28 de octubre de 2011

La (R)evolución islandesa. No una, sino tres (I)

Lectura para el finde.
Aparecerá en un libro de Icaria, Indignaos del mundo, uníos.
Al rebufo del pastón del librillo de Hessel, vamos el pelotón de oportunistas.
Menos mal que en este caso me tocan de compas E. Toussaint, S. Alba Rico y S. Zizek.
Primera entrega hoy, mañana si puedo, más.
Resumen del argumento:
Lo importante en Islandia no fue la resistencia pragmática a los mercados (que también, vista la indigna sumisión del resto de países) sino tres revoluciones más silenciadas aún que la primera:
(1) la regeneración jurídico-ética y el horizonte de una democracia hackeada, con
(2) una nueva base constitucional escrita de forma colectiva y
(3) un modelo de desarrollo económico basado en la transparencia y la Red.
Así el reducido tamaño de la isla, en lugar de un inconveniente, permite presentarla como ejemplo revolucionario para aquellas comunidades que quieran afrontar el s.XXI apostando por una democracia marcada por la participación y el control de la sociedad civil.
En resumen dos lemas:
- La crisis como oportunidad para las poblaciones y no las corporaciones.
- Los públicos empoderados en la Red, toman defienden la soberanía popular.


Empezar a leer.



La (r)evolución islandesa. No una, sino tres. [i]
“No deja de sorprenderme el silencio que pesa sobre Islandia: el sueño que representa, la bola de cristal que nos ofrece.” (J.L. Borges).
La revolución del s. XXI lleva su primera letra entre paréntesis. No consiste en tomar el poder. Sino en atarlo corto: hacerlo participado y transparente. Dar voz al pueblo para enfrentar a los mercados y exigir responsabilidades a los delincuentes financieros podría parecer insuficiente para hablar de revolución. Y, sin embargo, el sustantivo cobra cuerpo con tres iniciativas de calado. Desplegadas al hilo de una crisis - considerada una oportunidad para la población y no sólo para las corporaciones – muestran un pragmatismo radical que, reconociendo la quiebra del neoliberalismo, remueve las raíces éticas y constitucionales de la nación. Planteando, en última instancia, un nuevo modelo económico, Islandia pretende “resetear” su democracia, “reinicializándola” con los principios hacker: controlar al poder y castigar su impunidad, con transparencia y participación.
I.- Cuanto peor, mejor (entre pocos y valientes).
El tamaño importa, pero no como acostumbramos a pensar. Tras de tres años de sufrir la peor quiebra bancaria experimentada en un país occidental, Islandia demuestra que “cuanto peor, mejor”. Constatar la debacle, la inviabilidad del camino emprendido, es el único arranque de una nueva andadura. Algo que resulta más factible de hacer a pequeña escala: son menos los que caminan. “Worse is better”. Esto no lo sabíamos. Pero a pequeña escala - “Small is beatiful” - puede conllevar un replanteamiento radical del desastre.
Con 320.000 habitantes, la salida islandesa de la crisis se proyecta mejor en una ciudad, una comunidad autónoma o en un estado federado que en una gran nación. Lo cual, lejos de restarle importancia, es acorde con las ventajas comparativas de la pequeña escala en una época de tránsito; especialmente, si la comunidad, además de muy cohesionada, tiene extensiones globales[ii]. Estas pueden provocar la crisis, pero también aportar soluciones.
La islandesa no es una revolución clásica, porque no impugna el modelo político ni el económico. La democracia representativa y la economía de mercado no han sido suplantadas. Los islandeses no asaltaron ni quemaron el Parlamento, lo abrieron al control y a la participación. Tampoco socializaron los medios de producción ni las riquezas de los plutócratas. Pero Islandia intenta refundarse con bases nuevas que podrían ser el horizonte democrático de otros muchos. La senda abierta se nos ofrece como una ruta alternativa y además factible: con resultados contrastados. Contra la deriva autoritaria del shock ortodoxo frente la crisis, Islandia muestra que las comunidades pequeñas y cohesionadas pueden declararse soberanas y marcarse un destino colectivo para reinventarse. Los pasos a dar: reconocer la debacle, purgar responsabilidades e instituir un nuevo modelo político y económico.
La salida resulta más factible si la hecatombe se reconoce sin paliativos y desde el primer momento. No pocos afirman que la negativa islandesa a pagar a sus acreedores extranjeros no era una opción. Pero la necesidad se hizo virtud. El movimiento de indignados internacional reivindica ahora el “derecho a la bancarrota” que ejerció Islandia cuando asumió su quiebra y se esforzó en reorientarla como una oportunidad de mudanza.[iii]
El plante a los mercados financieros es también más viable si las consecuencias, por la pequeña dimensión del país, no resultan tan gravosas para los acreedores. Su respuesta, en todo caso, fue intimidatoria. Transmitida, incluso, por el laborismo. Gordon Brown apeló a la legislación antiterrorista para asumir inmediatamente el control de los fondos y  bancos islandeses situados en el Reino Unido. Pero lo que cuenta es la senda de recuperación alcanzada en tres años. Ha sido posible por el margen de autonomía de la política monetaria. La corona no estaba integrada en el euro. Su devaluación provocó una tragedia social innegable, pero también la entrada de divisas gracias al turismo y exportación de bacalao y aluminio.
En suma, máxima intensidad de la crisis, densidad social y soberanía nacional son los ingredientes de la receta islandesa.  El Big Bang en una probeta. Algo que bien pudieran ensayar otras comunidades para disputarles a los especuladores la crisis como una oportunidad.
II.- La revolución que nunca existió, la económica.
“Congratulations for being in crisis, we hope yours is as bad as ours”[iv].
Después de haber sufrido una crisis brutal, sobrevenida en apenas una semana, Islandia no se plantó ante el FMI o “los mercados”. No hizo la revolución que invocan algunos apologetas. Que el más destacado sea el Presidente de la República, que también lo fue en la época de expansión neoliberal más feraz, debiera despertar recelo[v]. Islandia no es una isla insurgente, pero sí hace emerger las ventajas de decir NO a ciertas imposiciones de los mercados y los organismos internacionales.
En dos ocasiones, recurriendo a la democracia directa, los islandeses se negaron a plegarse a la metodología que imponían los mercados. Plantaron cara, pero no han cuestionado los principios. No han aceptado ni los plazos ni los intereses de la deuda externa, pero aplicaron los preceptos del capitalismo financiero y han sufrido sus costes. Cuando Noemi Klein* o Manuel Castells[vi] citan el caso islandés, tienden a magnificarlo[vii]. En verdad Islandia no ha incurrido en herejía alguna, como mucho ha sidorminos sociales y tal en t no resultaida ise proyecta mejorltamente internacionalizada, pero que no ha renunciado a su principalsí heterodoxa. Lo suficiente para que, constatada la anemia de la izquierda gobernante en otros países, hablemos de (r)evolución.
En 2007 la renta media de Islandia era la quinta del mundo (160%  de la de Estados Unidos)[viii]. Pero tras la quiebra de Lehman and Brothers, en septiembre de 2008, los tres grandes bancos islandeses colapsaron y fueron nacionalizados En noviembre la corona islandesa había caído de un tipo de cambio de 70 a 190 coronas por 1 euro. A este abismo se veía abocada una isla que, independizada de Dinamarca en 1904, no comenzó a desarrollarse económicamente hasta la década de 1980. Entonces unas nuevas elites controlaron el hegemónico Partido de la Independencia.
Liberalizaron las cuotas pesqueras poniéndolas en venta, alquiler o hipotecas. Sobrevino la consiguiente desestructuración de las poblaciones costeras, entregadas de repente al consumo y ocio. Grandes sumas de dinero fluyeron hacia los bancos; sobre todo, como (obligatorios) fondos de pensiones. El pilar social islandés se hundió con la desmembración de un sector económico clave, entregado a partir de entonces a las transnacionales.
A mediados de la década de 1990 Islandia accedió al Área Económica Europea - bloque de libre comercio de la UE - con Liechtenstein y Noruega. El gobierno eliminó las restricciones de los flujos trasnacionales de capital, bienes y servicios. Inició la venta de activos públicos y la desregulación laboral. Y, como venía siendo costumbre, los partidos se repartieron los bancos. En 1998 el Landsbankinn fue asignado al Partido de la Independencia; y el Kaupthing,  al Partido del Centro, su socio de coalición. Después, se crearon un tercer banco privado y, en 2008, el Icesave, la extensión digital para el extranjero de Landsbankinn, con una desregulación casi total del mercado de dinero.
La opacidad financiera, el bacalao y los geiseres serían las tres turbinas económicas. El “turbocapitalismo” convertiría la isla en un paraíso fiscal. La pesca, en manos de grandes compañías, se desvinculaba de su tejido humano. Y la energía geotérmica se destinaría a la contaminante fundición de aluminio. Durante unos años de “capitalismo vikingo”, todo fue aire. Hasta que la burbuja reventó. Centrándonos en los bancos, se embarcaron en comprar y vender acciones entre sí, con el único fin de elevar el precio, subir la cotización sin que entrara nuevo dinero. A fines de 2007, los «activos» conjuntos de los tres bancos representaban casi el 800 por 100 del PIB islandés. En primavera de 2008 saltaron las primeras alarmas. Meses después, la Ley de Emergencia Nacional decretaba la quiebra, la suspensión de pagos y la nacionalización bancarias. Un “corralito” de 2.000 dólares prohibía aún en 2011 sacar del país cantidades mayores de dicha divisa por mes y por viaje. En última instancia, los pensionistas y los hipotecados (sobre todo en moneda extranjera) perdieron todo lo que no eran sus depósitos.
Pero a finales de 2011, la economía islandesa, tras más de dos años de recesión, apuntaba mejoría: el PIB retornaba a la senda del crecimiento, el déficit se reducía y el país volvía a acceder a la financiación exterior (y a pagar a sus acreedores)[ix].  Las medidas pudieran parecer idénticas a las impuestas al resto de paon graves consecuencias parae latejido humano. istencia pragmtarse a  La diferencia, insisto, no son los principios econl íses:
Se inyectó el 20% del PIB a los bancos. Y se redujo el déficit casi a la mitad (del 13% en 2008 al 8% en 2010) con las prescripciones consabidas: (a) Subiendo los impuestos sobre las personas físicas. Un trabajador con un sueldo neto de 1.500 € mensuales llegó a pagar casi 800 € más por año que antes de la reforma. (b) Se rebajaron los impuestos de sociedades y fortunas. (c) La inflación llegó a aumentar un 31%, con grave daño para las hipotecas indexadas al IPC. (d) Los salarios reales habían descendido una media de 12%. (e) Y, finalmente, el recorte de gastos en sanidad, educación, pensiones y administración suponía el 3% del PIB en 2011.
La heterodoxia reside en tres importantes matices que acompañan a los anteriores ajustes, y que así se presentan como una resistencia pragmática a los mercados.
1.- Se rescataron sólo los bancos nacionales, a cambio de nacionalizarlos y forzando la dimisión de los gestores que llevaron a la debacle. Obviar esta purga implica renunciar a lo que apenas ningún otro país ha hecho: denunciar públicamente a los responsables de la burbuja. No han podido meterlos en la cárcel, pero sus nombres y errores son públicos, con procesos abiertos, órdenes de busca y captura y prohibiciones de salida del país.
2.- La deuda extranjera se pagará, pero según dictaminen los tribunales internacionales. La sujeción a la legalidad internacional fue posible gracias al voto ciudadano, que recuperó soberanía frente a los mercados. La población exigió dos referenda y más de la mitad de los votantes rechazaron por dos veces los términos de devolución propuestos por el Gobierno. Una constatación, por tanto: la población y no los gobiernos se enfrentan a los mercados. Y otra verificación: estos no son rencorosos. Las agencias calificadoras mejoraron el rating de la deuda islandesa, semanas después de que el Presidente de Islandia les negara importancia. Los mercados carecen de sentimientos. Por tanto no son resentidos. Según el FMI la economía crecería un 3% en la segunda mitad de 2011 y primera de 2012, permitiendo que Islandia emita deuda pública para autofinanciarse.
3.- Los recortes afectaron a un estado de bienestar muy desarrollado. La tasa de paro ya no alcanza los dos dígitos. Las cifras serían mayores sin los 10.000 islandeses que habían emigrado a la altura de 2011 o si los requisitos para figurar en el paro fueran menos estrictos. A pesar de ello, los islandeses son menos ricos que antes de la crisis, pero están mucho mejor que el resto de poblaciones europeas sometidas a ajustes.
Las enseñanzas parecen claras: (a) la resistencia rinde más que la sumisión, (b) la ejercen las poblaciones y no los gobiernos (aunque ayude que sean coaliciones de izquierda). Recuperado un margen de autonomía nacional, (c) es posible renegociar, apelar a instancias internacionales y sacar la cabeza. Para, a pesar del sacrificio, mantener la dignidad necesaria y (d) proyectar la mirada hacia nuevos horizontes.


[i] Este texto recoge información de diecisiete entrevistas a expertos, intelectuales, activistas y políticos islandeses realizadas al hilo del documental Puffin Away [www., http://puffinaway.com/], a cuyo equipo agradezco su colaboración. Mi deuda también con María Elvira Méndez Pinedo,  profesora de la Universidad de Islandia, y cuyos comentarios han supuesto un apoyo inestimable y a veces aparecen como propios en el texto.

[iv] Con esta frase nos recibió, Birgitta Jondosttir, la parlamentaria más conocida de The Movement; el nuevo partido que, organizado en unos pocos meses, entró en el Parlamento tras surgir de la llamada revolución de las caceroladas.

[viii] Los siguientes datos proceden de R. Wade y S. Sigurgeirsdóttir. 2010. “Lecciones de Islandia”, New Left Review, 65, pp. 5-29.
[ix] Los datos proceden de estadísticas oficiales de Islandia y de los organismos internacionales. Han sido contrastados y algunos argumentos figuran en  la información y el debate en http://www.elsentidodelavida.com/2011/09/el-lado-oscuro-del-milagro-islandes.html


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Avisa cuando salga el libro....
FER.

no nos engañemos, el tamaño si importa.

VSB dijo...

Prometido que sí, avisaré cuando junte algunas de las cosillas que voy colgando aquí.

abrazos

Publicar un comentario