29 de diciembre de 2012

Intercambio de postales navideñas

Una amiga me envía este poema.
Su falta de pudor merece mi discreción.


Aquella navidad también se enviaron postales.

Del padre a la hija.

Duele reconocer mi derrota en la tuya,
repetirme en tu fracaso y
sangrar todavía por tus heridas.

De la hija al padre.

Me aterra reconocerme en tu derrota.
Anticipo mi fracaso viendo el tuyo.
Y, sí, la sangre fluye.
Pero no como promesa de una vida aún no concebida.
Ni como el precio de la aventura.

Mi penúltima sangre solo presagia muerte: el final de aquel tu primer derrame.

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