19 de marzo de 2012

#nimileuristas, #ni na'

Me preguntan de El País, para la serie de reportajes que ya destripó M.D. aquí por los motivos que hacen que, aunque apenas se tenga dinero, no se prescinda de un móvil de última generación en el bolsillo. Aquí respondo.

La pregunta, derivada de la sorpresa o incomprensión porque gentes sin recursos desee estar a la última en dispositivos tecnológicos, me recuerda a la de tantos españoles cuando veían a todos los inmigrantes con móviles y se echaban las manos a la cabeza. O lo consideraban una prueba de que, claro, como trafican (con drogas, se entiende), tienen que estar disponibles todo el tiempo. Son juicios emitidos desde arriba, sin consideración hacia los de abajo.

Los inmigrantes llevan móvil porque (como su nombre indica) no paran de moverse y es el único modo de estar localizado para enterarte de donde hay libre un piso-patera o un puesto laboral. Que es a lo que han venido. Sin perder la familia que quedó atrás o tienen en el país al que llegan. Quedar desconectado es privarse de la posibilidad de no conectar nunca con la sociedad de acogida y la forma más segura de perder la que tenías.

Los nimileuristas quieren el móvil de última generación por motivos semejantes y algún otro.

- Necesitan decirle a todo el mundo que necesitan encontrar algo mejor que el trabajobasura o salir del paro (la forma más efectiva de encontrar curro: tener a toda tu libreta de contactos informada de tu precariedad, para que te den un toque si saben de algo).

- Y que cuando llegue esa hipotética oferta pueda demostrar tres cosas:
    (a) que no es ningún (des)colgado y que contesta la llamada, el sms o los mails a la primera,
    (b) que ya tiene conexión a la red y, por tanto, posibilidad de ser explotado laboralmente más horas al día con sus propios medios y costeando las cuotas correspondientes de línea y adsl,
    (c) que ofrece una imagen de marca: gente que está al día... a la última.

Más allá de lo laboral, los dispositivos tecnológicos son marcadores también de tu valor social, algo que debiera corresponderse con un salario digno, una vida afectiva plena. Los móviles son nuestros instrumentos de hacer y querer. Los llevamos encima diciendo "esto somos nosotros", "esto podemos llegar a ser". Obviamente, cuando llevas una rutina de flujos de comunicación es muy difícil prescindir de ello: pierdes lo que hasta entonces tenías.

Tal como están las cosas, el mercado de trabajo (y, ya puestos, el afectivo) ofrece menos a quien menos tiene y nada a quien muestra que no vale (para) nada.

Me temo que todos estos factores son reales y que la sorpresa o incomprensión que movía esta pregunta coincide, por desgracia, en las mentes de bastante gente con un prejuicio que, me temo, suscribiría cualquier miembro de la patronal: "si es que con esos gustos y apetencias, es normal que no les llegue ningún salario".

2 comentarios:

Andres dijo...

Se me ocurre una respuesta adicional a la pregunta absurda de El País: como los inmigrantes o los precarios no podemos pensar o "aspirar" a una chalet adosado o un coche "guay", el móvil con muchos botones es un consuelo relativamente barato.

VSB dijo...

El artículo completo, aquí:
http://politica.elpais.com/politica/2012/03/21/nimileurista/1332364358_131834.html

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