30 de diciembre de 2011

La mano invisible

La mano que no ves, pero construye casas, copia textos, hace zurcidos, friega suelos y váteres, atiende llamadas telefónicas, despieza animales, desmonta coches, pone privas, vigila solares desolados, hace servicios sexuales mercenarios... invocando este libro acabé las clases de Opinión Pública de este año. Como provocación, incitación a su lectura y/o robo. Háganse con un ejemplar antes de que sea demasiado tarde. ¿Para qué? Para reivindicar una conciencia de clase en vías de extinción, denunciar la verdadera guerra en curso y reivindicar a sus perdedores. Los santos inocentes de antesdeayer... y del próximo año y el siguiente.

La mano que no ve lo que hacen las otras; ni las que le ordenan y mandan, ni las que le acompañan en cada jornada de expolio y sumisión. Y así no puede reconocerse parte de un mismo cuerpo social. Las clases populares más precarizadas, los invisibles son puestos (literalmente en escena). Como si de un Gran Hermano de verdadero realismo sucio, a lo Carver, o de una etnografía del subsuelo laboral se tratase. Insoportable, inaguantable tras las diez primeras páginas sobre el currito que levanta muros para derribarlos.... y así multiplicadas por cuarenta, en un libraco que más que necesario era urgente. Literatura de auto-ayuda de la buena: te devuelve la imagen del trabajo que el espejo mediático emborrona con su oferta de vacaciones permanentes; vacaciones de la realidad.

Isaac Rosa presenta y denuncia el trabajo como lo que es: trepanium, tortura, destrozo de la personalidad... alienación de los sujetos individuales y, más aún, colectivos. La mano invisible mueve la cuna de esta economía criminal, desgajando la jornada laboral de cualquier orgullo de clase, de cualquier dimensión ecológica, ética, estética. Las 25 primeras páginas, para que te enganches ya.

I.R. es, además de uno de los novelistas actuales más recomendables, un periodista-cronista cuyos pólenes ya hemos libado en esta colmena aquí. Y, lo mejor, Isaac apabulla por su constante búsqueda formal. En cada libro aborda un nuevo formato abarcando desde la autoparodia (Otra maldita novela sobre la guerra civil) a la biografía que reivindica la memoria histórica tanto como la cuestiona, y a sus dos últimas entregas, que son como una McTele novelada, un docudrama sobre las estructuras de alienación. Callejeros, pero con guiones de mucho más veraces, escritos desde el asco lúcido ane lo que nos asola, sin un ápice de banalidad... ye escritos desde su sitio, donde corresponde: a pie de centro comercial (El país del miedo) - sobre la mayor palanca de control social, el objeto de chantaje más efectivo-, o esta última que nos habla de la cadena de montaje; de nuestro verdadero papel en todo este montaje.

Incluso un funcionario de tipo A como yo, se ha sentido aludido. Se lo voy a dar a leer a mis alumnos como lectura obligatoria, a comparar con Los perdedores del mejor de los mundos de Gunther Wallraf. Pregunta para aprobar el ensayo: diferencias y semejanzas entre esta novela "realista" y una crónica periodística sobre el lumpen proletariado. Para quienes quieran nota ¿A que no hay güevos de diseñar una de ellas con otro tema? Para matrícula de honor: ¿en qué se parecen The Wire y La mano invisible?

Ya lo escribió Tina: la realidad era eso, una serie de televisión de cinco entregas;  ni una más, ni una menos. Y ahora esta novela sobre trabajadores no cualificados, no calificados, desclasificados, desclasados.

2 comentarios:

Vicicle dijo...

Hoy mismo, Esperanza Aguirre o la cólera de dios, ha dicho que es un privilegio que un funcionario de baja cobre el salario íntegro. De aquí al trabajo infantil un pasito de nada.

VSB dijo...

Pasito a pasito, declaración a declaración, rebajando el debate, hasta llegar al fondo del abismo al que ya nos asoman. Gracias, vicicle, sigue pedaleando que si no nos caemos.

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