17 de noviembre de 2011

Hackear el periodismo.

Os suelto una primera entrega de mi último parto, tras tres charlas en Logroño y València.
El título completo: Hackear el periodismo. Resetear la democracia.
Resume muchas cosas ya escritas aquí. A ver qué os parece.
Podría ser la intro a un panfleto venidero. El subtítulo:
O de cómo Assange quería establecerse en Islandia y acampó en Sol.
En este hablo de ciberactivismo y Wikileaks. En las siguiente entrega del 15-M y de Islandia.


Este texto aborda el impacto de Internet en el sistema de representación democrática[i]. A lo largo del s. XX el periodismo acabó sometido a los medios de comunicación masivos. Estos se convirtieron en fines en sí mimos, haciendo del lucro empresarial su objetivo único o prioritario; en todo caso, antepuesto a (y, por tanto, a costa de) la información como bien público indispensable para la democracia. Mientras los periodistas profesionales dejaban de (o no podían) ejercer de contrapoder, los partidos evolucionaban en burocracias jerarquizadas. Cada vez más desligados de la participación ciudadana, se centraron en recaudar votos para copar puestos en la Administración. Nada en contra, excepto que desplazaron el objetivo de la transformación social por la gestión de lo existente y, por ende, acabaron subordinados a un Mercado fuera de control.
Internet (y, en concreto, las redes sociales que en la actualidad representan su mayor frente de expansión) son tecnologías disruptivas del juego democrático tal como lo concebíamos. Internet es la Red Social por excelencia. Ha removido las estructuras mediáticas y partidarias, materializando una crisis de representación tan grave o más que la económica. Las fisuras abiertas hasta el momento tienen como máximos exponentes las filtraciones de Wikileaks, las cibermultitudes del 15-M y ciertas (r)evoluciones entre las que esbozaré el caso islandés. Son procesos en marcha, abiertos a la mudanza o a la regresión. Pero nos ayudan a repensar el periodismo, la política y los proyectos nacionales que se habrán de fraguar en el s.XXI. La alternativa contraria ya la conocemos: el neopopulismo autoritario con un mercado mediático y político subordinados a la economía especulativa. Una democracia, en fin, de audiencias consumidoras, compatible con el recorte de derechos civiles y sociales, mientras las empresas de comunicación y los gobiernos actúan de terminales informativas y gestoras del poder económico. Comenzaré con una clarificación conceptual y terminológica de las redes sociales, para abordar luego las peripecias de Julian Assange, la Spanish Revolution e Islandia.
1- Los SRS [Sitios de Redes Sociales] y el ciberactivismo.
Los SRS constituyen el circuito mediático de la Internet (la Red Social con mayúsculas) con mayor tasa de crecimiento de usuarios y de creación de contenidos multimedia por parte de los cibernautas. Potencian una comunicación masiva a través de tecnologías personales. Al haber transformado el esquema comunicativo de los blogs, donde aún prima un autor individual o colectivo, en otro masivo: donde muchos se comunican con otros muchos.
Los SRS permiten construir un perfil (semi)público en un listado (más o menos cerrado) de otros usuarios que tejen un entramado interactivo de conexiones. Ese entramado puede ser centralizado y centralizador, como en Facebook; o abierto, como en N-1 (la red del 15M). En todo caso, los SRS reproducen comunidades presenciales, las expanden o crean como nunca antes había ocurrido en la Red. Son medios “contagiosos”, inherentemente sociales, que promueven y trasladan sus debates a los medios mayoritarios. Frente a estos, ofrecen un impacto cognitivo mayor, basado en las relaciones (inter)personales que movilizan. De ahí su importancia para etiquetar, organizar y movilizar viralmente afinidades sociopolíticas.
Los SRS ofrecen una estructura de interacción a medio camino (o que combina) grupos muy cohesionados fuera de las pantallas y otros que lo están menos y se gestan en la Red. En uno de los polos se encuentran MySpace o YouTube, que se orientan a comunidades virtuales poco unidas con usuarios muy dispersos. En el otro extremo figuran los Sistemas de Redes Sociales Móviles (“mobile social network system”, MSNS) basados en la telefonía digital. Muy extendidas en la población permiten una comunicación continua y personalizada. Facebook, Twitter y, entre los jóvenes españoles, Tuenti, son los iconos nuevos de Internet.
Los dispositivos móviles aumentaron geométricamente la extensión de las redes sociales. No sólo por cuestión de portabilidad o la conexión permanente, sino también por confianza (y, por ende, impacto). Baste señalar que, como máximo, “abrimos” uno de cada cuatro correos electrónicos no solicitados, mientras que leemos el 95% de los SMS que recibimos. Twitter, una infinidad de micro blogs con caracteres limitados, viene a equiparar una entrada de blog con un mensaje de texto; de ahí, parte de su éxito.
Entre las muchas confusiones inadvertidas y fabricadas que nos invaden destaca la que identifica redes sociales con medios sociales o comunitarios. Cabe aclarar que los últimos persiguen la auto-sostenibilidad económica (no el lucro), para mantener una independencia que permita cumplir un fin social: sostener y hacer avanzar una comunidad, su identidad e intereses. Si nos dejamos llevar por el lenguaje promocional, incurriremos en errores no exentos de peligro. Baste señalar dos: idealización y absolutización.
(a) Los SRS (e Internet en general) son tecnologías tanto de autonomía como de control. Su fin es económico y se cifra en el data mining o la extracción de información para formar bases de datos. Puestas a la venta, representan un enorme negocio, como pieza clave de cualquier campaña de marketing comercial o electoral. En manos de los servicios de inteligencia representan un potente instrumento de guerra y represión interna.
(b) La absolutización considera erróneamente que el impacto político-social del activismo digital no precisa de comunidades reales (redes de carne y hueso, mujeres y hombres) ni de los medios masivos (en concreto, la televisión, el medio aún hegemónico). Sin presencia en la calle o en las teles, la tecnopolítica pierde gran parte de su fuerza. Sin Al Jazeera sería dudoso que se hubiera extendido la primavera árabe. Sin aparecer en los telediarios, el 15M no sería conocido por la población que no accede a Internet, menos aún a los SRS. Sólo el 12% de los hogares españoles con conexión a internet participa en alguna red social, frente al 35% de los europeos.[ii]
Tendemos a pensar en la tecnología como palanca prodigiosa de progreso o amenaza de apocalipsis. Y nos preocupan sus efectos sobre los individuos. Una imagen extendida es la de los jóvenes aislados en sus pantallas, alienados y autistas al contacto físico. Pero lo cierto es que los nativos digitales (nacidos con Internet) combinan y refuerzan sus relaciones online y offline, hasta tal grado que resultan indistinguibles. Suelo citar a este respecto que, cuando abrí mi cuenta en Facebook, el único que no lo usaba para citarse o quedar con amigos, para felicitarles el cumpleaños o reír sus gracias, era yo.
Antes de proyectar patologías (en realidad, miedos) de unas tecnologías que ni conocemos, ni usamos bien, ni sabemos cómo evolucionarán, propongo pensar en términos institucionales y sociales. Ahí las disfunciones son evidentes. Pero no para nosotros, sino para las burocracias que han hecho de la comunicación y el debate público su principal tarea. Frente a ellas la Red facilita la comunicación horizontal, colaborativa y gratuita. Estos tres rasgos han quebrado los monopolios profesionales del periodismo y la política. Porque podemos convertir nuestros ordenadores, móviles y tabletas en medios de comunicación y nodos políticos de alcance masivo.
Los tres rasgos señalados resultan radicalmente opuestos a los que acabaron de perfilar la prensa corporativa y los partidos en el s. XX. La colaboración horizontal entre iguales que permite la Red se opone a la división jerarquizada del trabajo y a los privilegios de quienes ocupan los puestos superiores. Frente a sus conocimientos y capacidades, siempre limitadas, surge la inteligencia colectiva que, bajo ciertas condiciones, asegura resultados muy superiores al más insigne comité de sabios que pueda reunirse[iii]. Incorporada a organizaciones e industrias, está generando nuevas formas de producción y distribución en economías abiertas y colaborativas[iv].
Ligado a lo anterior y opuesto a la mercantilización capitalista, la cultura digital favorece lo gratuito y el procomún. Frente al patrimonialismo, prima el placer de generar bienes y servicios que consumimos y compartimos sin pagar ni cobrar dinero, pero añadiéndoles valor. P.e. cada vez que compartimos un link de una noticia, redifundimos la publicidad asociada y le conferimos una credibilidad adicional. Las retribuciones no son monetarias: el intercambio frente a la venta, el gustazo de compartir lo que encanta o, ¿por qué no?, la búsqueda de reconocimiento.
Por último, lo digital traspasa fronteras. Borra los límites espaciales con su alcance potencialmente global y casi en tiempo real. De ahí que, en plena crisis de control tecnológico (cuando Internet aún no está controlado por el Estado y el Mercado)[v], hayan entrado también en crisis los políticos y los periodistas. Si los primeros son considerados el tercer problema más importante de España[vi], los segundos constituyen uno de los gremios más precarizados, con ERE continuos y empresas incapaces de renovar audiencias[vii].
Carl Schmitt escribía que la representación arrastra el drama de representar la ausencia de los representados. El pueblo invisible sólo se hace presente con los representantes. Y este drama (porque la representación vacía de poder al Pueblo)[viii] se vuelve tragedia cuando la ciudadanía se presenta en las plazas y se representa sin pedir permiso, convocándose y manifestándose con sus propios medios. Crea así un nuevo espacio público, por necesidad antagónico. A nadie le gusta acampar en una plaza acosado por la policía. Si lo hace es porque cree que las noticias son las mentiras del poder; las elecciones, un mecanismo de turnismo pactado; y los planes de desarrollo, urbanizaciones que miran hacia el abismo.
Las nuevas formas de activismo residen en recodificar los programas[ix]. Intentan cambiar el código base del periodismo y de la democracia, revirtiendo sus procesos en contra de las estructuras de poder impunes. Es lo que persiguen los hackers o hacktivistas (no confundir con crackers, que son “los malos”). Y es a lo que se dedican los buenos programadores. Hacer, en lugar de hablar. Ofrecer respuestas y soluciones sencillas a problemas complicados (lo mismo que pretenden periodistas y políticos). Pero dándole la vuelta al sistema, poniéndolo a funcionar contra sus arquitectos y gestores. En definitiva, se propone que en lugar de afrontar la crisis con miedo, la aprovechemos como oportunidad para las poblaciones y no sólo las corporaciones. ¿Cómo? Desarrollando desde la autonomía que permite Internet prácticas políticas de control y transparencia. Mientras los SRS nos sirvan, adelante. Cuando dejen de hacerlo, ya inventaremos otra cosa y migraremos a ella.
2.- Wikileaks.
Sólo los medios corporativos y las facultades de comunicación lo niegan. Por la cuenta que les trae. Su ca ciberpunksural de su madre, la e dinamitar desde los 80 del s.XX. portunidad para las poblacionesnacional unída sería aún más dura. Wikileaks ha abierto el camino para recuperar el periodismo como arma de combate contra mentirosos, corruptos e incompetentes. Nadie se ha cobrado más piezas que Assange. Con él el periodismo ha vuelto a ser un arte de caza mayor, un deporte de combate: contrapoder que no quiere poder.
Wikileaks se tejió en las redes de la contracultura y los movimientos alternativos que la revolución conservadora se ha encargado de dinamitar desde los 80 del s.XX. En la biografía de Assange confluyen el neohippismo rural de su madre, la ética hacker y ciberpunk, la antiglobalización y las ONG… y al final, ya lo veremos, el sueño de un país soberano, de hielo y fuego[x].
Si algo ha dejado claro Wikileaks es una enseñanza triple a los cinco medios con los que pactó la gestión de los cables diplomáticos estadounidenses. 1.- El alcance de la gratuidad, al brindarles el usufructo de una información de valor incalculable en el mercado del espionaje. 2.- Las enormes ventajas de la colaboración; chocando de plano con la periclitada definición de “exclusiva periodística” y acompasando varios diarios y un semanal (Der Spiegel). 3.- Y cómo los medios pueden formar una red transnacional, garantizando un marco común de (a)legalidad desde el que representar los intereses de la sociedad civil global. En breve: el New York Times blindaba, gracias a la Primera Enmienda norteamericana, al resto de los diarios. Actuaron así en el marco (a)legal necesario para combatir a quienes hasta ahora se habían beneficiado de tal estrategia: las transnacionales y los ejércitos mercenarios, los capos del narcotráfico y los especuladores financieros…
Los papeles de Afganistán (en especial, el vídeo Collateral Murder) y el Cablegate de la diplomacia estadounidense marcan el inicio del acoso de EE.UU. y de sus brazos corporativos. La negativa de Mastercard, Visa y Paypal a procesar las donaciones a Wikileaks son la censura capitalista a la liberación de información que antes había despertado la represión china y de las dictaduras asiáticas y africanas cuyas disidencias había apoyado la organización de Assange. Bradley Manning, el supuesto filtrador, permanece preso en un Guantánamo que, instalado en el seno de la democracia estadounidense, aplica a rajatabla los métodos de las purgas estalinistas. Wikileaks ha perdido el 95% de sus donaciones (único modo de financiamiento) y Assange puede ser extraditado, primero a Suecia y luego a EE.UU., para convertirse en reo del Gran Jurado de Virginia (habilitado para aplicar la penal capital).
Esta represión, apenas denunciada por los antiguos medios colaboradores, podría convertir (incluso con cobertura mediática) a Assange y Manning en falsos mártires de la libertad de expresión: víctimas y no ejemplos a seguir. Pero los intentos de esos mismos medios por replicar buzones donde recibir filtraciones anónimas o los fichajes de antiguos colaboradores de Wikileaks en sus redacciones muestran a las claras que el nuevo periodismo no podrá hacerse sin la complicidad de la ciudadanía más empoderada en la Red. Igual que la política que pretenden poner en práctica las nuevas generaciones de electores. El voto (como la información) va unido a la participación y a la transparencia o se convierte en cheque en blanco a la opacidad.


[i] El título avanza el de un panfleto que reunirá algunos de los escritos citados en este ensayo. En dichas referencias se pueden abundar y contrastar con datos los argumentos aquí apenas esbozados. Me debo, en gran medida, a los diálogos mantenidos en http://propolis-colmena.blogspot.com/. Las entradas de “redes sociales”, “Wikileaks”, “cibermultitudes” y “15M” contienen numerosa información que avala lo aquí expuesto. Gracias a todas las abejas de la colmena y larga vida a la Reina Republicana.
[iii]e trata de elizaci Thomas D. Seeley, Th. D. (2010) Honeybee Democracy. Princeton University Press.
[iv] Surowiecki, J. (2009) The Wisdom of the Crowds. Londres, Abacus.
[v] Sampedro, V. (2006) “¿Redes de nudos o vacíos? Nuevas tecnologías y tejido social”. Documentación social. Revista de estudios sociales y sociología aplicada,  nº 140, Ed. Caritas Editores, Madrid. Disponible en www.victorsampedro.net
[vi] CIS. Estudio nº 2.914. Barómetro de octubre. Pregunta 7.
[vii] Sampedro, V. (2009) ”Periodismo ciudadano, precariedad laboral y depauperación de la esfera pública” en Pérez Herrero, P.;  Rivas Nieto y Gelado Marcos, R. (Coordinadores) Estudios de Periodística XIV - posibilidades y riesgos para el discurso informativo. Ed. Universidad Pontificia de Salamanca. Salamanca. Disponible en www.victorsampedro.net
[viii] Schmitt, C. (1983) Teoría de la constitución, Madrid, Alianza.
[ix] Castells, M. (2009) Comunicación y poder, Madrid, Alianza.
[x] Sampedro, V. (2011) “Wikileaks. La revolución está siendo televisadaRevista Razón y Fé Nº 1.348. Disponible en www.victorsampedro.net

2 comentarios:

fernando dijo...

para cuando una charla en Galicia....

Anónimo dijo...

vale la pena oirlo, dadas las condiciones de mala salud política en que nos encontramos, os aseguro que es terapéutico.

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