8 de agosto de 2011

Un "reality" extraordinario

No es de la tele, por desgracia.
Acabo de leer a E. Carrère, y su novela De vidas ajenas. (Anagrama, 2011).
Obligatorio para quien trabaje o piense trabajar en algún reality show.
Para quien los odia y/o (se) proponga hacer uno que merezca la pena. Que ya sería hora.

Este ejemplo de non fiction novel narra (más bien, reproduce) las conversaciones con los protagonistas de dos acontecimientos estremecedores y reales: la muerte de la primera niña de un matrimonio y la de una joven madre de tres niñas.
¿Qué distingue este novelón, que comparan con los de Dostoyevsky o Malraux, de la McTele de "Supervivientes"?
Ahí van algunos ingredientes para cocinar un reality televisivo digno (el autor es guionista de tv), que refleja la dignidad "de vidas ajenas" y proyecta lucidez sobre la propia, porque se aproxima a ellas de modo digno. La receta resumida es esta...


(1) Saber desde dónde hablas y hablar con/de gentes que saben dónde están. Es lo contrario de fijar tu atención en personajes que disimulan quienes son porque quieren ser otros. Desean "cambiar de vida" por aparecer en tu programa, que les "cambies" la vida.
Cuenta el autor lo que presupone que pensaría de él uno de los personajes más sufrientes (su cuñado, el viudo joven, padre de las tres huérfanas): "Un vago cuñado escritor, autor nada menos que de libros considerados negros y crueles, aparecía por su casa para escribir uno sobre su mujer muerta y le rogaba que le contase su vida, y él iba y se la contaba. No intentaba mejorar su imagen, ni tampoco empeorarla. No interpretaba ningún papel, no le preocupaba nada mi opinión. No estaba orgulloso ni estaba avergonzado. Acceder a estar indefenso le confería una gran fuerza. Ètienne también dice de él, con admiración: sabe dónde está" (172).

(2) Narrar y describir los personajes con el horizonte que más nos une, el que nos reunirá a todos: la extinción, la desaparición. Es lo contrario a buscar la fama propia, manufacturando la ajena. Aquí nadie pretende contar historias ni hacer Historia, sino memoria.
 Phillipe, personaje a la que la cuñada cancerosa pide que le retrate para dejar rastro en la memoria de sus hijas, reconoce "lo que era terrible, recuerda, es que el simple gesto de sacar la cámara y enfocarla con ella empezó a significar: vas a morir" (228).

(3) Reconocimiento de lo que se es, el que retrata y los retratados. Mirándose y dialogando de frente, enfrentando incluso la naturaleza herida, la carencia o la desgracia como partes constitutivas, 
"Mi enfermedad soy yo, forma parte de mí". Es algo que repiten los personajes afectados de cáncer: sin culpabilizaciones a la herencia genética, ni concesiones a las teorías psicosomáticas que pasan la responsabilidad de lo que uno sufre a los demás o incluso a uno mismo (216).

(4) Relato coral, sujeto al control último de sus protagonistas: buscando en ellos el re-conocimiento del presente y sembrar memoria futura.
Cuando da de leer la novela a los personajes reales con el compromiso de corregir lo que el señalen: "Me sentía como un retratista que, al mostrarle el lienzo, confía en que el modelo estará contento"; va más y de hecho confiesa que es un libro escrito pensando, sobre todo, en la lectura que harán de él las huérfanas cuando crezcan" (252).

(5) Complacencia del espectador por com-pasión (pasión por la vida compartida) y no por comparación ventajosa ante la desgracia ajena o por identificación con un triunfo inexistente, exterior a la vida sufrida. 
Este libro supone el intento de un depresivo por encontrar razones para la felicidad. Lo logra en una medida modesta, recomponiendo la visión de su propia vida, tras constatar la felicidad entre las de quienes le rodean y más sufren. Entre las penúltimas líneas se encuentran estas: "He sido infeliz mucho tiempo, y muy consciente de serlo; hoy amo lo que me ha tocado en suerte, y no tengo mucho mérito porque es algo amable y mi filosofía entera se resume en al frase que habría murmurado la noche de coronación, Letizia, la madre de Napoleón: "Con tal de que dure".
"Ah, y además prefiero lo que me acerca a los demás hombres que lo que me distingue de ellos. También esto es nuevo" (259). Estas tres palabras hablan de un proceso de renovación de la mirada sobre el entorno y uno mismo. Re-elaboración hecha a partir de lo más próximo y de lo más compartido. Lucidez aplicada a lo más común y cotidiano. El objetivo: convertir en material narrativo lo que siendo lo menos extraordinario (la muerte y la enfermedad) se nos aparece como lo más trascendental. No en el sentido de trascendente, sobrenatural (no hay ni una sola línea sobre el "Más Allá", es un relato ecuménico, válido para cualquier creyente, agnóstico). Trascendental en el sentido de importante para las vidas cotidianas. Todo lo contrario de lo banal.

Preguntas que siguen planeando: ¿Qué hay en la economía-política de la TV actual que no permite llevar Vidas ajenas a la pantalla? ¿Qué experiencias son las más próximas? ¿Quiénes y qué formatos son los mejores? ¿Qué hay en esta novela que también hay en The Wire y Generation Kill, comentados en este blog como alguna de la mejor tele que hemos visto últimamente? ¿Cuál será la mirada de E. Carrère en la siguiente novela que pienso empezar hoy mismo: El adversario? En esta se ocupa no de quién sufre, sino de quien hace sufrir... si me da el cuero, os la cuento.

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