10 de enero de 2012

Si Público cierra...



1.- Si Público cierra, nos instalarán de nuevo en el discurso de la izquierda derrotada en la Transición. La izquierda que suscribió consensos que, en realidad, eran pactos de silencio. Quizás útiles entonces, ahora sirven como mordazas de una democracia clerical (con dogmas) e hipotecada (a plazos). Amordazan la lengua absuelta, que primero violó los tabúes del federalismo, el laicismo, el republicanismo, el no alineamiento con los bloques imperiales y la sintonía con los movimientos sociales.

2.- Si Público cierra, campeará a sus anchas la extrema derecha mediática y el neopopulismo español que, por comparación, hace parecer a la socialdemocracia marxista y al independentismo periférico ETA. Los medios de los nuevos camisas azules enardecerán la siempre necesaria repulsa del “voto progresista”. Pero que nadie se lleve a engaño. A partir de ahora y a falta de otra alternativa, el descontento emigrará a las trincheras neoliberales del nacionalismo de Estado o al nihilismo xenófobo, beligerante sólo con los enemigos internos que vaya inventando.

3.- Si Público cierra, los movimientos sociales y las asociaciones civiles, transformadoras y extraparlamentarias sufrirán una criminalización inclemente. La misma que cayó sobre quienes acabaron con la mili, abrieron las zanjas en las que se pudrieron sus muertos y, de paso, por las que ahora discurren el ecologismo, el feminismo o la solidaridad internacional. La misma condena que, hace menos, convirtió a los voluntarios de Nunca Máis en batasunos, el No al Guerra en la quintacolumna de Sadam Hussein, el 13-M de 2004 en la conspiración de Rubalcaba… el 15-M, en lo mismo.

4.- Si Público cierra, quien exija el fin de los recortes y reivindique una salida neokeynesiana de la crisis será, como durante el macartismo, estigmatizado de comunista, censurado en editoriales, columnas y crónicas parlamentarias. Premios Nóbel de economía verán enterradas sus críticas en prestigiosas revistas del gremio. Los sindicatos seguirán callados, hundidos en la inanidad de su prensa subvencionada y sin lectores. Los hipotecados, los deshauciados, los parados, los precarios… se quedarán literalmente “sin papel”, equiparados de facto a los “sin papeles”: sin voz, mera fuerza de trabajo.

5.- Si Público cierra, la sección de cultura será mero subproducto publicitario de la industria. Volveremos a la promoción libresca, signo de distinción bibliófila, privatizadora del discurso público, privativa de los sectores ilustrados. No volverán a leerse en un diario de tirada nacional las tecnologías como emancipadoras de cuerpos y conciencias, expresión del poderío que ya exhiben tantos individuos y colectivos. Las novedades editoriales desplazarán al cómic y al videojuego; los señores de Internet, al software libre y Anonymous; los estrenos de fin de semana, al cine de autor… las memorias de viejos prematuros, a la memoria histórica masacrada desde 1939.

6.- Si Público cierra, campearán a sus anchas unas elites económicas sin alma de editores, sin tan siquiera alma de liberales. Porque confunden libertad de prensa con libertad de empresa. Una empresa subsidiada, hipotecada… clerical, que sirve a los negocios clientelares con la clase política. “Emprendedores” de pacotilla, que entienden “sus” medios como negocios a medias con gobiernos empeñados en destruir frentes mediáticos hostiles y erigir plataformas de autobombo enmascarado de información. Y peor aún, por lo que nos toca, las elites “progresistas” seguirán lanzando productos de autoconsumo para sus camarillas. Con obsolescencia acelerada desde su nacimiento. Arenas para debates estériles. Improductivas, excepto para el cainismo que bebe del afán de purga continua. Juguetes personales que enseguida se rompen o el caprichitos fruto de alguna esperanza electoral. Todo en vano y muy banal.

7.- Si Público cierra, seguirá instalada y blindada la clase política que confunde la prensa comercial con la prensa de partido. Mejor, de los partidos con opción a gobernar, que quieren seguir siendo dos. Los medios públicos seguirán manejados como si fuesen gubernamentales, para escándalo sólo de la oposición. Las audiencias serán de nuevo rebaños, pastoreados a las urnas y usados como moneda de canje con bancos y corporaciones.

8.- Si Público cierra, las nuevas generaciones de periodistas a las que ha dado voz se mostrarán inconscientes del logro alcanzado y su potencial. Han roto la hegemonía de la cultura de la transición y alentado a quienes quieren hacer una segunda, también en el periodismo. Sus lazos con la disidencia sociocultural, sus hábitos digitales, sus nuevos gustos han trabado una poderosísima red de cómplices, lectores y colaboradores. Habrán fracasado si no entienden que las nuevas prácticas y modelos profesionales pasan por aliarse con sus públicos, considerándoles actores políticos y comunicativos de propio derecho. Algún columnista es, por el número y la calidad de sus seguidores, un medio de comunicación digital en sí mismo. Reinvéntense juntos para pervivir como periodistas. Ayúdennos a reinventarnos y reivindicarnos como ciudadanía.

9.- Si Público cierra, los públicos progresistas que ha alumbrado y de los que se ha nutrido seguirán presos del maximalismo y el consecuente descompromiso que conlleva. Incluido el de pagar aquello que comparte, la información de la que forma parte. Reincidiremos en la autoindulgencia de la derrota, que nunca es responsabilidad propia. Nos calentaremos con el falso furor de los diletantes que, metiéndose en vena la gasolina mañanera de las tertulias, y escuchando a “la caverna” se sienten ya bastante rojos.

10.- En resumen, si Público cierra y no muta en ningún otro proyecto similar (posibilidad que resulta harto factible), se habrá materializado un fracaso generacional. De varias generaciones: las que no se plegaron antes y las que no pensaban hacerlo ahora. Significará un fracaso colectivo: la imposibilidad de (re)generar una esfera pública a la altura de la sociedad civil que transformó el mundo en una plaza. Sí, en 2011 y a partir de Sol, en Occidente se alumbraron las ágoras de contrapoder democrático. Es el mayo español, escondido en los anuarios del resto de medios. Necesitamos a Público. Si cierra, sus públicos callarán; mejor dicho por mucho que griten de rabia y dolor, serán inaudibles.

P.S. Este firmante dejó de publicar en Público hace tiempo, cansado del trato precario, insinuaciones de contención y desatenciones varias. Varios de mis columnistas preferidos ya no escriben ahí. Quede claro, ni pido ni reprocho. Me acongoja perder ahora la condición de lector. J. Riechmann escribió con orgullo los poemazos de El día que dejé de leer El País (1997). Toda una declaración de desamor y lucha. Cambien ahora el nombre del periódico por el susodicho. Perciban cuánta desolación.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

No mientas, Público ha tenido millones en ayudas con el gobierno zetaperiano. Público va a cerrar porque está alejado de la sociedad española, como lo está Avui pero éste sigue recibiendo ayudas.

España hace tiempo que dejó la extrema derecha y ahora hace lo mismo con la extrema izquierda.

Público es sólo un panfleto zetaperiano., nada más.

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