5 de febrero de 2013

Desobediencia, con D de Django

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Kay Ohlenschläger se marca otro post. “Llevo toda mi vida rodeado de rostros negros, y solo me he hecho una pregunta: ¿por qué no se alzan y matan a todos los blancos?”

Libertad a través de la desobediencia. Es la propuesta de `Django Desencadenado´, última película de Quentin Tarantino. Una obra maestra: un espejo en el que mirarse. 

La esclavitud no acabó con el imperio romano, ni con el español... ni con la hegemonía norteamericana y la china en ciernes. Tarantino dispara todo su arsenal contra ella, en un marco atemporal y mitificado. Da la vuelta al spaguetti-western en clave “blaxplotation”: protagonizado por un negro en 1858, a dos años del estallido de la guerra de secesión del Sur esclavista.

Al igual que en Malditos Bastardos, esta ficción histórica exalta la rebelión de las minorías perseguidas. Al contrario de lo que mantenía Noelle-Neumann (en su teoría de la espiral del silencio), los de abajo, aunque sean menos, no callan. Se rebelan y hacen avanzar la Historia; sí, con mayúsculas. En aquella película unos guerrilleros judíos, liderados por Aldo Raine (Brad Pitt), se dedicaban a “cazar nazis”. Les grababan en la frente el estigma público, condenándoles al miedo a las represalias y al ostracismo social. Justo lo que las mayorías hacen con las minorías en el modelo de la espiral del silencio.

“Cuando esto acabe, imagino que se quitará ese elegante uniforme de las SS, ¿verdad? Y no puedo tolerarlo. Preferimos a los nazis con uniforme, así los detectamos en un santiamén. Pero si te lo quitas nadie sabrá que eres un nazi, y eso no me parece bien. Así que voy a darte algo que no podrás quitarte.” Brad Pitt en persona se encarga de que no escape un solo nazi sin marcarle la esvástica en la frente. Les impide cambiar el uniforme por la vestimenta civil, “de chaqueta o de camisa” se decía de los franquistas travestidos en la Transición. “Voy a darte algo que no podrás quitarte”. Un principio al que el periodismo renunció: los pocos titulares sobre los crímenes cometidos en el pasado fueron eliminados por la censura y la amnesia (auto)impuesta en las redacciones.

Django cuenta la historia de un negro del sur que se rebela ante los valores imperantes. El esclavo consigue poner de rodillas a una sociedad racista y elitista. Encarna el `Espartaco negro´ (“uno entre diez mil”: precisamente la cantidad de esclavos que Espartaco levantó contra Roma). Su actitud invita a reflexionar sobre varios conceptos. Apartheid, poder y sumisión.

Las elites deben su estatus a la exclusión, al apartheid que, de un modo u otro, siempre practican. Los esclavistas reprimen a la gente de la que dependen. Quienes cocinaban, limpiaban, cuidaban, entretenían y  trabajaban en los amplios campos de algodón son tratados como seres de segunda condición y sin derechos. El nivel de estatus superior de los blancos dependía de la segregación, de la reclusión de los afroamericanos a los trabajos más penosos y la sumisión cotidiana.

La película también habla del poder de los muchos del que siempre dependerán los pocos, las élites. La minoría blanca desprecia y maneja a la mayoría negra, pero es latente (y no solo en el personaje principal) que, como diría Gamson, “la gente común no es tan pasiva ni tan tonta”. A través de Django y su compañero el doctor King Schultz (Christoph Waltz) los de abajo pueden indignarse, ser conscientes de su potencia de cambio y de una identidad común.

Todo esto conduce a las razones de la sumisión. Calvin Candie (Leonardo Di Caprio), dueño de una extensa plantación de algodón y de varias vidas, se pregunta en alto: “¿Por qué no se alzan y matan a todos los blancos?” Sería lo más lógico... incluso a ojos de un blanco.

Como en Malditos Bastardos, una pregunta flota en el ambiente: ¿cómo permitimos que ocurriera esto y, además, durante tanto tiempo? La cultura de la esclavitud se mantiene por la sumisión, la aceptación del orden establecido por parte de la población más perjudicada. “No hay nada peor que un negrero negro”, sentencia Django. Y Gramsci añade: “No hay dominación sin consentimiento.” ¿Le suena familiar?
 
Django apunta el problema de una manera directa, se enfrenta al discurso dominante (de los que dominan) y exhibe insumisión ante al sometimiento, despliega libertad frente a la esclavitud. En el tiroteo con los secuaces blancos de la finca, al ritmo de `Freedom´ (canción de Richie Havens), la escena se carga de un simbolismo bestial y atemporal: el levantamiento del hombre libre frente a la opresión.

La pregunta inicial todavía busca respuestas. Busca a quienes se atrevan a romper las cadenas y hacer resonar la libertad. Quizás te sirva también para reflexionar sobre el estado actual de esa `libertad´.
Todo gran cambio comienza con una pregunta.

PD1: En Django la D es muda, pero para ser libres la desobediencia no ha de proclamarse a los cuatro vientos.
PD2: Por si la traducción de estas ideas al contexto español se te escapa puedes inspirarte aquí:
 https://www.diagonalperiodico.net/cuerpo/caos-la-atencion-sin-papeles.html

3 comentarios:

Kay Levin Ohlenschläger dijo...

Quentin Tarantino comenta en esta entrevista (en inglés) su visión sobre la esclavitud en Django.
Mientras exalta el debate que esta película ha re-abierto sobre el "holocausto" a los negros en ese país, el periodista le insiste sobre la violencia... esta es la `respuesta´de Tarantino: "No soy tu esclavo, tú no eres mi dueño, y no voy a bailar para tu espectáculo."
http://www.youtube.com/watch?v=GrsJDy8VjZk (Minuto 4´29")

VSB dijo...

Otras palabras, sobre como un Django gandhiano, podría desatar un espagueti western con una violencia institucional mayor que la que filma Tarantino y con consecuencias políticas mucho más relevantes:

"Si quieres jugar a la no-violencia gandhiana más te vale entenderla bien (…). Porque la no-violencia no es sumisión sino confrontación y desobediencia continua sin el uso de la fuerza física (por parte del bando desobediente claro, los opresores sí que la usarán). No-violencia no es someterse al dictado del opresor sino desobedecerlo, sabotearlo y hacerlo inaplicable, preparándose claro está para ser reprimidos con toda la violencia institucional. No-violencia no es rendirse, abandonar la confrontación para ver si el opresor te deja un nicho en el que jugar a la revolución no revolucionaria, la democracia no participativa y la nación sin soberanía. La soberanía se ejerce de forma firme y continua o se renuncia. En resumen, se podría decir que la desobediencia civil requiere un nivel de lucha y de enfrentamiento similar a otros tipos de lucha. Y por lo tanto generando represión para poder aplacarla. Esto se traduce en nuevos presos, más violencia en las calles, tensionamiento social y muchos otros factores que van asociados al conflicto. La desobediencia civil no es un camino de rosas, sino que llevada a un alto nivel de energía puede tener consecuencias de un nivel de dureza cercana a otros tipos de lucha."
http://www.nodo50.org/tortuga/Ostias-y-desobediencia

VSB dijo...

Ejemplo de lo anterior: un pequeño grupo conocido por "Las Cinco de Sol" están acampadas desde la noche del 4 de febrero:
http://periodismohumano.com/en-conflicto/continuan-las-protestas-contra-la-corrupcion-y-por-la-dimision-del-gobierno-del-pp.html

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