10 de octubre de 2012

El hundimiento de El País

El País se hunde. Como si del Titanic se tratase. Los viajeros de tercera, sus redactores, han sido los primeros en caer. Mientras tanto el capitán Cebrián se las pira con su tesoro a una isla paraíso fiscal.  Una tragedia para los trabajadores y otra explosión de la burbuja mediática, ligada a la económica y al poder político. Se hunde El País y con él un modelo de negocio periodístico que dejó de serlo para acabar sólo en negocio. Negocio redondo de unos cuantos - incluso en la antesala de la quiebra - y paro para el resto. El dinero que ganó Cebrián vendiendo El País a un especulador bursátil en 2011 – 14 millones de euros entre fijo, bonus y extraordinarios–, permitiría contratar casi al triple de redactores que ahora van a ser despedidos o prejubilados (unos 150).

La burbuja menos mencionada, la mediática, se fraguó en El País (y en tantos otros medios en extinción) tal como cuenta Pere Rusiñol, del cual he tomado los datos anteriores. "El 'capitalismo de casino' alejó a las empresas de su 'core business' a la búsqueda de pelotazos sin relación con su negocio original; la expansión se financió con crédito barato y apalancamientos inverosímiles que generaron una bola de nieve de deuda impagable, y las decisiones fueron tomadas por un reducido grupo de directivos que pensaban sólo en el corto plazo y en su propia retribución, que solía crecer incluso a costa de los intereses generales de la compañía, de sus accionistas y de sus trabajadores.
"Finalmente, cuando la burbuja pinchó, los bancos se hicieron con el control de la empresa –los créditos imposibles de cobrar se convirtieron en capital–, los ejecutivos se aseguraron retiros dorados y los trabajadores pagaron la fiesta con su despido."

Lo que olvida Pere se lo señala uno de sus lectores en eldiario.es. Muchos de los trabajadores ahora "indignados" (hasta el punto de que han reprobado a Cebrián diciendo que "No nos representa")
participaron de la orgía bursátil: "Cuando El País salió a bolsa todos los empleados compraron acciones. Estaba mal visto no hacerlo, pero además se consideraba una idiotez no hacerlo, porque las acciones les iban a hacer de oro. Hubo periodistas que, en plena borrachera, llegaron incluso a hipotecarse o a pedir créditos para poder comprar más acciones. Ahora que las cosas van mal se olvidan que ellos participaron y animaron el festín y es mas censuraron y señalaron con el dedo a aquellos que aseguraron que la salida a bolsa del Pais implicaba demasiados riesgos y podía suponer el principio del fin del periódico. Quizás muchos de los que participaron en el festival han sido o serán despedidos, pero muy pocos entonaran su cuota de mea culpa. Hay que explicar las historias enteras; Cebrián no enloqueció solo".

Eran tiempos en los que destacados redactores y colaboradores disfrazaban su afán de lucro como expresión de fidelidad y compromiso con la empresa. Anteponiendo la empresa al público entre todos acabaron con el negocio. Uno de los mejores periodistas de El País, Enric González, fue censurado por su propio medio al escribir ya hace tiempo que "en cualquier empresa, van a rebajar el sueldo a los obreros para financiar la ludopatía bursátil de los dueños". Tras cerrarle la columna, le enviaron a Oriente Medio... para quitárselo de en medio. Le homenajeamos hace tiempo aquí.

La cotización en Bolsa, la credibilidad de los mercados, se logró a costa de la credibilidad pública. El medio de comunicación se convertía en un fin en sí mismo. Así labró y aceleró su final anunciado. El servilismo a lo establecido, la precarización de los trabajadores, el desprecio a una audiencia manifestado en contenidos rutinarios y previsibles acabaron por degradar un medio responsable de la alfabetización política (no la única, por fortuna) de quien escribe y de muchos españoles. Pero en palabras del creador de The Wire y en referencia a su propio periódico, tras abandonarlo: "¿quién iba a seguir comprando semejante mierda?" Máxime si hacía tiempo era gratis en la Red. La calidad desplazada por la cantidad de pasta. CNN+ resultaba incompatible con el Canal 24horas de Gran Hermano (ahora Divinity). Enric González también era incompatible con Rosa Montero (por señalar a alguien). Y El País con The Huffington Post.

La comparación con la crisis económica es evidente. Otro lector del artículo de Pere Rousiñol le señalaba esta otra:

"También podría analizarse la decadencia del País haciendo una analogía con el Partido Socialista Obrero Español. Su tibieza ideológica, su torticera línea editorial (como cuando acusaron de terrorista al Che, ver http://elpais.com/diario/2007/10/10/opinion/1191967202_850215.html), su elección como muñecos de pim pam pum de líderes populares que al menos encarnan algun atisbo de esperanza para los desposeídos (mismamente la cobertura de la elecciones venezolanas de este fin de semana), el tener como colaboradores durante 20 años a plumillas como Herman Terstch (buscar en google), el mantener reuniones secretas con personal de la embajada americana en Madrid para "modular" discursos (ver cable de Wikileaks ID: 153230), y un largo y tedioso éctera. Pues de aquellos barros estos lodos."

Nadie compra insultos a sus valores y menos a su inteligencia. Cebrián pudo sufragarse un sillón de la Real Academia de la Lengua y las tiradas de la basura que publicó como intelectual insigne. Pero la dignidad de los trabajadores y la fidelidad del público no están en venta.

2 comentarios:

VSB dijo...

Más, diez reflexiones más:

http://1001medios.es/blog/2012/10/08/diez-articulos-sobre-juan-luis-cebrian-y-la-crisis-en-el-pais/

VSB dijo...

Enric González:
El nacimiento de mi hija fue complicado. Clara y Lola, su madre, tuvieron que permanecer un cierto tiempo en la unidad de cuidados intensivos de la Clínica Dexeus. Resultó que la Seguridad Social sólo cubría el parto y el resto me correspondía a mí. La factura ascendió a 12 millones de pesetas, lo que entonces costaba un piso. Me era imposible pagar. El diario El País, que entonces dirigía Juan Luis Cebrián, se hizo cargo del asunto. El mismo diario, con el mismo director, me pagó cursos en Esade y me procuró una beca en Estados Unidos.

No quiero olvidar esas cosas.

Incluso teniéndolas presentes, ahora comparto la opinión universal sobre Cebrián. A mí también me causa horror y una cierta repulsión. Pero prefiero pensar que está enfermo y que la cura a su enfermedad no puede pagarse con dinero. No debe ser, como pensé hace unos años, un simple caso de ludopatía bursátil. Si fuera así, habría recuperado ya la lucidez. Dudo que lo suyo tenga remedio. Es una lástima.

Sigue: http://www.jotdown.es/2012/10/enric-gonzalez-con-todos-mis-respetos/

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