6 de febrero de 2013

Por una huelga de la deuda

‘Strike Debt Manifesto’), lanzado por el movimiento #Occupy de EE.UU. 

Debemos transformar nuestro fracasado sistema económico que empobrece a millones de personas a la vez que destruye el ecosistema. Usemos tácticas de apoyo mutuo y planes de rescate ciudadano para salvar a las personas del endeudamiento |1|. Necesitamos redes y organizaciones vigorosas para una huelga de deuda. Por la abolición de la deuda existente, para reconstruir una sociedad justa donde nos debamos a nosotras mismas lazos de reciprocidad. El 99% se ve forzado a la deuda contraída por el pago de necesidades básicas como la educación, la vivienda y la sanidad, de la que el 1% se beneficia. Nos hemos dejado oprimir por encima de nuestras posibilidades. Somos una ciudadanía en quiebra de personas hipotecadas, docentes, estudiantes, familias. Pero no pagaremos porque no debemos. No debemos nada a los bancos. Nos debemos a nosotras mismas.

Los argumentos básicos para una huelga de deuda son los siguientes:
 
1. ‘YOU ARE NOT A LOAN’. NI ESTÁS SOLA NI TU VIDA ES UN PRÉSTAMO
 
La deuda no es personal, es política. Nos aisla, aterroriza y somete. El miedo a la insolvencia impide desafiar la deuda públicamente. El sistema de individualización de la deuda es inmoral. Es una forma de esclavitud. Se nos fuerza a pagar deudas infinitamente y se nos
avergüenza cuando no podemos afrontarlas. Hemos de vender el tiempo y el alma para conseguir trabajos que no queremos tan sólo para poder pagar los intereses al banco. Ahora que la deuda está descontrolada, ya hay quienes nos avergonzamos de endeudar a otros. A los profesionales de cualquier tipo se nos convierte en instrumentos para atraer más víctimas hacia los tiburones de la deuda. Una huelga de deuda es una huelga de miedo para superar la vergüenza y poner fin al aislamiento. Cuando hacemos huelga a la deuda lo hacemos juntas, creando la posibilidad de imaginarnos como colectividades no reductibles al cálculo numérico. No abdicamos de nuestras responsabilidades. Al contrario, ejercemos nuestro derecho a rechazar la injusticia.
 
2. VIVIMOS EN UNA SOCIEDAD DE LA DEUDA BAJO LA PRISIÓN DEL ENDEUDAMIENTO
 
Las cifras de endeudamiento estudiantil, bancarrotas familiares por deudas a la sanidad privada, desalojos por impago de hipotecas o alquileres… son escalofriantes en todo el mundo. Los intereses de las deudas por el uso de tarjetas de crédito generan ganancias astronómicas para los bancos. El endeudamiento permanente es la característica principal de las sociedades que vivimos bajo el neoliberalismo. El sistema represivo (cárcel, control policial, presión fronteriza), la segregación social (racial, cultural, sexual) y la servidumbre deudora se refuerzan recíprocamente. Este sistema está diseñado para desempoderar y dividir a las personas. La represión hasta el encarcelamiento por endeudamiento golpea a las de abajo pero nunca a los que arriba, que se benefician de nuestro sometimiento y son responsables de la agudización de la crisis y de las bancarrotas del sistema económico. Sus deudas las pagamos nosotras.
 
3. HAY UNA HUELGA DE DEUDA EN MARCHA
 
Algo sucede en nuestra sociedad de la deuda. Quienes estudian no alcanzan a pagar sus préstamos. Los débidos de tarjetas bancarias son irremontables. Los desalojos por impago de hipotecas o alquileres se extienden. Las personas empiezan a decidir que no pueden pagar sus deudas. Comienzan a actuar por necesidad y desesperación. Pero también por algo más. ¿Cómo lo podemos llamar? Rechazo. Huelga de deuda. Si el desempleo crece, los sindicatos siguen derrotados y aumenta la inseguridad laboral, puede que nuestro descontento no se pueda expresar sólo mediante huelgas laborales. Podemos además rehusar pagar. Construyamos un movimiento de deudores junto al movimiento obrero. Quienes no pueden hacer huelga laboral sí pueden construir redes de apoyo mutuo entre deudores, hasta abolir la deuda.
 
4. HACER HUELGA A LA DEUDA CONSISTE EN VIVIR UNA VIDA PROPIA EN LUGAR
DE OTRA BAJO PRÉSTAMO
 
Rechazamos hipotecar nuestras vidas. No aceptamos el cálculo impuesto sobre nuestras deudas. El cálculo según el cual ‘no nos podemos permitir’ sostener el sistema de bienestar en nuestras sociedades porque debemos pagar eternamenente a los bancos lo que supuestamente debemos y más. Ni siquiera conocemos cuánto consideran que debemos, qué debemos, en concepto de qué debemos. Debemos forzar auditorías sobre la socialización de las deudas privadas contraídas por la banca privada y las políticas públicas efectuadas a espaldas de la ciudadanía |2|. Cuestionemos el dominio del mercado sobre todos los aspectos de nuestra vida social y cultural. Abolamos la trayectoria de vida que comienza con la asunción de deudas incluso antes de nacer y finaliza con una contabilidad postmortem. Contra el capitalismo mafioso, construyamos un mundo social en el que nos tratemos como seres humanos que reconocen sus diferencias y rechazan el mito del crecimiento económico ilimitado que destruye la posibilidad futura de la vida sobre este planeta.
 
5. RECLAMAMOS LA ABOLICIÓN DE LA DEUDA Y UNA RECONSTRUCCIÓN ECONÓMICA Y SOCIAL
 
Se dice que es imposible abolir la deuda. ‘¡Hay que devolver lo adeudado!’. No si eres una corporación, un banco, una gran empresa de servicios o una nación con verdadera soberanía. Entendemos que el sistema de la deuda es el corazón del capitalismo financiero. Dicho sistema beneficia a los de arriba. La cuestión entonces no es ‘si’ la deuda se debe abolir, sino a quiénes no se debe pagar. Bancos, naciones estado y multinaciones han visto sus deudas ’reestructuradas’. Es decir, que el pueblo las pague. Se nos quiere someter a un pago continuo por deudas que no hemos contraido. Las deudas que se atribuyen al pueblo en cuyo nombre se tomaron ciertas decisiones sin consulta, deben ser abolidas. Entonces podremos empezar a reconstruir, transformando las condiciones que crean la espiral destructiva del endeudamiento personal. El dinero debe destinarse de inmediato a asegurar las condiciones básicas para la vida de todas las personas: vivienda, educación, salud y cuidados. Al contrario, en todo el mundo se usa la deuda para justificar el recorte de estos servicios. Entendemos que el endeudamiento ilegítimo de los gobiernos no deben pagarlo las personas con su bienestar. El problema no es que nuestras ciudades y países estén arruinados, sino que los servicios públicos están siendo esquilmados. El ‘Welfare State’ (estado del bienestar) se convierte en un ‘Debtfare State’ (estado de endeudamiento). Necesitamos un nuevo contrato social que sitúe el bienestar en el centro de nuestra organización social, que asegure derechos universales a través también de la ayuda mutua. La crisis no puede convertirse en endeudamientos personales de por vida.

Original inglés Traducción castellana adaptada por Marcelo Expósito.


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