23 de marzo de 2012

La arboleda perdida [Hackear el periodismo IV]

Sigue la versión Beta del panfleto en curso. Entregas [I],  [II] y [III].
 
La arboleda perdida
Wikileaks es una comunidad de activistas empeñada en que las elites rindan cuentas aplicándoles la máxima transparencia. Si se trata un medio de comunicación, en el fondo, carece de importancia. Lo relevante es lo que nos propone al irrumpir en nuestros sistemas informativos con contenidos que antes nos eran negados y metas que no pensábamos posibles. La invitación es doble. Por una parte, que entre todos ejerzamos un periodismo de denuncia o investigación, riguroso y crítico. Demostrando que, para merecer esos adjetivos, ha de contar con las destrezas de las que hacen gala los públicos más empoderados (con más poderío, diría un andaluz) en la Red. Por otra parte, y consecuencia de lo anterior, los hackers pretenden forjar un conocimiento social en abierto. Es decir, plantean que lo generemos, difundamos y consumamos entre todas y todos. Además de podar árboles infectados, nos llaman a repoblar una arboleda de conocimiento y a recuperar unos modos de cuidarla que nos fueron arrebatados o no supimos defender.
Los hackers desarrollan códigos en constante evolución colaborando en red. Ensayan prototipos aplicando grandes nociones (justicia, verdad, humanidad) a situaciones de aquí y ahora. Se proponen expandir el conocimiento sobre la sociedad y distribuirlo todo lo posible. Para ello aportan materiales en un debate horizontal, entre iguales, y que se basa antes en la cooperación que en la competencia. El mayor número posible de “seres humanos, máquinas y códigos” son convocados a alumbrar una nueva Ilustración, que se apoya Internet en lugar de la imprenta. La Red es un híbrido, un ente (algo con entidad propia) fruto de las sinergias entre públicos, hardware y software. El resultado de los cuerpos + las máquinas + los códigos de los hackers no son patrimonio de nadie. Por tanto, nadie puede explotarlos con fines lucrativos ni controlarlos el Estado. Al menos de forma exclusiva, porque claro que las empresas y las administraciones emplean software libre (es más barato, flexible y seguro).
Los medios de comunicación privados han acabado equiparando libertad de prensa y de empresa. Los entes de radiodifusión pública confunden medios públicos con estatales o gubernamentales. Frente a ellos Wikileaks entiende la información como procomún: el patrimonio de los commons, los comunes, las gentes de a pie. La información considerada un bosque, una pradera comunal; y sus contenidos, como el folclore, la gastronomía, la tabla periódica de elementos, el genoma humano... pueden ser objeto de explotación comercial y planificación pública, pero con fórmulas que coexistan con las del procomún: no enajenable, gestionado de forma democrática y sostenible. Volveremos sobre ello en este ensayo, cuando planteemos ejemplos de las sinergias entre el periodismo profesional y los periodismos ciudadanos que marcarán el s.XXI.
Despojar al poder de su inmunidad y difundir flujos de conocimiento emancipador fueron los dos objetivos de las esferas públicas que permitieron alumbrar nuestros actuales modos de gobierno y de conocer el mundo. La libertad de expresión se materializó económicamente como libertad de imprenta y, a nivel político, en la abolición de la censura previa, primero la religiosa y luego la estatal. Internet contiene aún la promesa de democratizar la libertad de expresión hasta convertirnos a todos y a cada uno de nosotros en promotores de una nueva época de transparencia y conocimiento. Eso y no otra cosa demuestran las cibermultitudes que difunden información censurada con sus medios digitales y que tejen nuevas culturas políticas. Han roto los monopolios del Estado y del Mercado para determinar nuestros debates y, con ellos, nuestro devenir colectivo. No han logrado todavía hacerse del todo con Internet. De ahí la importancia del lance de Wikileaks y su defensa del entorno en el que se desenvuelve: su actividad es procomún, al igual que Internet.
Como en los siglos XVII y XVIII, ese conocimiento tendría consecuencias prácticas de gran calado. Nos ayudaría a tomar decisiones más informadas y dispondríamos de un fondo de conocimientos que se consideraría patrimonio de la humanidad. Este objetivo llevó a Wikileaks a liberar documentos sobre sectas (Iglesia de la Cienciología) o los Estudios del Congreso de EE.UU. Combatieron el irracionalismo. Devolvieron a los contribuyentes la información que manejan sus parlamentarios. Regalaban a los científicos sociales y a los historiadores datos que, de otro modo, aún permanecerían secretos. Nunca dispusimos de tantos informes tan rigurosos y actuales para narrar las guerras y la diplomacia de ningún periodo anterior. Dos metas que parecen a nuestro alcance: control del poder en tiempo real y relato colectivo de un presente que se hace historia. Con matices, son estos, precisamente, los objetivos que hacen del periodismo una vocación, una profesión con tan altos fines que se considera “liberal”. Merece ese adjetivo porque, dicen, compromete las conciencias. Cierto: su desempeño presupone la libertad individual y condiciona la colectiva.
Al final resulta que Wikileaks desafía a muchos más actores de los que pensábamos. Los intelectuales mediáticos lo rechazan por desconocimiento y porque la inteligencia colectiva que puede desenvolverse en Internet les hace en gran medida irrelevantes. Dos cabezas piensan mejor que una, decían nuestras abuelas. Muchos mejor que pocos, experimentan los cibernautas que han construido “comunidades libres” en la Red. Gitlin o Eco serían figuras obligadas en un Comité de Sabios, pero en un debate digital sus voces se perderían entre otras, en principio de igual valor. Aparte de la innegable falta de estándares de veracidad y rigor que sufre Internet, las críticas de los intelectuales responden a que Wikileaks confiere más importancia informativa a un soplón que a una firma ilustre. No van errados los hackers. Las noticias con datos categóricos son comprensibles para cualquiera y convencen a los escépticos. Pero además, si el debate público se abre a grandes grupos de gente “normal”, con datos comprobados y respetando ciertas condiciones, hay siempre más garantía de acertar que un cónclave de eruditos. Este principio de la “sabiduría de la multitud” lo aplican hasta las empresas más avanzadas[i]. O retomando un ejemplo ya visto, el centenar y medio de ilustrados que redactaron la Enciclopedia Francesa – considerados padres de la Modernidad – han sido sustituido por incontables wikipedianos, a quienes no pocos consideran creadores de la Enciclopedia del s. XXI. Han demostrado mayor eficacia, rigor y menos sesgos que sus predecesores[ii]. Para los conocedores de Internet los hackers son los “científicos de la nueva ilustración”[iii].
Ninguna diana le es ajena a Wikileaks, como corresponde al heraldo de una época en ciernes. Ha cuestionado a los medios corporativos, pero también las versiones más caducas de la contrainformación y de los medios comunitarios. Para rematar, evidencia las carencias de la blogoesfera, matizando la ya aludida “inteligencia colectiva de la Red”. Las filtraciones evidenciaron que los medios de contrainformación aún funcionan con demasiada retórica y endogamia. No analizaron los datos más allá de donde lo dejaron los grandes medios. Algunos incluso deslegitimaron a Assange desde el principio, acusándole de títere de EE.UU. o Israel. La información alternativa y los medios comunitarios también se demostraron incapaces de sobrepasar sus comunidades tradicionales. Sin datos, pero mucha perorata, bastantes de ellos se encerraron en la desconfianza ante una iniciativa que no supieron ver como afín. En suma, los hackers, menospreciados o vistos con recelo por su condición de activistas, cuestionan el periodismo ideologizado. No comparten la ideología dominante de los grandes medios y tampoco comulgan con quienes informan a la contra. Incluso cuestionan a los idealistas de Internet.
Los blogs se comportan como simples espacios de redifusión; criticaba Assange en una entrevista a la que volveremos[iv]. El papel de los blogueros (incluido el que esto escribe) en el examen de las bases de datos resultó casi nulo. De aquí se deduce que la ciberinteligencia colectiva no siempre tiene condiciones para desarrollarse. Por señalar una lección de especial interés para los periodistas: o ciertas tareas del debate digital son asalariadas y desarrolladas en equipo o sus resultados serán siempre inciertos. Tampoco resulta verdad que Internet conduzca necesariamente a la emancipación, como sostienen sus publicistas más osados.
La cadena de filtraciones y sus consecuencias para los implicados anticipa una utopía digital al revés. Esa distopía ya es realidad si consideramos el margen de control y represión al que estamos sometidos. Las filtraciones de las “operaciones de paz” se saldaron con un joven norteamericano encerrado y procesado como si se tratase de un reo de Guantánamo por una conversación que mantuvo en un chat. Los cables diplomáticos acarrearon la imposibilidad operativa de Wikileaks, tras el boicot de las principales tarjetas de pago. La tercera y la cuarta oleada de filtraciones fueron silenciadas. Demostraban que el ciberespionaje estatal está en manos de grandes corporaciones. Empresas privadas, una de ellas considerada “la CIA en la sombra”, cuentan con enormes capacidades y un margen de acción muy amplio para identificarnos e infiltrarse en nuestros discos duros y teléfonos móviles. El aviso para cibernautas insumisos ha sido dado. Pero el miedo nunca fue buen consejero. Lo conjuraremos si consideramos de forma cabal el papel de la tecnología y los roles que Manning y Assange nos plantean.
La arboleda perdida que venimos invocando coincide con el territorio de la imaginación que da título a las memorias de Rafael Alberti cuando adolescente. No es el mejor poeta del 27 ni ejemplo de coherencia política, pero escribió sobre las marismas del Puerto de Santa María como si cobijasen piratas generosos. Con esta referencia, nos alejamos del bosque poblado de lobos insaciables: el mercado informativo y político que nos presenta como hombres lobo para otros hombres. De los trepas que se autofagocitan en las redacciones a los comunes que cooperan a nivel global.
La arboleda perdida de la información del s. XXI combina referencias al bosque de Sherwood y al Amazonas. En el bosque que estamos llamados a sembrar y cuidar se refugian quienes reclaman un poder legítimo (obviemos, por favor, el monarquismo de Robin Hood; quedémonos con su denuncia de la avaricia del Rey Juan). De la espesura arbolada salen los bandidos de datos para combatir al usurpador de la voz del pueblo; mejor dicho, invitando al pueblo a liberar más datos y a tomar la palabra. Del cuidado comunal del bosque también depende que todos puedan respirar aire y preservar animales, frutos y maderas. La Amazonía funciona como ese pulmón y reserva mundial de la humanidad, porque ni el estado brasileño ni las transnacionales pueden (en teoría) hacer con ella lo que deseen. A pesar de los beneficios de una comunicación social entendida como procomún, parecen ser muchos quienes niegan a sus hijos el cuento del ladrón honrado o los que les desean un planeta sin Amazonas. Deben proyectarles Inside Job como estímulo vocacional y Mad Max como un escenario deseable. Porque sobre Wikileaks sólo parecen habernos transmitido que la tecnología es superpoderosa y que quien se las da de héroe suele acabar mal. Son los resultados del fetichismo cibernético y de la industria cultural que erige héroes que luego tritura. Vive conectado, vive rápido y muere joven… que te espera Hollywood.
Sin entrar en debates que luego atenderemos, la ética hacker de la transparencia no carece de lagunas y contradicciones. Algunas son de calado y el nuevo periodismo que se está fraguando podría darles respuesta. Fue la comunidad hacker y no los periodistas quienes dieron el primer paso en búsqueda de cooperación. Pero la cobertura mediática de Wikileaks dista mucho de la reciprocidad que se presupone entre colaboradores. Tras dos años de análisis se concluye que es presa de, por una parte, la fascinación técnica y, por otra, las rutinas profesionales que anteponen el lucro a la dimensión social de las noticias.
Los dispositivos tecnológicos no proporcionarán, por sí mismos, más independencia a los informadores. Assange, tras las filtraciones sobre espionaje cibernético, les aconsejaba dejar el móvil y el ordenador en la redacción[v]. Los sistemas de localización e infiltración digitales suponen una amenaza permanente. También yerran quienes reducen la modernización digital a estadísticas y visualizaciones de bases de datos. La infografía, los gráficos digitalizados, se estrenaron en España durante la primera Guerra del Golfo (la segunda fue la invasión de Irak). Se implantó entonces la mentira digital, espectacularizando armas y movimientos de tropas, al estilo de maquetas y tableros de un juego bélico sin contacto con la realidad. La regeneración informativa exige redirigir los objetivos a los se aplicarán las nuevas destrezas técnicas. De nada servirá si, por ejemplo, se utilizan para elaborar piezas sobre los sucesivos juicios a Assange y no sobre los corruptos que se ha cobrado. Se encuentran bastantes ejemplos de lo primero y ninguno del segundo. Así de forma implícita, pero muy efectiva, se visibiliza el castigo impuesto al disidente y se oculta el triunfo que lo motivó.


[i] Interesante primer ventas en EE.UU. con innumerables casos prácticos: Surowiecki, J. (2009) The Wisdom of the Crowds. Londres, Abacus. Y que puede completarse con el libro de Seeley, Th. D. (2010) Honeybee Democracy. Princeton University Press.
[ii] F. Ortega and J. Rodríguez. 2011. El Potlatch Digital: Wikipedia y el triunfo del procomún y el conocimiento compartido. Ediciones Cátedra, Madrid.
[iii] A. Lafuente: “Los hackers son los científicos de la nueva Ilustración” En http://blogs.20minutos.es/codigo-abierto/2012/01/23/el-estado-nacion-es-torpe-burocratico-y-homogenizador/
[iv] Uno de los más prestigiosos especialistas en arte contemporáneo, Hans Ulrich Obrist, ofrece en dos entregas una de las entrevistas donde Assange expone su visión del mundo con mayor claridad. Disponibles en http://www.e-flux.com/journal/in-conversation-with-julian-assange-part-i/ y http://www.e-flux.com/journal/in-conversation-with-julian-assange-part-ii/
[v] En la revista Rolling Stone de enero de 2012: http://www.rollingstone.com/politics/news/julian-assange-the-rolling-stone-interview-20120118#ixzz1l3CHcp25

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