22 de junio de 2012

Golpe en Paraguay

Si llevas 61 años en el poder (los que llevaba el Partido Colorado en Paraguay, 35 de ellos bajo la dictadura de Alfredo Stroessner) tiene que ser complicado que venga un obispillo de los pobres y te quite el chiringuito en una votación popular (abril de 2008). Cinco años de espera hasta las siguientes elecciones son demasiados y más aún si crees que Fernando Lugo puede volver a derrotarte, así que además de ir al psicólogo, los colorados barajaron otras opciones: sacar todos los trapos sucios que encontraron de él, como los escándalos de paternidad que han rodeado su presidencia; comprarle a él o a su entorno, como ha demostrado el progresivo acercamiento del Ejecutivo a la oligarquía latifundista; o, el golpe definitivo, forzar su destitución de forma rocambolesca.
El origen de la maniobra está en el violento desalojo de unos carperos (campesinos que montan carpas a las puertas o dentro de fincas de terratenientes para reclamar tierras usurpadas) que habían acampado en la hacienda del empresario sojero y político colorado Blas Riquelme en Curuguaty, al sureste del país. La intervención policial en la finca de Riquelme acabó con seis policías y once campesinos muertos (o siete y nueve, depende de la fuente).
La oposición, una vez más, volvió a pedir la cabeza de Lugo. El presidente entregó la del ministro de Interior y del jefe de Policía, pero los colorados siguieron pidiendo sangre y el hasta entonces socio de coalición gubernamental, el PLRA, cambió ayer de bando y se sumó a la petición de un juicio político contra Lugo por su presunta responsabilidad en la matanza de Curuguaty. A Lugo sólo le quedan un puñado de apoyos así que, si todo sale según el guión y es declarado culpable, casualmente el PLRA se quedará con el poder, a través del vicepresidente, Federico Franco.
No es que en estos años Lugo haya revolucionado el país, ni mucho menos, pero aprobó la sanidad gratuita y universal y consiguió un aumento de la tasa de escolarización en las clases marginales gracias a un subsidio condicionado a la asistencia a la escuela y a la vacunación de los niños, entre otros avances. Miles de personas han declarado que se concentraran hoy frente al Parlamento para mostrarle su apoyo y denunciar lo que consideran un golpe de Estado parlamentario.

1 comentarios:

VSB dijo...

Gracias por tu crónica austral, minimono

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