5 de abril de 2012

Mujeres auténticamente violentas



En España, los jinetes del PePecalipsis andan por ahí sueltos y desmelenados diciendo que "la maternidad libre hace a las mujeres más mujeres" (¿perdona?, pero ¿qué coño sabes tú?, pensé cuando leí el comentario de Gallardón) y argumentando que si abortamos es porque hay una "violencia estructural" contra nosotras.

Mientras, en Argentina, todo el país se ha llevado las manos a la cabeza porque una madre, que además de ser mujer-auténtica es mujer-bondadosa por naturaleza, ha asesinado a sangre fría a su hijo de seis años. Y Adriana Cruz, una mujer de clase-alta, confesó que lo hizo para vengarse de su expareja, el padre del niño (si hubiese sido porque no podía alimentarle, para evitar que sufriese maltratos o algún motivo desesperado parecido habría sido más fácil de encajar). "No puede ser, tiene que estar loca", dicen en la calle, en las tertulias, en los artículos de opinión sobre ella...

Pero, "vamos a ver", como dice mi amiga Pau, ¿de qué mujeres hablan los rajoyianos en el poder y los medios argentinos? Me siento más cerca de Lisbeth Salander que de cualquier representación angelical.

La violencia estructural contra las mujeres aumentará con la reforma del Gobierno español porque la obligatoriedad de aceptar cambio de horarios y de destinos casa muy mal con la conciliación laboral, entre otras maravillas de la nueva ley.

Entiendo que como las condiciones del mercado laboral hacen aún más difícil el ejercicio de equilibrismo diario de las madres trabajadoras, muchas se verán tentadas en quedarse como menosmujeres. Por eso, la solución a la caída en picado de la natalidad es impedir que podamos ir a una farmacia a pedir la píldora poscoital (en esas anda Mato, precioso apellido para dirigir el Ministerio de Salud) o negarnos la libertad de abortar. Fantástico, dan ganas de coger una recortada y empezar a disparar (un videojuego con políticos y banqueros como enemigos sería un éxito absoluto).

Sobre ser madre y buena. Una cosa es que desde pequeñas a muchas niñas se les enseñe a esconder los impulsos violentos y agresivos y otra es que aunque sean invisibles, o poco visibles, no existan. Desde que nació mi hijo, he querido tirarle por la ventana varias veces e irme de casa porque me siento asfixiada de ser-madre-y-nada-más-que madre ya ni te digo cuántas. De ahí a que verdadermente le matase o le abandonase hay un abismo, pero realmente no ayuda a que en vez de poder expresar la agresividad femenina en voz alta, se oculte siempre detrás de la locura.

De Mar Centenera en Sin cables y a loco.
D.

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