14 de junio de 2011

La fábula de la plaza y el erizo

¿Fábula?

El comienzo:
Las plazas acogieron a miles de desobedientes civiles. Como erizos lucían sus espinas sin picar(se): venían a limpiar el ágora, el semillero de la ciudadanía. Una vez más les contestaban a los guardianes electorales que “O povo é quem mais ordena / Dentro de ti, ó cidade”. Un rumor semejante al de los claveles venía del subsuelo. Los erizos acallaban, una vez más, a los parásitos de la representación popular.

El final:
Los puercoespines salieron a limpiar el jardín. Golpeados, interrumpieron su camino. Encerrados, comenzaron a mostrar sus espinas. Las palizas los paralizaron y, de paso, sirvieron para elevar la tolerancia a la represión que está por venir. Falta que venga el zorro (como aquel Sarkozy que quiso limpiar la banlieu con chorros a presión), y les arroje orín para que se abran y les ofrezcan sus vientres. La amenaza no son los acampados, sino los higienistas que cunden ante esta expansión viral de impulso democrático.

Y en medias, seguir leyendo.
En galego y una semana antes, aquí: A praza e o ourizo Xornal de Galicia.
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1 comentarios:

Stalker dijo...

Interesante reflexión Víctor, a ver si me paso más por la Tabacalera.

Saludos

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