28 de septiembre de 2012

El capitalismo popular: tiburones vs boquerones

El capitalismo popular es una doctrina religiosa que propaga la certeza de que todos podemos alcanzar el paraíso de los ricos en la tierra. No entra en contradicción con otras creencias. Se puede ser católico e invertir en participaciones preferentes. Mi madre, por ejemplo, es católica y también ha sido estafada por La Caixa después de invertir sus ahorros en preferentes. Como un millón de españoles, mi madre profería una fe inquebrantable en la integridad del director de la sucursal que le vendió ese producto. Ese director le dijo: "Marisa, mete tu dinero aquí, es una inversión cojonuda y se la reservamos sólo a los clientes especiales como tú". Lo primero que le preguntó mi madre fue si podía sacar su dinero cuando quisiera. "Por supuesto, Marisa, eso no es problema, esto se vende rápido".

Huelga decir que el director de la sucursal hace de vicario de la Iglesia del Capitalismo Popular. Representa ante los mortales el poder del Capital en la vida cotidiana. Puedes rezar al Presidente del Consejo de Administración de tu Banco, al Banco de España o a la Comisión del Mercado de Valores, pero si realmente quieres obtener un préstamo o tener crédito a los ojos de tu prójimo, debes hacerlo a través de tu vicario bancario. Los caminos del Botín son inexcrutables pero cuentas con tu guía espiritual-capitalista para hacer realidad tus ansias de redención.

En fin, mi madre pidió un día su dinero y el vicario de La Caixa se lo negó. ¿Veis la cara de mi madre, verdad? No durmió en dos noches. Lo necesitaba imperiosamente. Ángel, buen nombre para el pastor de su parroquia capitalista, se excusó señalando que el Banco de España había dado una orden según la cual el dinero de las preferentes no podía reintegrarse a sus ahorradores.

"¿Y qué tiene que ver ahora el Banco de España contigo, Ángel? Tú me aseguraste que podía disponer de él cuando quisiera".

"Pues no, no puedes disponer de él. Lo ha dicho Dios en una Orden que ha circulado por todas las entidades bancarias. Palabra del Señor, te adoramos, oyenos".

A partir de entonces, mi madre comenzó a saber qué eran las participaciones preferentes.

A través de ADICAE, nos enteramos de que a finales de los 90 del siglo pasado, algunos bancos y cajas de ahorro pusieron en marcha productos financieros de gran riesgo, para ser vendidos en mercados donde los tiburones acechan. Resultó que esos productos no eran buena carnaza para tiburones y éstos, que huelen la sangre a distancia, pronto les escupieron al gran sistema financiero español sus comidas de mierda. ¿Qué hicieron entonces los bancos y cajas? A falta de tiburones, buenos son los boquerones. Desmenuzaron la mierda en trocitos pequeños y comenzaron a venderla al redil de las parroquias cercanas. De esta manera, las inversiones de los que juegan al casino se conviritieron en los ahorros de los que trabajan cada día. Las rentas del capital desecharon la mierda y se la pasaron a las rentas del trabajo, para que con sus anchas espaldas atravesaran un valle de lágrimas.

En realidad, y como me decía Ladislao (de ADICAE Extremadura), las preferentes son el primer gran rescate encubierto a la banca española. Me quedé a cuadros con esto. Me imaginé a Botín en la calle, como un perroflauta, pidiendo, no un eurito, sino diez mil, a un millón de familias españolas y teniendo un éxito brutal. En total, según Ladislao, la banca arrampló 30.000 millones de euros hasta 2005, lo que supuso prácticamente evitar que estallara la crisis en ese momento, para aplazarla hasta el 2008.

¿Cómo es posible que tanta gente le diera tanto dinero a tan poca y con tan pocas garantías de recuperarlo? ¿Tan mal funciona el sistema? No respondáis a lo último, es pregunta retórica.

En realidad, los bancos y cajas estaban obligados por una directiva europea a presentar a los ahorradores un consentimiento que éstos debían firmar para asegurar así que conocían el riesgo que entrañaba tal inversión. Pues bien, los párrocos, o hacían caso omiso de esta orden o, como en el caso de mi madre, marcaban una casilla en la que garantizaban que el ahorrador había trabajado en el sector financiero tres años como mínimo. La cruz en esa casilla ya venía marcada de la oficina (como las de las declaraciones de la renta de los católicos pero sin preguntar). Mi madre ha trabajado 40 años en el sector sanitario, nada que ver con la especulación de casino. ¿Por qué gente normal se mete en esos líos y le hace el juego a esta gente?

No tiene respuesta fácil. Desde luego, no vivimos en una democracia cuando alguna de esos ahorradores que compraron preferentes firmaron sus contratos sin saber leer ni escribir. No exagero, hay casos en sucursales de La Caixa en Córdoba. Aunque, en general, la asimetría informativa es tan brutal que estar alfabetizado no te salva de mucho. A eso añadamósle el daño que ha hecho la idea del capitalismo popular, que empezaron a pregonar Thatcher y Reagan en los 80 del siglo XX y que Aznar nos regaló en sus variadas formas con el absoluto silencio del PSOE (Joder, el otro día, a una pregunta de Jordi Evolé, el ex-ministro de industria socialista respondió que el gobierno no se ocupa de regular la economía. ¡Chúpate esa!).

Esta tarde voy a una reunión de ADICAE. Quiero seguir informando y difundiendo. A la comunicación política le añado la comunicación financiera para proseguir con la investigación eterna.

1 comentarios:

VSB dijo...

Cómo se te echaba de menos, JLV.
Un comentario: Amén.

Y un solo fallo: ineScrutables. Lo tiene cualquiera, máxime en el estado de enajenación espiritual que denuncias).

Abrazos agradecidos.

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