23 de noviembre de 2011

Resetear la democracia

Esto ¿pedía?, ¿anunciaba? Público ayer.
Demasiado poco. Además de eso, hay un actor "responsable" del dato más importante de las EG2011: El hundimiento del PSOE, de su estrategia de recolectar votos con el miedo a la derecha. Y un programa político que Islandia propone desde hace años para un Gobierno en la Sombra, de la única oposición que tendrá la mayoría absolutísima: regeneración ético-jurídica, rescritura colectiva de la Consti y nuevo modelo de desarollo.
La segunda parte de "Hackear el periodismo", el paso siguiente, ahora y desde ya.


3.- 15-M y la Spanish Revolution
Las movilizaciones del 15 de mayo constituyen la puesta de largo de un movimiento de movimientos e individuos gestado hacía tiempo. Las cibermultitudes se autoconvocaron, como habían hecho en el Prestige, el No a la Guerra,  el 13M de 2004, y las sentadas por una Vivienda Digna. Fueron grandes movilizaciones, algunas superiores en seguidores y calado a las de la transición o, más recientemente, a las programadas por el PP durante el primer gobierno de Zapatero. En todos estos años una pregunta, apenas formulada, tiene ahora respuesta ¿Quién socializaría políticamente a todas esas generaciones que saltaron de la Red a las playas de Galiza en noviembre de 2002 y que, desde entonces, han ocupado con intermitencia las calles hasta tomar las plazas?
El 15-M es fruto de su confluencia con movilizaciones precedentes. La insumisión al servicio militar (1989/1996)[i], el 0’7% (1994, primera acampada, hasta la sentada ante el Congreso de 2000)[ii] y el altermundismo (la antiglobalización que a partir de 1999 en Seattle sumó ecologismos, feminismos y nacionalismos internacionalistas, anticapitalistas y/o indigenistas). La primera manifestación mundial, en contra de la invasión de Irak, en febrero de 2003 sería señalada como la puesta de largo de “una opinión pública mundial”. La antiglobalización pareció desvanecerse por represión (el asesinato de C. Giuliani en 2001 en Génova) y éxito. Algunas de sus banderas – el 0.7% del PIB para la cooperación, la Tasa Tobin – han acabado siendo recogidas (y vaciadas de contenido) en programas electorales y de gobierno que ahora prometen sostenibilidad y gobernanza global.
Con mirada histórica esta genealogía del 15M lo presenta unido a las movilizaciones sociales que enfrentaron los consensos de la transición española, con Internet como lugar de encuentro y socialización[iii]. La insumisión representó el rechazo al ejército franquista, supuesto garante del cambio democrático. El movimiento del 0’7% enfrentaba el desarrollismo del “pelotazo” económico avalado por la socialdemocracia. Sus seguidores se reconocieron en el zapatismo tras criticar los fastos del 92. Y el altermundismo opuso los cuerpos de los manifestantes a las estructuras del G20, FMI y BM en las contracumbres. Denunciaban la “doctrina del shock” (N. Klein) aplicada ahora en nuestras sociedades.
Todas esas movilizaciones se caracterizaron por la desobediencia civil noviolenta: negarse a la mili y la prestación social, practicar la objeción fiscal, acampar en la vía pública y convocar referéndums sin permiso oficial, tomar las calles, bloqueándolas mediante la acción directa noviolenta. Repertorios estratégicos, tácticas y discursos que se nutrieron y expandieron en la Red, confluyeron con otros nuevos y alcanzaron escala transnacional.
El Prestige despertó la auto-movilización de los jóvenes contra la economía del petróleo y sus guerras[iv]. El “No a la Guerra” desbordó de nuevo a la izquierda oficial relegándola con convocatorias autónomas. Los más activos exigieron en la jornada de reflexión del 13 de marzo de 2004, tras tres días de confusión y mentiras, “la verdad antes de votar”. Denunciaron que el sistema político-informativo no servía siquiera para eso. Reafirmaban el suelo, salvaban la línea de flotación de la democracia[v]. Quien entonces tenía diez años pudo votar por primera vez en 2011, pero está en paro o es becario y/o precario. Apenas dos años después del 13M, el Movimiento por una Vivienda Digna señalaba que el horizonte económico de las nuevas generaciones ni siquiera contemplaba el derecho a techo. Esa muralla al desarrollo personal y familiar se ligó a la burbuja inmobiliaria que acabaría estallando, tras degradar no sólo el medio ambiente, sino también unas instituciones políticas cada vez más corruptas.
En ese caudal de activismo ciudadano, al margen y en contra de los medios y los partidos, convergieron jóvenes y no tan jóvenes que durante dos décadas han defendido la neutralidad de Internet (igualdad entre usuarios sean cuáles sean los datos que transmitan). Han creado la Red como ámbito de autonomía, debate y movilización, y generado una impredecible sinergia entre la política online y offline. En las Elecciones Generales de 2008 se opusieron al canon digital (que graba todo dispositivo informático por presunción de piratería). Ya en 2011 ayudaron a Wikileaks, replicando sus filtraciones, en especial, las que desvelaban la ley Sinde como fruto del lobby de la industria norteamericana. Contemplaban con envidia las primaveras árabes. Y finalmente para sorpresa de muchos, se autoconvocaron, tomaron Sol y acabaron con la campaña electoral de 2007. Esta fue invisibilizada por una crítica radical que sin embargo se demostró consensual. La mayoría de las encuestas avalan el rechazo de ¾ partes del electorado a un bipartidismo de facto con políticas económicas idénticas, a una ley electoral que las blinda y otra ley de transparencia aún inexistente (anomalía donde las haya en la U.E.). En definitiva, el nuevo activismo salvó el suelo de nuestra democracia en 2004 y desde entonces ha elevado su horizonte reclamando una economía social de mercado y más calidad democrática.
Si el siglo XX se inauguró con las sufragistas, pidiendo que se contasen los votos de las mujeres, el XXI se inaugura con las cibermultitudes que exigen que su voto cuente para algo y se traduzca en emancipación y calidad de vida. Lo hacen como las venerables abuelas de modo horizontal y colaborativo, gratis y transnacional; como, por cierto, antes había hecho el movimiento obrero.
¿Dónde se materializa esta nueva política? Aún es pronto para decirlo. Apenas cuenta con veinte años y para todavía muchos ciudadanos es un territorio ignoto. Necesitamos otras dos décadas para constatar los cambios que, antes o después, adoptarán los partidos, los parlamentos, los sindicatos, el trabajo y los negocios. Pero hay hacia dónde mirar.
4. Islandia.
La (r)evolución del s. XXI lleva su primera letra entre paréntesis[vi]. No consiste en tomar el poder. Sino en atarlo corto: hacerlo participado y transparente. Dar voz al pueblo para enfrentar a los mercados y exigir responsabilidades a los delincuentes financieros, como hizo Islandia convocando dos referéndums y encausando a algunos de sus políticos y banqueros. Con todo, esto podría parecer insuficiente para hablar de revolución.
Y, sin embargo, el sustantivo cobra cuerpo con tres iniciativas de calado. Desplegadas al hilo de la crisis muestran un pragmatismo radical que, reconociendo la quiebra del neoliberalismo, remueve las raíces éticas y constitucionales de la nación. En última instancia, se plantea un nuevo modelo económico. Islandia pretende “resetear” su democracia, “reinicializándola” con los principios hacker: controlar al poder y castigar su impunidad. Transparencia y participación.
La respuesta islandesa a la crisis económica fue una resistencia pragmática a los mercados. Reconocieron la quiebra de sus bancos y los nacionalizaron, al tiempo que remitían el pago de la deuda extranjera a los tribunales internacionales, tras negarse dos veces a aceptar las condiciones impuestas. Estas medidas han sido obviadas por el resto de países occidentales en crisis, pero no alcanzan el grado de revolucionarias si se consideran los costos sociales de la devaluación de la moneda nacional, el “corralito” existente, la emigración forzosa, la subida del paro y de los impuestos; entre otros ajustes ortodoxos. La recuperación islandesa es, sin embargo, una realidad. Y cobra tintes revolucionarios si, aparte de la dimensión económica, se contemplan otras tres, menos conocidas aún si cabe.
1 – La revolución jurídico-ética.
Tras el estallido de la crisis, una Comisión de la Verdad realizó un informe sobre responsabilidades e irregularidades que debieran ser perseguidos por una Fiscalía específica e independiente. Resultados penales aparte, al menos el Estado de Derecho mantuvo los principios de igualdad legal y la obligatoria rendición de responsabilidades. Los responsables máximos de la debacle han sido identificados y denunciados en público, viéndose privados de la posibilidad de gestionar los fondos públicos de rescate. No es de extrañar que el movimiento global de indignados haya recuperado estas banderas como exigencias.
Mucho más importante (y factible de aplicar), la sociedad islandesa está inmersa en un proceso de revisión de los códigos deontológicos que rigen en numerosos gremios implicados en la crisis. Imaginen a las universidades y las empresas, a los Colegios profesionales de abogados, jueces y fiscales, arquitectos, periodistas y académicos… señalando corruptelas e incompatibilidades, intentando reconducir sus profesiones en términos de servicio público. Las medidas jurídicas antes señaladas, sumadas a esta regeneración ética, suponen la revisión del pasado y un intento de ruptura hacia otro futuro.
2 – Rescritura ciudadana del marco político.
El futuro arranca con nuevos pilares constitucionales, con la rescritura colectiva de las constituciones del siglo pasado, que pretende reprogramar la democracia, reformulando las instituciones representativas en función de la nueva potencialidad de los representados. Se trata de establecer un nuevo tablero de juego que sustituya al caduco. Recuperar y actualizar los fines de la democracia, implicando a toda la sociedad y, sobre todo, a los jóvenes.
Islandia ha hecho real lo posible; es decir, la participación no profesional y colaborativa de cuerpo electoral como fuerza auto-constituyente. Se logró asumiendo mecanismos de elección abiertos a todos los ciudadanos, que luego, desde plataformas de debate presenciales y digitales, persiguieron consensos incluyentes. Esto explica que en el nuevo texto constitucional figuren los derechos de la naturaleza al mismo nivel que los humanos, la rendición de cuentas y transparencia obligatorias de empresas mediáticas y partidos, las iniciativas legislativas populares, las listas electorales abiertas, etc. Como no podía ser de otra forma, el Parlamento enfrenta con recelos esta propuesta. Pero los nuevos objetivos de lucha e ideales políticos están planteados. El tablero seguirá convulsionado, pero ya no es el mismo. No sostiene más el proyecto de desarrollo nacional que llevó a la debacle.
3- Nuevo modelo de desarrollo.
La Iniciativa Islandesa de Medios Modernos (IIMM) aplica hasta sus últimas consecuencias los principios de una economía sostenible de la transparencia digital. Se trata de convertir la isla-paraíso fiscal que perseguían los neoliberales del “capitalismo vikingo” en su modelo contrario. Islandia construirá la Suiza del byte. Las vías para hacerlo: alojar servidores blindándoles de toda interferencia estatal, proteger a los medios y periodistas perseguidos en todo el mundo, reuniendo en un solo texto las legislaciones más garantistas de la libertad de expresión y de Internet. El buque insignia del proyecto iba a ser el grupo multimedia que Wikileaks tenía en ciernes, tras haber actuado de promotor de esta iniciativa.
Sunshine Press iba a ser el nombre. Por si a alguien se le escapa la coincidencia casual: “Prensa del rayo de sol”. ¿Por qué no Sol, de la Puerta del Sol? Aunque necesite recursos y matices, la IIMM brinda un marco transnacional y colaborativo que amenaza la impunidad de una elite globalizada que salvaguarda su negocio en paraísos fiscales, transfiriendo a las poblaciones los costes de su lucro y desgobierno. La IIMM genera además un juego político abierto y participado más allá de las fronteras nacionales. Su éxito económico – basado en un clima frío propicio a los servidores, la penetración plena de las nuevas tecnologías en la población y el liderazgo nacional en algunos ámbitos de la industria digital - sería un doble éxito democrático, interno e internacional. Habría implantado un nuevo modelo económico sostenible, con la semilla política de la transparencia y alcance global.
Nada impide propuestas semejantes de desarrollo glocal, para invertir los procesos de globalización que llevaron a la crisis a tantas otras comunidades pequeñas, explotando sus ventajas comparativas en un mundo globalizado. El secreto reside en implicar a los ciudadanos como sujetos comunicativos y políticos de pleno derecho. Son capaces actuando en red. Su autonomía y auto-organización pueden servir para resistir con pragmatismo la dictadura de los mercados. Permiten purgar las elites y regenerar éticamente a la sociedad civil. Refundan los marcos políticos (en lugar de constituciones, reescribamos estatutos autonómicos o municipales). Y, en último término, configuran un nuevo modelo económico basado en (y generador de) transparencia y apertura.
Necesitamos representantes que se atrevan a defender la soberanía nacional devolviendo la voz y la iniciativa a las poblaciones. Y si los indignados del mundo desarrollan iniciativas con ese calado, materializando propuestas más allá de la protesta, hackearán el periodismo, resetearán la democracia. En lugar de eliminarlos (como amenazan las dictaduras de mercado que se perfilan), los revitalizarán como las herramientas de control e intervención ciudadana que nunca de


[i] Sampedro, V. (1997) Movimientos sociales. Debates sin mordaza. Desobediencia civil y servicio militar (1970-1996). Centro de Estudios Constitucionales-BOE: Madrid. Disponible en www.victorsampedro.net
[ii] Jerez, A.; Sampedro, V. y LOPEZ REY, J. (2008) Del 0,7 a la desobediencia civil: política e información del movimiento y las ONG de Desarrollo (1994-2000) Centro de Investigaciones Sociológicas, Madrid.
[iii] Sampedro, V. y Sánchez Duarte, J. M. (2011). “La Red era la plaza”. Epílogo, en Cibercampaña. Cauces y diques para la participación. Las elecciones generales de 2008 y su proyección tecnopolítica. UCM, Madrid. Disponible en www.ciberdemocracia.es
[iv] Sampedro, V. (2003) "Nunca Máis: la marea, el dique y el bunker en La red en la calle ¿cambios en la cultura de movilización?"  en Grau, E.; Ibarra, P. (Coords.). Anuario de movimientos sociales 2003, Icaria, Barcelona. Disponible en www.victorsampedro.net
[v] Sampedro, V. (2005). 13M: Multitudes online. Madrid, La Catarata. Disponible en www.victorsampedro.net
[vi] Los argumentos y datos de este epígrafe están desarrollados en Sampedro, V. (en imprenta) “ Sampedro, V. (en imprenta) La revolución islandesa. No una, sino tres” en Fernández, J.; Urbán, M. y Sevilla, C. (Comp). Indignad@s del mundo, uníos. Barcelona, Icaria. Disponible en www.victorsampedro.net

1 comentarios:

Tina Paterson dijo...

@DosEspadas y @Marinero en tierra dijeron ayer:
Castigar a un partido de izquierdas por hacer políticas de derechas; que el beneficiario del castigo sea un partido de derechas; la risión.

Yo creo que hay poco más que decir...
D.

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