuelta atrás: nos tendréis que dar lo que ahora nos negáis. No os daremos tregua hasta lograr hacer reales los ideales que pervertís.

- Este domingo nosotr*s, que con la insumisión hemos hecho esta  sociedad más civil,  menos militarizada  y más antimilitarista, os mostraremos de nuevo la fuerza de la noviolencia.
- Nosotr*s, que con el 0’7 extendimos nuestra solidaridad con los pueblos que antes sufrieron vuestros  ajustes os haremos un ERE: somos vuestros jefes.
- Nosotr*s, que hemos rescatado las fotos arrancadas del álbum familiar y llenado los nichos con los cadáveres ausentes, los haremos presentes en esta democracia que a ellos les negaron y a nosotros nos dan como regalada.
- Nosotr*s, que en 2004 pusimos en evidencia que vuestros medios y partidos no nos representan y ni siquiera nos permitían votar sabiendo quien había asesinado a 200 de los nuestros.
- Nosotros, que en 2006 gritábamos que nos negabais el derecho a techo. Ahora, sin trabajo ni pensión,  cuando casi ya no tenemos derechos, hemos perdido el miedo.

Acostumbrados a mercadear con nuestro voto, ahora sabéis que lo cobramos caro. Costeamos vuestras campañas y, una vez más, hacemos la nuestra: participamos.
Nosotr*s, a quien desconocéis por habernos invisibilizado, denigrado y reprimido, no (os) tenemos miedo.
Os desobedecemos.

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